El interés del presidente alemán en la paz de Colombia

Así fue la conversación privada que sostuvo el jefe de Estado alemán, Frank-Walter Steinmeier, con las cabezas de la JEP, la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos y la Comisión de la Verdad.

El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en conversación con Patricia Linares, Luz Marina Monzón y el padre Francisco de Roux.Gustavo Torrijos

“Hace 15 días, en la cárcel de La Picota, hablaba con un muchacho que me dijo: ‘Yo maté a 32 personas. Yo entré al Ejército cuando tenía 17 años, era un campesino ignorante. Maté a exguerrilleros, maté personas porque los habíamos tomado prisioneros y el comandante me dijo mátelos. También hice falsos positivos. A mí el Estado colombiano me enseñó a matar’. Él fue victimario, pero en alguna medida también fue víctima”.

Esta breve historia y reflexión la narró ayer el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, a Frank-Walter Steinmeier, presidente de Alemania. Fue un ejemplo para explicarle, en medio de un conversatorio que se llevó a cabo el pasado martes con el jefe de Estado alemán y las otras entidades del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que la guerra en Colombia está llena de matices, que no ocurrió en una sola dirección y que no puede resolverse a partir de una selección efímera entre buenos y malos.

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La reunión con el padre de Roux, así como con Patricia Linares, presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y Luz Marina Monzón, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), fue una de las prioridades de Steinmeier en su corta visita de dos días. Fue un encuentro íntimo, una charla sentida que estuvo acompañada por no más de 30 personas y fotografías de la exposición El testigo, de Jesús Abad Colorado, que evidencian cómo fue la vida en medio de la guerra.

Como si fuese un periodista, y dejando claro en sus preguntas que es un gran conocedor del conflicto armado colombiano, el presidente alemán indagó por el trabajo que adelantan las entidades creadas después del Acuerdo de Paz. En el caso de la Comisión de la Verdad, se preocupó por saber cómo ha sido el trabajo de construcción de memoria, un tema en el que los alemanes tienen una gran experiencia.

De Roux le explicó que el esfuerzo ha estado encaminado a establecer la verdad histórica y humana que dictamine qué ocurrió durante el conflicto, a través del trabajo con las víctimas y los victimarios. El propósito de la Comisión, agregó el padre, es darles un rostro a las causas y las consecuencias de la guerra.

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Steinmeier siguió el conversatorio con una frase clave: “Establecer esta verdad repercute, sin duda, en el trabajo de la JEP”. Por eso le preguntó a Linares por los tiempos que tienen contemplados para los procesos y las sentencias. Para responder su inquietud, Linares explicó que, por ser una justicia restaurativa enfocada en la reparación de las víctimas, la jurisdicción no impone condenas, sino sanciones, más benignas que el sistema ordinario, a cambio de la verdad.

Linares agregó que la JEP “es un modelo inédito en el mundo” y que están trabajando a toda máquina para entregar los primeros resultados, como la apertura de los grandes cinco casos que ya abrió la Jurisdicción y la acogida de más de 11.000 comparecientes. Sin embargo, recordó que estos procesos también toman tiempo y que el promedio de los tribunales híbridos en otros países para las primeras condenas oscila entre cuatro y cinco años.

Otro aspecto importante que destacó Linares en el conversatorio fue la creación de la comisión étnica dentro de la JEP, en la que participan los pueblos indígenas, afrodescendientes y rom, con los que se adelantan procesos de consulta previa. Según Linares, “esa decisión es importante, porque existe una premisa que no podemos evadir: el impacto de la guerra ha sido diferencial”. Hoy, incluso, hay un intercambio de saberes con la jurisdicción indígena, reconocida por la Constitución, que siempre ha funcionado bajo la lógica de la justicia restaurativa.

La JEP también se ha preocupado por hacer una recolección completa de la información de las víctimas. De acuerdo con su presidenta, ahora está trabajando de la mano con las organizaciones de los pueblos étnicos para la creación de los informes, una tarea ardua, teniendo en cuenta que en algunos casos solo se les permite presentar informes orales. La magistrada aclaró que entre sus principales objetivos está “facilitar el camino a las miles de víctimas que buscan reparación y reconciliación”.

Pero la reconciliación y la reparación, intervino el presidente alemán, son más difíciles de alcanzar si las víctimas hoy desconocen el paradero de sus seres queridos. En eso estuvo de acuerdo Luz Marina Monzón, quien agregó que uno de los grandes aciertos del Acuerdo Final fue la creación de esta entidad, pues el Estado por fin se hizo cargo de una deuda histórica que tiene con las familias de los desaparecidos.

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Monzón señaló que esta labor cambiará el paradigma en la búsqueda de los desaparecidos, pues se apartará del proceso judicial y quedará inmersa en un contexto humanitario: “Queremos cambiar que el centro de la búsqueda de las personas dadas por desaparecidas deje de ser el delito y ahora se centre en la víctima”.

Para cerrar el conversatorio, Steinmeier resaltó que uno de los grandes desafíos del Sistema Integral es trabajar con personas que han sido al mismo tiempo víctimas y victimarios. De Roux, Monzón y Linares estuvieron de acuerdo con la afirmación, aunque destacaron que existen mecanismos que se están articulando entre las entidades para esclarecer esas verdades tan complejas. Pero aparte de este, las tres entidades tienen otro desafío enorme: trabajar para pegar los pedazos de una sociedad que continúa muy fragmentada. Bien lo dijo la presidenta de la JEP: “El país sigue metido en la lógica de la guerra y muchas veces al vecino se le mira como un potencial enemigo. Por eso hemos tenido que aguantar críticas y reclamos, pero lo estamos superando y somos conscientes del apoyo de grandes sectores del país y de la comunidad internacional”.

Un respaldo que el jefe de Estado alemán reiteró, argumentando que el trabajo del Sistema Integral será un ejemplo para el resto del mundo, sobre todo en los lugares donde hay conflictos similares.

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