Se busca a la familia del cuerpo 36, un hombre desaparecido en Caquetá

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El cuerpo era el de un joven entre los 20 y 25 años, asesinado y desaparecido por el Frente Sur de los Andaquíes en las “escuelas de la muerte”, en Puerto Torres (Caquetá), en el 2002. La antropóloga forense Helka Quevedo, quien lo recuperó, ahora espera encontrar a la familia.

En el Bosque de Paz y Reconciliación, ubicado en la Reserva Forestal Thomas van der Hammen, en el norte de Bogotá, hay sembrados 36 árboles de cedro en honor a 36 hombres y mujeres desaparecidos en Puerto Torres, un corregimiento de Belén de los Andaquíes en Caquetá. Trece de ellos tienen una placa con el nombre de las personas que ya han podido ser identificadas. Los demás árboles continúan solo con un número inscrito, a la espera de una identidad.

Esos 36 cuerpos fueron exhumados por la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía entre 17 y el 26 de octubre de 2002. Para ese momento, el equipo del que hacía parte la antropóloga forense Helka Quevedo encontró 35 fosas individuales en un campo abierto en Puerto Torres. Tenían señales de torturas y estaban descuartizados. Fueron asesinados por paramilitares del Frente Sur de los Andaquíes entre 2001 y 2002.

Este frente hacía parte del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, al mando de Carlos Mario Jiménez, o “Macaco” y se instaló en Belén de los Andaquíes en 2001 para frenar la expansión de las Farc en plena Zona de Distensión y controlar la economía cocalera. A finales de ese año convirtieron a Puerto Torres en su base de operaciones.

Luego de exhumados, los 35 cuerpos fueron llevados al cementerio central de Belén de los Andaquíes. Hoy se han logrado identificar y entregar a las familias trece cuerpos. Sin embargo, el cuerpo 36 tiene una historia aparte.

El último día de la jornada de exhumación, cuando el comandante del Ejército que escoltaba a la comisión les dijo que se tenían que ir ya por la situación de seguridad, una habitante se le acercó a Helka y le comentó que en el patio de su casa habían enterrado a otra persona. A pesar de la premura por salir de ahí, ella y el equipo fueron a sacarlo del sitio. Sin decirle nada al comandante, Helka camufló la bolsa negra con los restos óseos como si fuera una de sus maletas y así se subió al helicóptero.

Las señales inscritas en el cuerpo dan cuenta de que era un joven entre los 20 y los 25 años, a quien le quitaron la cabeza, lo apuñalaron en la parte baja del estómago y le abrieron el pecho. Entre la ropa que recogieron en esa fosa había un par de medias y unos calzoncillos marca Pat Primo color gris con estampado.

El 28 de octubre, este cuerpo fue inhumado en el cementerio principal de Florencia, en un área donde enterraban a otras personas no identificadas o comúnmente llamadas “N.N”. Luego de 12 años, la Fiscalía retomó la búsqueda de este cuerpo en el sitio que mostraban los videos hechos por la comisión. Aunque hicieron al menos cinco exhumaciones, no pudo ser localizado. Con el paso del tiempo, el sitio fue designado para enterrar a cientos de menores de edad, así que el cuerpo 36 se refundió entre estas tumbas.

Sin embargo, el cuerpo fue encontrado el pasado 6 de febrero por el Grupo de Búsqueda, Identificación y Entrega de Personas Desaparecidas (Grube), de la Dirección de Justicia Transicional de la Fiscalía. Esta vez sí se pudo dar con la localización exacta del cuerpo luego de analizar un video hecho en 2002 por la comisión en la que señalan el lugar donde lo enterraron.

Vea: La “enfermedad” de la desaparición forzada en Colombia

“En el país hay más de 25.000 cuerpos, como el 36, perdidos en los cementerios, que son potencialmente desaparecidos y que hay que establecer si lo son en el marco del conflicto. La historia del cuerpo 36 es el reflejo de la historia de muchos colombianos. Además, este cuerpo creó solidaridad entre mucha gente, es como si fuera de muchas personas”, asegura Quevedo.

Luego de 19 años, Helka espera darle un nombre al árbol que ella misma sembró y adoptó hace seis años en el Bosque de Paz y Reconciliación. Lo que viene ahora es que la Fiscalía busque a la familia. “Este puede ser un llamado para que familias en Caquetá denuncien a sus desaparecidos y den sus muestras genéticas. Esta es una evidencia de que al cuerpo 36 no se lo tragó la tierra, de que a los desaparecidos sí es posible encontrarlos”, agrega.

¿Qué se sabe del cuerpo 36?

En el informe “Textos corporales de la crueldad”, publicado en 2014 por el Centro Nacional de Memoria Histórica, Helka y los demás investigadores documentaron el hallazgo de los 36 cuerpos y lo que llamaron “las escuelas de la muerte”: escenarios del terror que montaron los paramilitares del Frente Sur de los Andaquíes en la escuela Monseñor Gerardo Valencia Cano, la iglesia y la casa cural de Puerto Torres para enseñarles técnicas de tortura, desaparición forzada y asesinatos a los recién llegados a sus filas.

Ahí mismo quedó documentado que el joven que corresponde al cuerpo 36 fue retenido junto a un amigo en un bar de Belén de los Andaquíes por un paramilitar conocido como “el Zorro”. Era el jefe de Los Urbanos, quienes tenían la labor de retener gente que era señalada de ser guerrilleros para luego asesinarlos.

El paramilitar relató en Justicia y Paz que no tenía conocimiento en realidad de que los dos hombres fueran guerrilleros, que solo los eligió a partir de las “descripciones físicas que en su imaginario tenía de lo que podría ser un guerrillero”.

Ocurrió entre noviembre de 2001 y enero de 2002. Luego de sacarlos del bar, los llevaron en un carro que llamaban “la última lágrima”. Al bajarlos, al 36 lo apuñalaron en la parte baja del estómago. Lo mataron en el patio de la vivienda y usaron su cuerpo para tapar una trinchera.

Vea acá el documental “Cuerpo 36″:

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