Tumaco (Nariño) está en emergencia humanitaria por la llegada de casi 4.000 desplazados a su casco urbano, luego de que se presentaran combates (desde diciembre de 2019) entre grupos irregulares en la cuenca del río Chagüí, zona rural de ese municipio. La situación es tan crítica, que la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana advirtiendo que hay más de 500 familias confinadas en el afluente y que para esas personas el riesgo es “alto” por las confrontaciones entre los armados. De 29 veredas que componen esa cuenca, 26 están en riesgo.
Pero la violencia no solo ha llegado de la mano de grupos armados irregulares, sino también por cuenta de las necesidades básicas insatisfechas durante décadas que han padecido sus habitantes. Así lo señaló Duván Mosquera, presidente del Consejo Comunitario Unión del Río Chagüí, quien dijo que desde 2005 ese afluente se ha ido despoblando tanto por la violencia armada como por el abandono estatal. Aseguró que a pesar de que el presidente Iván Duque fue el 16 de enero a Tumaco (en compañía del embajador de EE. UU. en Colombia), no escuchó a los desplazados y que la situación que están viviendo es inhumana. El consejero presidencial para la Seguridad Nacional, Rafael Guarín, dijo que el primer mandatario “le dio toda la importancia al tema”. Además anunció que buscarán incluir al río Chagüí dentro de la Zona Futuro del Pacífico nariñense para priorizar inversiones sociales.
¿Qué pasó después del 20 de diciembre?Ese día salió un gran número de familias de la parte alta del río; unos se desplazaron hacia Tumaco y otros hacia Cali. El 8 de enero empezaron nuevamente los combates, ya no en la parte alta, sino que se extendieron por otras veredas del río Chagüí, como Parazanga, Las Brisas, Calabazal, La Ceiba, Honda, San Pedro y Palambí.
¿Los combates fueron muy cerca de donde estaban los habitantes?Sí. Se han estado generando al lado o en la parte de arriba de las comunidades, muy cerca. En algunas veredas han caído balas, a la gente le ha tocado tirarse al piso para proteger sus vidas. Algunos se han generado muy cerca de la comunidad. Algunas personas salieron sin ropa, tenemos casos de personas enfermas, tenemos a una señora que anda con ocho nietos...
¿Cómo están atendidos?Destaco la solidaridad de muchos tumaqueños y 200 kits que se recibieron por parte de la administración municipal. En este momento muchas familias nos tomamos un colegio, pero por el aguacero del domingo algunas están un poco delicadas de salud por el frío; algunos niños, por las picaduras de zancudos. No tenemos colchonetas ni sábanas, estamos durmiendo en el suelo. No tenemos carne para nuestra alimentación. La situación que se está viviendo es inhumana y tenemos familias que se desplazaron el 15 de enero y no están siendo atendidas. No ha habido una respuesta efectiva, solo palabrerías.
¿Antes de 2019 fueron afectados por el conflicto armado?Sí, mucho antes. En nuestro territorio hace aproximadamente 20 años hay presencia de grupos al margen de la ley, y esa ha sido una de las razones por las cuales desde hace algún tiempo se había desplazado gente, pero nunca de manera masiva como ha sucedido en estos días. La gente no solo se ha desplazado por el conflicto que hay dentro del territorio, sino también por el abandono.
En la práctica, ¿cómo se hace evidente ese abandono estatal del que ustedes hablan?Tenemos muchas veredas donde no hay escuelas. Solo en cuatro de las 29 veredas hay centros de salud y no tienen médico ni están dotados. En ninguna de las 29 veredas hay acueducto ni alcantarillado. Solo en cuatro veredas hay muelles, la gente viene de la finca y no tiene un lugar por dónde subir lo que cosecha. No tenemos puentes que conecten las veredas. Chagüí es productor de cacao y en pleno siglo XXI no contamos ni siquiera con una secadora. A veces a la gente se le dificulta secar el producto para salir a venderlo hasta Tumaco y todo eso ha generado que muchas familias se desobliguen de la siembra y el cultivo de cacao.
¿Han optado por la coca?Afortunadamente los cultivos de cacao siguen, pero están sin trabajar y las familias los dejaron y empezaron a sembrar coca, porque esa la compran en la finca. Además, para sembrarla el comprador les da la plata.
¿Cuántas familias siembran coca?En el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) hay 2.262 familias y tenemos muchas que se quedaron por fuera del programa. Más de 3.000 familias cultivan coca.
¿Cómo les fue con el PNIS?Han hecho tres pagos a las comunidades. Hay unos acuerdos que se han ido saltando, hasta el momento no tenemos definido el operador de la parte productiva, tampoco nos han dado $1’800.000 de seguridad alimentaria y hay un vacío grande en ese programa. El Gobierno no nos responde de manera concreta y explícita si el programa se va a cumplir como está en los acuerdos o es que se van a saltar los Acuerdos de La Habana, como lo han venido haciendo.
¿Ha habido incumplimientos?Sí. Una vez se tardaron más de cinco meses para pagar. En este momento deberían haberles pagado a las familias, pero dicen que van a programar los pagos para febrero. Hemos pedido que con toda esta situación que se está viviendo en el río una de las mejores cosas que nos puede pasar es que a nuestras familias les hagan lo más pronto posible el pago. Lo único que nos han dicho es que los pagos están posiblemente para febrero. Tendrían que ser el 15 o el 20 de este mes.
¿Cuáles son las veredas sin escuela?La Chorrera, Limones, Negritos, Alto Palmarrial, Salisbí, Bocas de Salisbí, Pilbi, Calabazal, La Cieba, Llanoví y Chapil. En Palay y San Pedro hay unas escuelas, pero están en abandono por falta de docentes.
¿Qué hacen los niños en las veredas sin escuelas?Muchos de ellos no pueden estudiar, a otros toca desplazarlos desde lejos hasta la escuelita que está pasando tres o cuatro veredas y a otros desde muy temprano se les lleva a la finca a enseñarles cómo deben trabajar para que cuando estén grandes se mantengan del cacao o de la misma coca.
¿Desde qué edad?Desde los seis años.
¿Le han expuesto esa situación de abandono al Estado?Hasta hace algunos días para el Gobierno nosotros no existíamos, éramos desconocidos, porque nadie nos visibilizaba. A raíz de este desplazamiento masivo he tenido la oportunidad de conversar con algunos delegados del Gobierno. El presidente estuvo acá y a pesar de que le hicimos una manifestación, de que estuvimos más de 500 personas en el lugar donde estaba reunido, que fue en la Fuerza de Tarea Hércules, ni siquiera se dignó atender a los representantes del río Chagüí. El presidente estuvo acá y no habló con los líderes del territorio. Él no salió a atendernos, estaba atendiendo a unos empresarios, a su gente, pero no se dignó atendernos a nosotros cuando queríamos que nos escuchara, queríamos explicarle por qué estábamos en Tumaco, expresarle nuestras necesidades de que entrara a resolver con proyectos productivos, con infraestructura, pero él no nos escuchó y eso nos hizo sentir que nuestra problemática le interesa poco. Queremos reunirnos con él para que nos escuche.
¿Cómo fue ese despoblamiento antes de los enfrentamientos?La gente empezó a desplazarse del río más o menos en 2005 o 2006. En 2004 éramos aproximadamente 7.000 familias y eran 32 veredas. Después del desplazamiento desaparecieron cinco veredas, con el tiempo algunas familias volvieron y repoblaron dos veredas, pero hay unas que desaparecieron y nunca más volvieron a repoblarse. Ahora quedan unas 200 o 300 familias.
¿Qué piden para retornar?Seguridad, y que el Gobierno nos resuelva las necesidades básicas insatisfechas.