
La franja de tierra desprendida por el deslizamiento atraviesa la ladera entre Bello y Medellín, rodeada por las viviendas del asentamiento de Granizal.
Foto: Alcaldía de Bello
Un año después del deslizamiento que dejó más de 28 muertos en la vereda Granizal, las familias de este asentamiento del nororiente del Valle de Aburrá ahora deben esperar carros que les lleven bidones de agua. Viven al lado de la zona que fue declarada campo santo, a la espera de soluciones que les garanticen un techo definitivo.
En el barranco que dejó el deslizamiento se ven las columnas de algunas casas derribadas por el alud, las estructuras que se están construyendo para proteger la zona crítica, tubos del servicio de agua que no llegan...
Por Laura Orrego
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