Luego de 18 años, abuela encontró a su nieto reclutado y desaparecido

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Deiby tenía 21 años cuando fue reclutado por un grupo paramilitar en Bucaramanga. Su cuerpo fue entregado a su familia por la Unidad de Búsqueda y la Fiscalía en Cúcuta.

“Tranquila, nonita, yo vuelvo en diciembre”, fueron las últimas palabras que le dijo Deiby a su abuela Fredis Pereira, quien le dio la bendición luego de pedirle que no se fuera. Él era un zapatero santandereano de 21 años, que estaba en la búsqueda de trabajo.

El 7 de septiembre de 2003, junto a otros tres jóvenes se subió a un carro rojo sin saber que serían reclutados por un grupo paramilitar. Desde ahí su familia dejó de tener alguna razón de él. Fredis, junto a una de las madres de los muchachos, fueron a los lugares donde les decían que estaban. “Lo busqué en todas partes, incluso, yo veía a un muchacho durmiendo en la calle y me agachaba a verle la cara a ver si era él”, relató.

Fue otro familiar, que también había sido reclutado, que dos años después le dijo que Deiby había fallecido a los tres meses de su desaparición en medio de un enfrentamiento armado en el Meta. En Norte de Santander, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, son 5.543 las personas desaparecidas por hechos relacionados al conflicto armado.

Las muestras genéticas que entregó la familia en 2013 fueron cotejadas por la Fiscalía con un cuerpo que se recuperó de un cementerio de Villavicencio, en el marco de las intervenciones de los cementerios de los Llanos Orientales impulsada por el Colectivo Orlando Fals Borda y el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímes de Estado (Movice). Así se confirmó que era Deiby.

El año pasado, en medio de la pandemia, la Fiscalía General de la Nación y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (UBPD) realizó los primeros acercamientos virtuales con la familia. Según Luz Marina Monzón, directora de la Unidad de Búsqueda, “desde su puesta en funcionamiento, en agosto de 2018, este mecanismo ha contribuido a aliviar el sufrimiento de las familias de más de cien personas desaparecidas, agilizando el proceso de entrega digna de sus seres queridos en departamentos como Meta, Caquetá, Guaviare, Cundinamarca y Chocó, en articulación y coordinación con otras instituciones involucradas en la búsqueda. Aún en medio de esta pandemia, la búsqueda no se detiene”.

Una ceremonia religiosa antecedió la inhumación del cuerpo en un osario de la ciudad de Cúcuta elegido por la familia. Junto a Fredis y su familia, otras dos familias recibieron el cuerpo de sus seres queridos desaparecidos. Uno de ellos falleció en 2004 en un presunto enfrentamiento armado en Cundinamarca. El segundo fue reclutado de manera forzada hace 37 años -siendo menor de edad- en el departamento de Norte de Santander por un grupo guerrillero.

Estas familias recibieron diversos apoyos de organizaciones como la Fundación Progresar, el Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH) y el acompañamiento psicosocial de la Unidad para las Víctimas (UARIV) durante la entrega digna.

Luego de casi dos décadas de incertidumbre, la abuela Fredis y dos familias más lograron saber qué pasó y dónde estaban sus seres queridos.

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