La desaparición que no apagó la voz de Fanny de la Rosa

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Busca a dos hermanos y a un primo que fueron raptados en el barrio La Chinita de Apartadó (Antioquia), hace 25 años. Su caso está en manos de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.

A Fanny de la Rosa se le quiebra la voz cada vez que recuerda a sus tres familiares desaparecidos. No importa si ya transcurrieron 25 años desde la última vez que los vio o si durante este tiempo no ha obtenido respuestas. A ella la doblega la incertidumbre de no conocer la suerte de sus dos hermanos y de su primo, pero su fe para encontrarlos sigue intacta.

Tenía la misma voz trémula en diciembre pasado, cuando frente a un centenar de personas tomó el micrófono y le pidió a la sociedad que no olvidara a quienes fueron arrancados de su entorno sin razón alguna. Y fue más allá. A quienes justifican la desaparición, cuestionan su búsqueda o le dicen que desista, les hizo un llamado a la sensatez en medio de un dolor inocultable: “Todas las personas desaparecidas merecen ser buscadas”.

(En imágenes: Las galerías a la memoria de los desaparecidos)

Los alientos para hablar se los dio en ese instante la Red de Mujeres Tejedoras por la Memoria de Sincelejo, el colectivo de familiares al que pertenece. Ellas la respaldaban con un telar que tenía bordados los caminos y las montañas que han transitado. En ese telar los familiares que son buscados encarnan unos pollitos y ellas, las gallinas que no dejan de buscar. Ese día presentaron una serie de cortometrajes que hicieron de la mano de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para reconocer las experiencias que han acumulado en su andar.

Hoy, durante una nueva conmemoración de la semana del Detenido-Desaparecido, Fanny de la Rosa hace cuentas. Hace exactamente 25 años, en mayo de 1995, se llevaron a sus hermanos, Néstor y Ricardo Enrique de la Rosa, y a su primo Edgardo Roldán Garay. Dejó de tener noticias de ellos el 5 de mayo, cuando salieron de Sincelejo rumbo a Montería y de allí a Apartadó, en el Urabá antioqueño. El 20 de ese mes Fanny recibió una llamada en la que le dijeron que sus familiares fueron raptados en una calle de La Chinita, el mismo barrio en donde un año y medio antes, en enero de 1994, fue perpetrada una masacre a manos de las Farc que dejó 35 muertos.

En ese tiempo los hermanos De la Rosa y Edgardo tenían en Sincelejo una microempresa de ventas de arequipe llamada La Valluna. Con ayuda de Fanny, preparaban los alimentos y recorrían pueblos, caseríos y ciudades, en donde tocaban las puertas para vender los productos. En algunas ocasiones, cuando realizaban periplos más largos, preparaban una mayor cantidad de arequipes y les pagaban a otras personas para que trabajaran con ellos.

(Video: ¿Cómo se identifica a una persona dada por desaparecida?)

En el momento de su desaparición, los hermanos De la Rosa, su primo y dos jóvenes que los apoyaban en las ventas fueron interceptados, de un momento a otro, por una camioneta que les cerró el paso. Los ocupantes del vehículo los obligaron a subir y ellos opusieron resistencia. Solo lograron escapar los jóvenes que trabajaban con ellos, mientras que a Néstor, Ricardo y Edgardo se los llevaron sin dejar rastro.

Esa fue la información que recibió la familia De la Rosa por medio de llamadas anónimas. Les dijeron también que quienes los raptaron eran agentes del antiguo DAS, entre las cuales había mujeres. Pueden (o no) ser rumores. Eso aumenta su incertidumbre en su lucha por acercarse a la verdad.

Búsqueda en medio de amenazas

Las dudas, las preguntas y el dolor llevaron a Fanny, a su mamá y a sus hermanas a emprender la búsqueda. Intentaron hablar con los jóvenes que escaparon (también hermanos), pero la mamá de ellos les dijo “que no iba a permitir que metieran a sus hijos en problemas”.

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En un primer viaje al Urabá en busca de respuestas cuentan que recibieron el silencio de instituciones como la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo o la Iglesia. Siguieron indagando en las calles de Apartadó, pero la situación fue tan tensa que las preguntas derivaron en amenazas que las obligaron a esconderse y a regresar a Sincelejo.

La situación se complicó aún más en el segundo viaje. Al advertir que la familia de Néstor, Ricardo y Edgardo hicieron nuevas preguntas en Apartadó, volvieron las amenazas. Se vieron obligadas a esconderse incluso bajo las camas y les llegaron noticias según las cuales habían sido asesinadas personas que podrían tener información sobre sus familiares. No tuvieron otra salida que regresar a casa.

En Sincelejo le dijeron a Fanny, entonces con siete meses de embarazo, que “no moviera nada y dejara todo como estaba”. “Incluso llegaban a la casa y decían: ‘Muéstreme dónde era que ellos fabricaban el arequipe’ y les mostrábamos los calderos”. Ella está segura de que el miedo que vivió en ese momento hizo que su hijo naciera enfermo.

Fanny y sus hermanas, a pesar de todo, no han dejado de buscarlos. Los buscan con las muestras audiovisuales que construyeron, con los telares que siguen confeccionando o con los plantones que hacen cada mes. También los buscan en el silencio, cuando recuerdan su piel trigueña o su pelo crespo.

Para ellas, que han pasado más de media vida en busca de respuestas, su esperanza está en la Unidad de Búsqueda, cuyo mandato es establecer la suerte y el paradero de las personas desaparecidas del conflicto armado sin juzgar, sin establecer responsabilidades a quienes proporcionan información y garantizando la confidencialidad. Estos incentivos, dice, pueden finalmente tejer el camino hacia la verdad de lo ocurrido con Néstor, Ricardo y Edgardo.

Pero, como lo ha clamado la Red de Mujeres Tejedoras por la Memoria, Fanny hace un llamado a quienes no han vivido el drama de la desaparición para que se sumen a la búsqueda. “Esperamos la solidaridad de toda la sociedad ante la ausencia, los engaños, la soledad, la tristeza y el abandono que hemos sentido y que, justamente, han sido motivos para nuestra lucha”.

Dice no apagará su voz, porque, así encuentre a sus familiares, tiene la convicción de que acompañará a otras personas en el camino en busca de respuestas.

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