#YoHagoPaz: Buscando a los desaparecidos a través del arte

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Un grupo de jóvenes de Antioquia conformaron el Colectivo RAM, con el objetivo de recordar y hacer homenaje, con obras de teatro y murales, a las personas desaparecidas por el conflicto. Ellos son los herederos de la búsqueda.

“Un, dos, tres, por ellos, por nosotros, por los desaparecidos”. Una joven interpreta sobre el escenario el papel de una mujer buscadora de los desaparecidos. Declama esta frase, recordando el juego de nuestra infancia, mientras encuentra a unos niños: un, dos, tres, por mi hermano, por mi abuela, por mi papá. En seguida trae una caja con objetos personales de quienes están ausentes. Cada uno coge el que le recuerda a su familiar, lo abraza y lo cuida. Así se animan entre todos a continuar con la búsqueda. Así les dicen a tantas familias que no están solas en esa lucha.

La memoria de quienes fueron desaparecidos años atrás permanece viva en el tiempo. El Colectivo RAM, un grupo de jóvenes entre los 12 y los 29 años, se ha encargado de mantenerla así a través de expresiones artísticas como la obra de teatro Cuando el río suena. Ya han hecho varias funciones en Pasto (Nariño), Medellín y otros municipios de Antioquia. Fue en este departamento donde nacieron todos. Unos crecieron en la Comuna 13 de la capital antioqueña, otros en la vereda La Esperanza, en el municipio de El Carmen de Viboral.

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En la siguiente escena aparecen los niños cantando: “Juguemos en el bosque mientras el lobo está, ¿en dónde está?”. Está detrás de ellos tratando de hacerles daño, de destruirlo todo, de desaparecerlos. “¿Por qué quiere hacernos daño?”, gritan, hasta que lo encuentran y entre todos lo detienen. De nuevo aparece la mujer buscadora y riega cartas por el piso. Cada persona recoge un mensaje, escrito por los habitantes de La Esperanza y la Comuna 13, dirigido a sus seres queridos desaparecidos por el conflicto armado.

“No están perdidos porque siguen vigentes para nosotros”, explica Alejandra Vargas, una de las integrantes del Colectivo RAM. Tiene 19 años y está estudiando trabajo social en la Universidad de Antioquia. Creció en la vereda La Esperanza, un escenario de la vida real donde hace 23 años integrantes de las Autodefensas del Magdalena Medio entraron y sacaron de sus casas a 12 personas que acusaron de ser colaboradoras de las guerrillas. Entre ellos estaba un bebé que en esa época tenía dos meses de nacido. Después de tanto tiempo todavía no hay rastro de ellos.

Las desapariciones forzadas, asesinatos y desplazamientos continuaron por varios años más, no solo por paramilitares en complicidad con miembros del Ejército, sino también por la guerrilla de las Farc. Los habitantes de esta vereda estiman que hay alrededor de 25 personas que no aparecen.

“Álvaro Albeiro Vargas, mi papá, fue secuestrado en el 2001 por el frente noveno de las Farc y hasta el momento es una persona desaparecida. Era un vendedor informal, se dedicaba a la venta de comestibles sobre la vía Medellín-Bogotá. Un día lo cogieron en un retén y todavía hoy seguimos sin saber qué pasó con él”, recuerda. “Muchos jóvenes que viven acá empezaron a hablarme del colectivo, de cómo a través del arte se puede hacer resistencia ante el dolor y la impunidad. Así me involucré”.

RAM significa Resistencia, Arte y Memoria. Nació hace poco más de un año por la articulación de varios procesos sociales de los jóvenes de la Comuna 13, del Valle de Aburrá, la vereda La Esperanza y la organización Mujeres Caminando por la Verdad, acompañados por la Corporación Jurídica Libertad. El grupo es muy amplio, recibe a quienes quieran participar en las actividades, pero en promedio son 25 jóvenes de base. Su apuesta es luchar contra el olvido.

A través de fanzines, murales, obras teatrales, intervenciones y cartas se encargan de transmitir las historias de quienes desaparecieron para que los más jóvenes, como ellos y las generaciones que vienen, hereden la búsqueda de los desaparecidos que sus madres y abuelas han liderado por años.

“Conozco a muchas madres en esa lucha. Algunas han muerto sin saber qué pasó con sus hijos o hijas”, dice Verónica Giraldo, otra de las integrantes. Tiene 29 años, es defensora de derechos humanos y sus tres hijos participan en el colectivo. Su padre también fue secuestrado y asesinado por paramilitares bajo el mando de Ramón Isaza en 1996. “Logramos darle cristiana sepultura, pero con los otros compañeros, que han sido mis hermanos, porque con muchos me crié, no lo hemos logrado. Nos hemos solidarizado con la búsqueda de sus padres. Su lucha también es la mía”, agrega.

A través de su obra, que han presentado en espacios públicos y en conmemoraciones de víctimas, le reclaman al Estado que encuentre a sus familiares, y a los victimarios les exigen que cuenten la verdad: por qué lo hicieron y qué pasó con sus seres queridos. “Por medio del arte pretendemos que la gente a la que no le ha ocurrido esto se sensibilice y tenga empatía. Lo que más queremos es que esto no vuelva a suceder con nuestros hijos y nuestros nietos”, dice Verónica.

No han logrado conocer la verdad, a pesar de que Ramón Isaza compareció en Justicia y Paz, pero no dio detalles de lo que ocurrió en La Esperanza. No han visto una sentencia condenatoria por estos hechos. Sus esfuerzos están en trabajar junto con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) para encontrar a los desaparecidos de Antioquia que, según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, pueden ser 19.794 personas.

Todos han crecido transformando el dolor en teatro, música y poemas. Han logrado que muchas familias vuelvan a reír y que la comunidad se reencuentre gracias al arte y los sancochos que organizan para todos. Alejandra y Verónica, hablando en nombre de sus compañeros, no dudan en afirmar que su herencia es continuar con la búsqueda. Hasta encontrarlos.

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