EN LA SEMANA DEL DETENIDO DESAPARECIDO

Las galerías a la memoria de los desaparecidos

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Todos los años, los familiares de víctimas de desaparición forzada salen a las calles, del 27 al 31 de mayo, para conmemorar la Semana Internacional del Detenido-Desaparecido. Con fotografías, carteles, flores y velas se toman la plaza pública para exigirle al Estado que debe encontrar a sus seres queridos.

Lo hacen desde 1984, pero solo con la Ley 1408 de 2010 se hizo obligatoria la conmemoración en honor a los cerca de 80 mil personas desaparecidas forzadamente, según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica. Aunque se estima que esa cifra puede ascender a 120 mil.

Sin embargo, este año por primera vez, por culpa de la pandemia causada por el nuevo coronavirus, los homenajes serán virtuales y en casa. Galerías, videos, charlas y discusiones por plataformas digitales han sido las salidas que estos familiares, la mayoría mujeres, han encontrado para recordar y sentirse acompañados.

En el caso del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), sus integrantes decidieron construir las Galerías de la Memoria. En una esquina de su hogar ubicaron los objetos que les recuerdan a sus seres queridos y su lucha por la verdad y la justicia.

Lucero Carmona, madre de Ómar Leonardo Triana Carmona, un joven de 26 años presentado ilegítimamente como baja en combate, mal llamado falso positivo, dice que ni siquiera la pandemia le arrebata su obligación de denunciar el asesinato de su hijo, hallado en una fosa común en Barbosa (Antioquia): “Así sea en medio de la pandemia, tenemos que seguir en la lucha. Nuestra voz no se apaga. Estos espacios son importantes, porque nos ayuda a sacar este dolor”. En su altar puso fotos, velas y el último peluche que le regaló Ómar el día de su cumpleaños.

Hasta ayer, al menos 50 víctimas enviaron sus fotos a la página del Movice. “La galería significa la memoria. Mientras los recordemos, nunca morirán. Siempre estarán vivos y presentes. La memoria es un escenario en disputa y nosotras las víctimas debemos buscar espacio y no permitirles a los victimarios que se apropien de ella”, agrega Luz Marina Hache, a quien el Estado le desapareció a su esposo, Eduardo Loffner Torres, exmiembro del M-19, en 1986. Hache asegura que este ejercicio muestra que el aislamiento no las calla y ha servido de reencuentro con esos familiares cuyo paradero desconocen hace décadas: “Nos ha permitido empezar a remembrar cosas, que por estar muy ocupados, dejamos de lado. En mi caso, mi hijo Camilo Andrés no conocía detalles de la vida de su papá. Ayudándome en la galería, se enteró de características de su padre que lo hicieron llorar". Ella puso una foto, un cuadro que hizo uno de sus hijos con pedazos de cerámica y objetos personales, como su letra, su libro favorito y su pasaporte. El Espectador visitó cinco de estos altares.

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