Exiliados, una noche en Buenos Aires

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Escribí esta novela en el exilio. En la desolación de 29 días. Después de respirar el aire frío de un centro clandestino donde torturaron centenares de jóvenes y fusilaron otros cuántos. La escribí con hambre y sudor, metiéndome en la tragedia de un país que no era el mío pero que ahora es como si lo fuera.

¿Qué pasa si una pareja rota por la guerra se reencuentra treinta años después?, ¿qué pasa si en ese reencuentro las verdades de su militancia revolucionaria sale sin máscaras ni misericordia?, ¿puede existir el amor a pesar de las heridas sin sanar, del recuerdo, del dolor? Y, ¿no es acaso la tragedia de la guerra universal?, ¿no es acaso el dolor, la muerte, el exilio, el amor, realidades que traspasan las fronteras?

Había intentado escribir varias novelitas sobre la guerra de Colombia antes de esta, pero ninguna pude terminarla. Tal vez el dolor me era tan propio y cercano que después de ciertas páginas llegaba el bloqueo. Necesité huir de mi propia tragedia y meterme en otra para poder narrar con soltura lo que nos es común a todos a quienes la guerra nos ha tocado alguna vez: el dolor.

Entonces entré en la historia de Argentina, decidí ir hasta la última dictadura (1976-1983), y escuchar las historias de tantas personas que, como nuestra gente en Colombia vivió el horror de la desaparición, las torturas y el crimen del Estado. Encontré en ese país una historia similar a la nuestra. Y un día caminando sin rumbo por un excentro de torturas, hoy museo de la memoria en Buenos Aires, dos personajes gritaron dentro de mí narrando la intimidad de sus tragedias.

Porque eso es lo que sucede con quienes escribimos: los personajes suelen elegirnos como instrumentos para que sus historias se conozcan, las escuche el mundo. Quien escribe ha sido elegido para trabajar con la palabra, el fuego de los dioses. Así que escribí al dictado en 29 días lo que Paco y Claudia, los protagonistas de la historia, decidieron contarme de su reencuentro treinta años después de la última dictadura argentina. Después de que ella se exiliara en París y él decidiera olvidar todo, escondido en Buenos Aires.

Cuando terminé de exorcizarme, guardé la obra en una gaveta roñosa de mi escritorio. Allí la sepulté. La olvidé como quien entierra su pasado y me puse a trabajar en otros proyectos, a escribir en este diario sobre la guerra, por ejemplo. A dar clases y avanzar en mis investigaciones académicas. Pero al cabo de un tiempo, escuchaba golpes que hacían saltar la mesa y los libros. Decidí dejarla salir, darle un par de lecturas y correcciones y mirar qué pasaba con esa cosa extraña que brillaba cual piedra refulgente en el cajón. Porque los libros, al fin de cuentas son eso; artefactos que se lanzan al vacío oscuro del universo.

Tuvo suerte la obra de que alguien se interesara en atajarla. Tuvo suerte de que un proyecto que viene apostándole a la paz de Colombia desde la literatura como Escarabajo Editorial la premiara y decidiera publicarla. Tuvo suerte (porque cuando los libros vuelan ya no son de uno) de que se junte con otros esfuerzos por narrar la guerra de un continente que también es nuestro. No podemos olvidar que en la última dictadura argentina murieron colombianos, y que Claudia, la protagonista vivió en este país extraño y tropical del cual somos parte.

Exiliados, Una Noche en Buenos Aires es una novela sobre nuestra guerra narrada en otra tragedia, que no nos es ajena. Una novela sobre el exilio escrita por un exiliado colombiano. Una forma novedosa (¿por qué no?), de contarnos la maldita guerra que aún nos tiene postrados. Un grito desesperado en el desierto amarillo de la indiferencia. Una búsqueda por escapar en el naufragio de los libros. Pronto se publicará en Colombia.

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