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Cuatro generaciones de criminales han azotado a Medellín desde los años 80, dejando a su paso una huella de sangre y dolor que permanece fresca entre todos sus habitantes. Madres, abuelos, hijos y nietos. Todo el mundo en la segunda ciudad de Colombia tiene alguna historia que contar relacionada con la violencia. Las autoridades trabajan en estrategias para acabar con el problema, pero no ha sido fácil.
El tema lo lidera el coronel Luis Eduardo Martínez Guzmán, comandante de la Policía Metropolitana de Medellín, quien en diálogo con El Espectador arremetió contra el actual sistema penal al cual calificó de “laxo, paquidérmico y garantista”. En su concepto, éste les impide capturar a todos los delincuentes. El uniformado revela además que las bandas tienen extorsionado al comercio, el transporte y las familias en general y detalla cómo opera la red criminal que manejan Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, y Érick Vargas, alias Sebastián (ver infografía). También propone un grupo especial conformado por jueces, fiscales y policía para atacarla.
Hubo 25 homicidios la semana pasada y 31 la antepasada, según la Alcaldía. ¿Cómo están las cosas en Medellín?
Vienen mejorando desde julio, pues están bajando los homicidios desde ese mes con respecto al mismo período del año pasado. Por ejemplo, en julio de 2009 se presentaron 290, contra 267 en 2010. En agosto fueron 303 contra 247. Y en septiembre, a la fecha, llevamos 159 contra 235 el año pasado. Hemos identificado el problema y sus causantes. Se trata de la cuarta generación en la problemática que ha vivido Medellín.
¿Cuáles fueron las otras generaciones?
La violencia ha sido la misma, sólo que ha cambiado de jefes. Primero fue Pablo Escobar, quien metió a los muchachos de las comunas en su cultura de ilegalidad. Creó unas bandas que aún hoy siguen activas. Los segundos fueron los Moncada Galeano, a quienes Escobar asesinó. Fue una generación corta. Luego subió Don Berna, el brazo derecho de los Moncada. Los dos grandes bloques entonces eran el Metro y el Cacique Nutibara. La Ley de Justicia y Paz no impidió que siguieran dominando. Cuando el Gobierno decidió extraditar a los jefes ‘paras’, la Oficina se reacomoda. Valenciano se cree con el derecho de tomar el poder, pero Sebastián le reclama por ni siquiera ser paisa. Detrás de éste está alias Beto, su mentor.
¿Las estrategias contra ellos sí han dado resultados?
Hemos empezado a atacarlos, a sacar volantes con recompensas. Los hemos puesto a correr. Tenemos una ventaja: conocemos absolutamente todos los bandidos de Medellín, sabemos dónde están.
¿Por qué no los capturan entonces?
La Policía no tiene facultad para meter en la cárcel a nadie. Con un sistema penal colombiano tan laxo, tan paquidérmico, tan garantista… esto requiere sistemas judiciales más contundentes. No es violar los derechos humanos, pero hay que allanarlos, hostigarlos, perseguirlos. Mire que Sebastián ni siquiera tiene orden de captura y sacar la de Valenciano fue un lío, hace apenas dos meses. Por eso proponemos un grupo especial de fiscales, jueces y policías para atacar la problemática.
¿Dónde están ‘Valenciano’ y ‘Sebastián’?
No develo sitios, pero sabemos cómo se mueven y que están en Colombia.
¿Cómo funciona su red criminal?
Tienen 21 organizaciones integradas al narcotráfico. Ocho al mando de Valenciano y 13 al mando de Sebastián. Hemos capturado a muchos jefes y los tenemos corriendo base. De las organizaciones se desprenden los combos y cada combo tiene unas bandas. Unas dedicadas al fleteo, otras al robo de vehículos, otras al sicariato y así. ‘Los Mondongueros’, por ejemplo, son en este momento lo más criminal de la ciudad. Están también en la costa, donde se conocen como ‘Los Paisas’.
¿Qué otros delitos cometen?
Las rentas criminales. Absolutamente todo el mundo está vacunado por estas organizaciones. El transporte, el comercio, las viviendas.
¿Jóvenes de qué edades?
Los más pequeños empiezan entre los 10 y los 12. Son como perros celosos y no permiten que entren en su territorio. En la Comuna 13, cuando se registró que hubo unos supuestos enfrentamientos, nos encontramos con algo que nunca se había visto: intentamos subir al oír los disparos, pero nos detuvo una turba de niños, mujeres, viejitos, que no querían que les capturaran a sus familiares.
¿Qué resultados han logrado por ahora?
Hemos metido a la cárcel a 283 integrantes de combos condenados por homicidio; la pena menor es de 25 años.