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Medellín pide respeto por la niñez

Abuso sexual, venta de alucinógenos y trabajo sin remuneración son algunos de los flagelos que más atentan contra los infantes en la capital antioqueña. Autoridades dicen que iniciaron acciones. Los niños se movilizan.

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Mary Luz Avendaño/ Especial para El Espectador
08 de octubre de 2008 - 10:07 p. m.
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El drama por el irrespeto a los derechos de la población infantil no da tregua en Medellín. Según cifras oficiales, cerca de 4.200 niños y niñas de cero a 16 años habitan en las calles de la capital antioqueña, y muchos más, incluso viviendo en sus hogares, padecen toda suerte de vejámenes: son abusados sexualmente, utilizados para la venta de alucinógenos y obligados a trabajar sin remuneración.

Debido al ejercicio de la prostitución o a las violaciones a las que son sometidos, muchos pequeños padecen enfermedades venéreas y tres son portadores de VIH, según un estudio de la Facultad Nacional de Salud Pública de la  Universidad de Antioquia.

Cada vez inician su vida sexual más temprano. Hay pequeños de ocho años prostituyéndose en el centro de la ciudad. Por lo menos siete sitios son identificados por las autoridades y algunos establecimientos comerciales facilitan esta práctica, ayudados por taxistas que se encargan de contactarlos con sus clientes. Una realidad que parece desbordar la respuesta de las autoridades.

La preocupación por las violaciones a los derechos de los niños, que según las estadísticas afectan en un 70% a los hombres, ha desatado distintos tipos de manifestaciones, como la que esta semana movilizó a centenares de niños por las principales calles de la capital paisa en busca de un compromiso de los adultos por el respeto a sus derechos.

Entre la multitud que partió de la estación Prado del Metro, estaba Juliana*, una jovencita de 17 años, quien durante siete vivió en la calle. Cuando tenía nueve años se escapó de su casa en el municipio de El Carmen de Viboral, oriente de Antioquia. “Mis tíos abusaban sexualmente de mí. Entonces me escapé y me vine a vivir en la calle”, relata Juliana*.

Esta menor conoció las drogas en las calles de la capital antioqueña. Consumió pepas, pegante, marihuana, bazuco, toda clase de sustancias. Terminó vendiendo su cuerpo. “Me tocaba prostituirme para conseguir la comida o la droga, no tenía nada más para hacer”, cuenta la jovencita.


Pero en la calle también fue víctima de aquello que la obligó a salir de su casa: las violaciones.

“Una vez un señor me dijo que tuviéramos sexo, yo me fui con él porque ése era mi trabajo. Me violó, no usó preservativo y no me pagó”, recuerda con tristeza.

Durante siete años soportó no sólo estas situaciones, sino el maltrato a manos de delincuentes, ex miembros de las ya desaparecidas cooperativas de seguridad Convivir y la misma Policía. Hasta los 16 años estuvo en la calle, cuando una de las tantas fundaciones que trabajan por los niños en situación de calle la acogió. Hoy vive allí y estudia tecnología en educación infantil.

En medio de su tragedia corrió con suerte. Pero aún miles de niños padecen su situación.

“Algunos de estos niños viven en la calle, otros tienen casa pero pasan la mayor parte del tiempo en las vías trabajando o buscando el sustento para sus hogares. Todos son vulnerables a los abusos. Cada día recibimos denuncias al respecto”, dijo el concejal Luis Bernardo Vélez.

Entre las denuncias conocidas por el Concejo y la Personería están las agresiones físicas, las violaciones, la utilización para la venta de alucinógenos y el desplazamiento. Pero más grave aún que los abusos es la poca judicialización de los responsables. Estos hechos están prácticamente en la impunidad. Hay poco nivel de denuncia, es cierto, pero ni siquiera en los casos reportados hay aún asomo de justicia.

Por Mary Luz Avendaño/ Especial para El Espectador

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