En Colombia la niñez sí va a la guerra: Organizaciones entregan informe a la JEP

Hoy se conmemora el Día Internacional de las Manos Rojas, una fecha contra la participación de la niñez en los conflictos armados. Este año la conmemoración es amarga, porque durante 2018 los reportes de reclutamiento volvieron a subir después de dos años de disminución.

En 2018 aumentó la vinculación de niños a la guerra. / Archivo Coalico

En Colombia la niñez ve la guerra como una opción. La negociación de paz entre el Estado y las Farc fue vista con esperanza para revertir esa realidad. Las cifras llegaron a ser alentadoras: entre el 2015 y el 2017 los reportes de reclutamiento forzado y utilización de menores de edad que llegaron a la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (Coalico) eran inferiores a los de años anteriores; sin embargo, 2018 fue el año de la desilusión, porque las cifras se dispararon.

Se reportaron cincuenta casos de vinculación y reclutamiento durante el 2018. Se registraron 28 casos de uso de menores en campañas cívico-militares, así como 66 desplazamientos forzados, 29 violaciones contra el derecho a la vida y la integridad personal, 21 ataques y ocupaciones a bienes civiles (como escuelas y hospitales), diez bloqueos de suministros y servicios básicos, siete violaciones contra la libertad personal y tres contra la libertad sexual.

El incremento frente a otros años es evidente. En 2016, por ejemplo, se registraron 15 casos de vinculación y reclutamiento; por otra parte, el reporte de desplazamientos forzados fue de 17.

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Ese incremento de los reportes se da a conocer hoy, Día Internacional de las Manos Rojas, fecha en la cual diferentes organizaciones de la sociedad civil y entidades estatales alzan una voz de protesta contra la vinculación de los niños a los conflictos armados. “El 2018 nos vuelve a traer que el reclutamiento y uso siguen siendo una realidad”, asegura Hilda Molano, coordinadora de la Secretaría Técnica de la Coalico.

Las regiones de donde provienen los reportes dan pistas de los factores de riesgo. Las zonas que más preocupan son Chocó, Buenaventura (rural y urbana), la costa Pacífica caucana (municipios como López de Micay y Guapi) y Norte de Santander, con énfasis en el Catatumbo; en todas, la guerra siguió activa tras la dejación de las armas por parte de las Farc, que se completó en 2017.

“La diversificación de actores, la presencia de las disidencias de las Farc y la continuidad del conflicto en 2018 explican esa realidad”, enfatiza Molano. Las regiones donde el reclutamiento y la utilización están disparados tienen una característica común: los grupos armados están en confrontación por los espacios que dejó la exguerrilla y que el Estado ha sido incapaz de copar.

Los reportes revelan una realidad preocupante: en la mayoría de los casos los menores de edad entraron a las filas por medio de la seducción, no por medio de la fuerza. Se fueron convencidos de que el ingreso a los grupos armados era una buena opción para sus vidas. La Coalico ha insistido en que no se puede hablar de voluntariedad en la vinculación; para la organización, se trata de una decisión viciada por diversos factores que rodean la vida de la niñez en Colombia en estas zonas pobres y golpeadas por la violencia. “Las condiciones históricas no resueltas hacen que sea más viable el convencimiento”, explica Molano.

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Más que reclutamiento

La Coalico conmemorará el Día de las Manos Rojas entregándole un informe a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) este martes titulado: "Infancia transgredida: niñas, niños y adolescentes en la guerra". En el evento le darán a conocer su informe a la Sala de Reconocimiento de esa entidad.

El documento enfatiza que “la victimización de niñas, niños y adolescentes va mucho más allá del fenómeno del reclutamiento forzado”, como señala Marcela Briceño-Donn, quien coordinó la elaboración del documento. Dicha organización ha documentado el impacto contra la niñez del reclutamiento y el uso, la violencia sexual, los ataques a escuelas y hospitales, el secuestro, los asesinatos, el desplazamiento forzado y las afectaciones por minas y munición sin explotar.

“Hay una victimización completamente desproporcionada contra la niñez en el marco del conflicto armado”, asegura Briceño-Donn. Así lo demuestran las cifras de la Unidad de Víctimas, según las cuales entre 1985 y el 1° de enero de 2019 fueron afectados 2’384.190 menores de edad.

A la Coalico le interesa que la JEP estudie las causas de esos hechos en profundidad. Briceño-Donn plantea varios interrogantes: “¿Dónde estaba el Estado cuando los niños se estaban yendo a la guerra?”. Complementa con otras preguntas que cree que el país se tiene que hacer para entender la dimensión del fenómeno de la violencia contra la niñez durante el conflicto armado. “¿Por qué las niñas y los niños se fueron a la guerra? ¿Por qué terminaron inmersos en esta como actores o como víctimas de múltiples violaciones? El país no se lo ha preguntado a fondo ¿Dónde estaban las instituciones? ¿Cuáles eran las condiciones en las que vivían en los lugares de incidencia del reclutamiento? ¿Qué tanto acceso a la educación tenían? ¿A la salud? ¿A caminos seguros para desplazarse? ¿Qué posibilidad tenían de acceder a espacios de recreación y de formación?”.

En el informe la Coalico le entrega a la JEP pistas sobre cómo podría esclarecer los crímenes en contra de la niñez. Por ejemplo, le dice a esa entidad dónde podrían encontrar información clave para su labor, a la cual nunca han podido acceder las organizaciones de la sociedad civil. Esperan que el caso por victimizaciones contra los niños sea abierto por la entidad en los próximos días.

Consultamos sobre la apertura de ese caso a la presidenta de la JEP, Patricia Linares, y respondió que “la Sala de Reconocimiento espera tomar una decisión sobre ese tema en un futuro cercano”. Al preguntarle si se va a investigar el uso de los menores respondió: “La Sala también va a examinar otros papeles que hayan tenido los menores en la guerra, como servir de mensajeros, estafetas, cocineros o parapetos. Y además se evalúa la posibilidad de estudiar los abusos y la violencia cometidos contra los reclutados en las filas”.

En cuanto al uso de menores de edad, dicho crimen ha sido denunciado persistentemente por la Coalico. Se refiere, por ejemplo, a ocasiones en las cuales la Fuerza Pública ha recuperado a niños de las filas de los grupos armados y en lugar de entregarlos a las autoridades civiles los someten a interrogatorios para conocer información de inteligencia.

Con la entrega del informe, la Coalico le da un voto de confianza a la JEP. “Creemos que tiene la capacidad de llegar a una verdad plena, a un reconocimiento de responsabilidades, a la adopción de medidas de reparación y, especialmente, a las garantías de no repetición”, afirma Briceño-Donn.

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Pero, mientras eso sucede, los grupos armados insisten en vincular a los niños y el Estado los somete a tal abandono que la confrontación armada es vista por la niñez como una salida. En palabras de Briceño-Donn, “hay muchísimas causas estructurales que determinaron que los niños y las niñas vieran la guerra como una opción y el país no se ha preguntado de fondo qué significa eso”.

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Nicolás Sánchez A. / @ANicolasSanchez

JEP

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