“Aun conservamos las huellas de la tortura y la humillación”: exsecuestrados de las Farc

Este jueves Consuelo González de Perdomo, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán rinden sus testimonios orales en el marco de la investigación que realiza la JEP contra la antigua guerrilla de las Farc por secuestros, homicidios y desapariciones.

Jorge Eduardo Gechem, Consuelo González de Perdomo y Orlando Beltrán rindieron su testimonio sobre secuestro en la JEP. / Cortesía JEP

Durante la entrega de testimonios de los secuestrados de las Farc ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se siguen reviviendo los tratos crueles e inhumanos que padecieron durante su cautiverio a manos de la extinta guerrilla.  

Este jueves fueron citados ante la Sala de Reconocimiento, Verdad y Responsabilidad Consuelo González de Perdomo, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán para que aportaran sus relatos en el marco del Caso 001 por secuestros (entre los que se incluyen homicidios y desapariciones) contra el otrora Estado Mayor de las Farc.

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El primero en rendir su testimonio oral fue el exrepresentante a la Cámara Orlando Beltrán Cuéllar, quien estuvo secuestrado durante siete años y medio. En su relato les hizo un fuerte llamado a los exdirigentes de las Farc para que aporten a la verdad, reparen  las víctimas  y contribuyan a la búsqueda de personas desaparecidas.  

Relató que el día de su plagio, en agosto de 2001, en el municipio de Gigante (Huila), fue transportado en un vehículo en compañía de 12 guerrilleros. Le aseguraron que se encontraría con el Mono Jojoy para discutir un proyecto de ley que se adelantaba en el Congreso de la República.

En efecto, lo recibió el líder guerrillero en compañía de su hermano, Noé Suárez Rojas (conocido como Grannobles). Ellos le indicaron, sin embargo, que se trataba de un secuestro político para retener a personalidades del país y para que el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana cumpliera los compromisos que había adquirido previo a su elección como primer mandatario.  “El Mono Jojoy me dijo que el señor Pastrana se comprometió a liberar a todos los guerrilleros de las cárceles, que crearía una zona de distensión (...) pero como se le había incumplido, porque no se liberaron a los guerrilleros y, según ellos, la zona de distensión estaba a medias, indudablemente tomaron la decisión de retener a parlamentarios y personalidades”.

“Con esta notificación, el señor Mono Jojoy –él personalmente-  me instala una gruesa cadena al cuello con un candado y me dice que recibiría el mismo trato que el Estado les daba a los guerrilleros en las cárceles”.

“Esa noche empezó una larga tortura”

Después de doce horas de camino entre trochas, reunieron a Orlando Beltrán con Alán Jara, exgobernador del Meta, y con 42 miembros de la Fuerza Pública, en lo que denominó un campo de concentración “discretamente construido con alambradas”. “La primera impresión que me dio fue lo grave que estaban los señores militares en materia de salud. Por estar en la selva, por las picaduras del zancudo sufrían paludismo. Este paludismo, en zona de distención, se conseguían los medicamentos y la persona se recuperaba. Pero con el rompimiento de los diálogos iniciamos la más tenebrosa tortura”.

Asegura que no había agua, medicamentos ni comunicación con el mundo. “Como gran cosa, el Mono Jojoy reapareció cuatro años después y como gran noticia dijo que iba a sacar unas pruebas de supervivencia para que nuestros familiares supiéramos que aún no estábamos muertos. Lo veía como un gran acto de humanidad. Dijo también que había tomado la decisión de que nuestros cuerpos no los entregaría a nuestras familias. Con esta tortura psicológica imposible resistir tanto tiempo. Sin embargo se hizo”.

Como lo indicó la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, Beltrán Cuéllar insistió en que los organismos de inteligencia sabían lo que estaba pasando y que nunca les prestaron seguridad.

“Lo que hacían los guerrilleros de las Farc era propio de lo más horrible, de los peores criminales: coger una mujer torturarla, hacerla desnudar... Eso es lo más bajo y rastrero. Y qué tristeza ver que a las hijas de los campesinos las hacían cumplir la función de satisfacer los deseos sexuales de los guerrilleros”.

Contó que cada vez que tenían bajas, los secuestrados eran los responsables. Cuando eso sucedía no les daban comida, no les daban radios y si tenían una cadena atada al cuello, les ponían otra en la cintura. “Sería interminable la danza de crímenes que cometieron contra nosotros”.

El llamado que hizo el excongresista Beltrán Cuéllar fue contundente: “Las víctimas tienen que saber la verdad (…) Vale la pena que se les pregunten a los guerrilleros por qué uno de ellos que asesinó a un alcalde en el municipio de Rivera dice en sus declaraciones que la guerrilla recibió 500 millones por ese asesinato. Que diga claramente quiénes estaban detrás porque tan delincuente es el uno como el otro. Esa es la verdad que necesita la sociedad”.

Y añadió: “Ellos fueron los causantes del secuestro de un centenar de huilenses que hoy están desaparecidos, que tengan el valor, que no sean cobardes, que les digan a los huilenses, qué pasó con esas personas que estuvieron secuestrados que para mí las asesinaron y hoy sienten vergüenza de decir la verdad”.

A tenor de ejemplo, Beltrán dio una lista de nombres: José Antonio Yañez Hernández, Juan David López, Idelfonso Vargas Moyano, Luis Eduardo Solarte Romero, Luis Antonio Pérez, Jonathan Ortiz Quintero, Germán Moreno Ávila, Jairo Espinosa Pérez, Mariela Cortés, Salomón Anaya, Guillermo Cordón Herrera, Mario Herrán Gómez, Camilo Casas, entre otros.

“Les estoy diciendo a los señores de las Farc dónde está el cuerpo del subintendente (Luis Hernando) Peña. Lo mataron estando en estado de locura. Lo sacaron del campamento y minutos después escuchamos tiros de fusil. Ellos dijeron que supuestamente había intentado volarse”.

Además de referirse a los vejámenes sexuales de los que fueron víctimas las hijas de los campesinos por parte de miembros de las Farc, Beltrán Cuéllar finalmente insistió en que aún conserva las huellas de la tortura y la humillación que padeció durante su cautiverio. 

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Redacción Justicia para la Paz

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