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Gardel tiene quien lo recuerde

En el marco de los 20 años del Festival Internacional de Tango, la Alcaldía de Medellín impulsa la postulación del género a Patrimonio Cultural Inmaterial del Distrito. ¿Qué legado tiene este arte en la ciudad?

Laura Orrego

07 de junio de 2026 - 11:00 a. m.
El Festival Internacional de Tango de Medellín nació en 2006, ajustando su versión número 20 en 2026.
Foto: Alcaldía de Medellín
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Si se habla de Medellín y el tango, lo primero que se piensa es en la muerte de Gardel, pero el género tiene un arraigo más profundo en la ciudad. La música se escuchaba desde inicios del siglo XX, gracias a RCA Victor, la empresa que fabricaba discos dobles que traían un tango de un lado y un bambuco del otro, según explica María Fernanda Rodríguez, historiadora de la Universidad Nacional, quien ha investigado la construcción de los imaginarios tangueros en la ciudad.

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Por eso, cuando Carlos Gardel emprendió su gira latinoamericana, en 1935, tras rodar algunas películas con Paramount en Nueva York, Medellín era un destino seguro. Hoy la capital paisa busca que esa herencia tanguera se reconozca y se convierta en Patrimonio Inmaterial de la ciudad.

“Aquí vino a morir Gardel en llamaradas, y en ellas el nacimiento del mito, su voz prodigiosa al fondo, esa que escuchaba día y noche el barrio de Guayaquil en las madrugadas”, escribió Manuel Mejía Vallejo, autor de “Aire de tango”, en uno de los relatos del libro “Hojas de papel”. El 24 de junio de 1935, Gardel, uno de los íconos del género, murió en un accidente aéreo en el aeropuerto Olaya Herrera, lo que convirtió al corazón comercial y social de la ciudad, llamado Guayaquil, en centro de melodías y letras nostálgicas que hablaban de la pérdida, el desamor y el desarraigo. Así la ciudad hizo suyo ese género traído de otras tierras.

Noventa años después de aquel accidente, la Alcaldía de Medellín quiere darle a esa herencia un reconocimiento formal, en el marco de los 20 años del Festival Internacional de Tango, que en 2026 se celebrará del 8 al 14 de junio. La administración distrital está impulsando la postulación del tango a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del Distrito con la participación de bailarines, músicos e investigadores. “Se avanza en el proceso para que los saberes y las prácticas del tango sean incluidos en dicha lista”, explica el secretario de Cultura Ciudadana, Santiago Silva.

“Nos alegra mucho celebrar 20 años del Festival Internacional de Tango de la ciudad, además hacerlo de la mano de este proceso de declaratoria”, agregó Silva. El funcionario explica que el proceso nació tras la conformación, a finales de 2025, del Consejo Distrital de Patrimonio, que entre sus funciones evalúa las declaratorias de Patrimonio Inmaterial del Distrito, y que para este proyecto está impulsando la recolección de firmas de los ciudadanos de Medellín que respalden la solicitud, aclarando que “los interesados podrán firmar antes del miércoles 15 de julio”, a tráves de un QR compartido por la Secretaría de Cultura de Medellín, o de manera física en los eventos del festival. A la fecha ya se han conseguido un poco más de 1.500 firmas, afirmó el secretario.

“Una de las cosas fundamentales en este proceso de declaratoria es el reconocimiento de expresiones culturales que tienen arreglos territoriales y que tienen poblaciones, grupos, entidades o personas que dedican su vida cotidiana a esa expresión artística. El tango cumple con esas características”, señala Silva, quien enumera los territorios representativos para el tango en la ciudad: Manrique, el barrio tanguero de Medellín, donde se encuentra la Casa Gardeliana; el aeropuerto Olaya Herrera; la Plaza Gardel, donde se hace el festival, o el Salón Málaga, en el centro de Medellín, un establecimiento tradicional para escuchar tango.

Si la postulación es aceptada se activaría el Plan Especial de Salvaguardia para 2027, que es el mecanismo de protección que se establece para el Patrimonio Inmaterial.

Al día de hoy, en Medellín solo existe otro de carácter local: el de la cultura silletera, que es Patrimonio de la nación. El plan, que todavía está en construcción, contemplaría estímulos a la creación y la circulación, y la protección de espacios y eventos significativos para el género.

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Para Duque, lo que justifica la declaratoria es que el tango dejó hace mucho de ser una herencia de otro país: “Medellín no tuvo una recepción pasiva del género, sino que lo fue reinterpretando y adaptando a sus propias realidades”, explica.

La ciudad creó sus propios lugares, como la avenida Carlos Gardel, conocida como “la 45”, la Casa Gardeliana, el Café de Alaska, el Salón Málaga y sus propias formas de memoria, en la que el coleccionismo de discos, los programas radiales y los homenajes “son expresiones locales, pues cada persona tiene su propia manera de vivir el tango acá en la ciudad”.

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La historiadora Rodríguez añade que durante su investigación, visitantes argentinos como directores de música y artistas le manifestaron que sienten que el tango “se vive un poco más en Medellín”, y agrega que es una idea que aparece en “Aire de tango”, donde Mejía Vallejo sugiere que Gardel quizá no habría sido tan icónico de no haber muerto en la cima de su carrera justamente en la ciudad antioqueña.

Esa memoria todavía está viva en quienes crecieron con ella, por ejemplo Gloria Arismendy, habitante de la ciudad de 75 años, recuerda una Medellín sin discotecas. “Cuando uno pasaba por las cantinas, lo único que se escuchaba era tango. Eran heladerías y tenían unos pianos gigantes y hermosos donde tocaban tango”. Cuenta que en las casas acomodadas de la década de los 60 había vitrolas para poner los discos, aunque en la suya no había. Todavía hoy, menciona, va donde su hermana a escuchar tango, porque “allá hay una colección gigante”.

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Por su parte, Carolina Molina, de 22 años, compite como bailarina en el Festival de Tango desde niña, y para ella que llegue junio es sinónimo de tango: “Siempre uno sabe que en junio llega el festival y que se viene la adrenalina”. El campeonato, explica, tiene varias categorías: tango escenario, tango salón, grupos coreográficos, milonga salón, y se vive por etapas, de las eliminatorias a la final. “A uno le gusta sufrir”, dice entre risas, porque asegura que la adrenalina de competir también ayuda a subir el nivel para el siguiente festival.

Esa vigencia generacional es, para Duque, lo que mantiene al tango lejos de ser una pieza de museo. Resalta que la Red de Escuelas de Música de Medellín tiene una escuela pública de tango donde personas de todas las edades estudian canto e instrumentos típicos, muchos de ellos también participan en el festival. Además, surgen orquestas nuevas y hasta conciertos que mezclan el rock con las melodías del arrabal. “No es una música centrada únicamente en gente mayor, en la ciudad el género abarca varias generaciones”, afirma Duque.

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La historiadora, no obstante, advierte que aunque son más las ventajas, la declaratoria podría traer también riesgos. Reconocer oficialmente la tradición ayuda a proteger espacios históricos, archivos y colecciones, y facilita la investigación y la divulgación, pero el reconocimiento, afirma, debe manejarse desde un turismo cultural y comunitario, no masivo, para evitar que más barrios de la ciudad, como Manrique, sufran procesos de turistificación y que el género se elitice.

“Parte de la belleza del tango es que es para todos, desde los salones de baile más elegantes hasta el arrabal. Cuando el tango se vuelva patrimonio de la ciudad, tiene que seguir siendo para todos”, concluye Duque.

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La apuesta que se está gestando en el Festival Internacional de Tango de Medellín en sus 20 años es que un género llegado de otra orilla, que Medellín adoptó hace más de un siglo, reforzado por una tragedia aérea, no se convierta en una postal para turistas, sino que siga sonando en las cantinas, en las academias y en las casas paisas para que desde los niños hasta los adultos mayores puedan seguir escuchándolo como la voz que, según Mejía Vallejo, el barrio de Guayaquil escuchaba sin descanso.

Por Laura Orrego

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