¿Cuáles son las razones de la movilización?

hace 12 horas

Así está trabajando la Comisión de la Verdad en Antioquia

El coordinador de esta entidad en la región de Antioquia y el Eje Cafetero, Max Yuri Gil, explica que serán enfáticos en buscar la verdad sobre lo qué pasó con las mujeres y los niños en este territorio. También cuenta que están acercándose a los sectores empresariales.

Esta macrorregión está constituida por los municipios de Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y algunos del sur de Córdoba y del norte del Valle del Cauca. / Cortesía Comisión de la Verdad.

El 17% del total de víctimas de Colombia se concentra en Antioquia, un departamento que ha vivido el conflicto en lo rural, pero también en su capital, Medellín. Aquí, y en el Eje Cafetero, la Comisión de la Verdad, el órgano fruto del acuerdo de paz encargado de comprender lo que le pasó a Colombia en el conflicto más letal del hemisferio occidental, concentrará una parte de su esfuerzo. A pesar de soportar un recorte del Ministerio de Hacienda del 40% de lo presupuestado, la Comisión continúa con su mandato de buscar una verdad que no tenga consecuencias judiciales, pero que cuestione la sociedad que hemos construido.

Esta ‘macrorregión’, que tiene un área de 100.000 kilómetros cuadrados, está a cargo del comisionado Alejandro Valencia, pero su coordinador territorial es Max Yuri Gil, un académico que fue director de la Corporación Región y es una de las personas que mejor conocen el conflicto armado en la ciudad de Medellín. Explica que una de las sedes de esta entidad estaba pensada en el municipio de Caucasia, pero fue cancelada por cuestiones de seguridad. A pesar de ello, la Comisión continúa acercándose lo más posible a todos los sectores involucrados en el conflicto, como fue la apertura el 22 de marzo de la primera oficina en este territorio, la de Apartadó.

¿Cómo ha sido la labor en estos primeros meses de operación en Antioquia?

Hemos encontrado dos actitudes: un amplísimo respaldo de sectores sociales y académicos, que es uno de los puntos fuertes de la Comisión en este territorio, hemos logrado contactar organizaciones de todo tipo y tipos de víctimas, sindicatos, oenegés, y creo que hay un amplio respaldo a nuestra labor. Pero también sabemos de algunos sectores adversos o con prevenciones a nuestra labor, que consideran que el mandato de la Comisión es ilegítimo, por ser fruto del acuerdo de paz con las FARC, y como el plebiscito lo ganó el no, no debería existir este sistema. Todo esto en una región que ha sido marcada por la guerra: el 20% de las víctimas están en la macrorregión y solo en Antioquia, el 17% de todo el país. Somos líderes negativos en todas las modalidades de victimización. Pero también encontramos que hay una enorme cantidad de la población que no tiene ni idea de quiénes somos y por eso la labor de pedagogía es muy importante, junto con la materia de comunicación pública.

¿Esas prevenciones han sido explícitas?

En algunas reuniones han aparecido. Pero hemos tomado la decisión de que vamos a hablar con toda la sociedad, incluso con aquellos sectores que están en desacuerdo con nosotros o nuestra labor y no tenemos ningún problema en establecer comunicación e ir a reuniones donde les explicamos nuestro mandato a estas organizaciones. En algunos casos, ha servido para aclarar nuestra labor y en otros casos para ratificar las prevenciones, pero eso es parte del juego democrático.

Recientemente el comisionado Alfredo Molano dijo que en su trabajo en el Meta había encontrado masacres que nunca habían sido registradas.  Una de las grandes dificultades a las que se han enfrentado historiadores y organizaciones sociales es la invisibilización de crímenes ocurridos en la guerra, particularmente en Antioquia. ¿Qué está haciendo la Comisión para evitar perderse?

Es un reto muy grande. Tenemos que hablar de lo más visible pero también de lo menos conocido. Un ejemplo: no podemos decir, “no vamos a hablar de desplazamiento forzado porque eso lo conoce todo el mundo”, pues es un fenómeno que afecta a más de siete millones de personas, es estructural, ligado a la tierra, la propiedad, la modernización y el uso. Pero sí tenemos el mandato de hacer visibles otras dinámicas que no han sido tan conocidas. Hemos identificado en estos primeros meses en nuestro territorio un vacío en el período 1958-1980, tenemos además un hueco territorial en la investigación, que es el eje cafetero y subregiones de Antioquia como el suroeste. Y hay un vacío de datos en crímenes como la tortura, el reclutamiento infantil, la vinculación forzada a grupos armados y la violencia sexual en el marco del conflicto. Creemos que ahí, justamente, vamos a tratar de poner nuestro mayor énfasis.

Antioquia ha estado particularmente marcada por el trauma social, debido a las dinámicas del conflicto durante décadas. Muchas víctimas pero también muchos victimarios nacieron en la zona de su mandato. ¿Tiene relevancia ese trauma social para el mandato de la Comisión?

¿Qué había en la cultura que permitió un desarrollo de violencia masiva como la que vio esta región? Quienes hicieron la guerra son las mismas personas de esta sociedad. Queremos comprender qué impactos tuvo la violencia sobre la cultura en materia de valores, comportamientos y formas de actuación conjunta. Ninguna sociedad puede pensar que vivió sesenta años de conflicto y violencia y no le pase nada en sus formas de pensar. Pero hemos dicho que la cultura es también un lugar de resistencia. ¿Qué le pasó a la gente y cómo resistió? Identificamos un conjunto de prácticas culturales y artísticas: los carnavales del sur de Córdoba, el Hip Hop en la comuna 13, el deporte, las tejedoras de Sonsón, y queremos ponerle luz y contribuir a su fortalecimiento. La violencia es un fenómeno que atraviesa la sociedad, pero la gente no solamente la sufre. Si habláramos con un europeo hace veinte años y le dijéramos que vivimos en Medellín con diecisiete homicidios diarios, pensaría que todo el mundo estaba escondido o atemorizado. Y le diríamos que sí, pero que también hubo mucha resistencia.

¿Qué piensa del concepto de culpabilidad colectiva, relativo a la hora de encontrar diferentes grados de culpabilidad dentro de una sociedad?

Yo creo que esa es una afirmación que puede interpelar a toda la sociedad pero hay que tomarla con cuidado. Un fenómeno de violencia tan masivo y largo solo se puede entender como un fenómeno social. La guerra en Antioquia no fue en las zonas más aisladas: fue en el oriente antioqueño, Urabá, el área metropolitana de Medellín. ¿Dónde estaba la sociedad cuando esto estaba pasando? Y es que en la guerra civil no solamente participan los combatientes. Pero esto no puede generar una interpretación de que todos en esta sociedad hemos sido víctimas y victimarios. Es cierto que hubo diferentes niveles de involucramiento, pero aquí hubo gente que decidió matar, torturar, secuestrar, desaparecer. Y eso no fuimos todos, porque cuando fuimos todos en últimas no fue nadie. Y no es positivo para la sociedad en términos de la identificación de los responsables.

¿Como construir un sentido de memoria enfocado a las víctimas, que medie con toda la sociedad? ¿Cómo es posible en la sociedad antioqueña?

En Colombia, y particularmente en Antioquia, hay un poco la idea de que solo hubo un responsable, que fueron las FARC. Es una mirada parcial de lo que pasó: las FARC eran ontológicamente malas, mientras que los crímenes cometidos por otros sectores como el paramilitarismo se explican solamente como una reacción, lo cual es falso. En Chocó hubo acciones paramilitares donde no hubo guerrilla y eso oscurece todo el componente de agresión que estos tuvieron. O los mismos crímenes de Estado, que son más difusos, y no existe para la sociedad la misma representación entre un secuestrado de las FARC y alguien que murió en una ejecución extrajudicial a manos del Ejército. Uno de los postulados básicos de la Comisión es la igual dignidad de todas las víctimas. Nosotros no hacemos ninguna distinción entre víctimas. Y lo mismo para los responsables.

¿Cuál es el plan de la Comisión para dilucidar los crímenes de Estado, no solo difíciles en su discusión sino en su investigación?

Nuestro mandato legal nos dice que debemos contribuir a la comprensión de lo que ha pasado y a la identificación de patrones y responsabilidades generales. Cuando hablamos de responsabilidad estatal, hay que hablar de manera directa, pero también de los que lo fueron de otras maneras. Por ejemplo, las notarías en el tema de tierras, el aparato de justicia en la impunidad frente a algunos sectores. Tengo un caso que conozco para mi investigación de doctorado y es la violencia política en la Universidad de Antioquia en 1987. Fueron 17 personas asesinadas en un semestre y hay cero avances judiciales. El caso de Héctor Abad Gómez, uno de los asesinados, fue declarado crimen de lesa humanidad, lo cual es bueno porque no prescribe pero es malo porque puede quedar abierto toda la vida sin que pase nada. También están los casos de Leonardo Betancur, Luis Fernando Vélez e incluso los de otros años, Jesús María Valle, Gustavo Marulanda. Nosotros tenemos la misión de identificar la articulación de agentes estatales y ciertos sectores de la sociedad. Héctor Abad Faciolince lo pregunta en su libro sobre su papá –El olvido que seremos-: ¿quiénes celebraron en la ciudad el asesinato de su papá? Que no fueron solamente los mandos militares y sectores sociales, también quienes llamaron a la casa de él a reírse, los determinadores de sus acciones. A Jaime Garzón lo mata la banda La Terraza que actúa bajo las órdenes de don Berna, él dice que Carlos Castaño lo pidió, la pita va en que sabemos que Narváez, el subdirector del DAS de la época, se lo pidió a Castaño. ¿Fue una decisión solo de Narváez o hubo una responsabilidad mayor ahí?

¿Cómo ha sido la relación de la Comisión de la verdad con las élites locales en Antioquia?

Hay algunos sectores con los que hemos venido conversando. Pero este es un tema bastante difícil. Por lo menos esperamos tener un diálogo sincero y franco con ellos. Hay algunos que están intentando escribir su propia historia y me parece muy legítimo el esfuerzo. Esperamos que los gremios y partidos tengan respeto por nuestra labor. En materia de esclarecimiento queremos hablar con todos: ¿cuál es la relación de algunos sectores económicos con la guerra? ¿Fue de sometimiento o hubo también decisiones voluntarias? Y no solo con los paramilitares sino de otros sectores con guerrillas. Hay sectores dispuestos a dialogar y sentimos favorabilidad en algunos sectores industriales y de servicios, en otros hay todavía mucho desconocimiento y cierta distancia. Nos han dicho que esperemos un poco. Y otros nos han dicho claramente que no quieren dialogar con nosotros. Tenemos una relación cercana con organizaciones sociales, pero no vamos a construir la verdad de las organizaciones sociales. Vamos a producir la verdad de la Comisión de cara a la sociedad.

Dentro de tres años, cuando el mandato de la Comisión termine, ¿quién se encargará de hablar sobre las organizaciones armadas que todavía están operando?

Depende de cómo termine. Las comisiones de la verdad son órganos normalmente de cierre en los conflictos armados. Nosotros lo hacemos parcialmente, porque el conflicto con las FARC terminó, al igual que con más de diez mil integrantes de la fuerza pública vinculados en procesos legales, dos mil de los cuales ya han comparecido. No creo que en tres años tengamos un proceso de paz culminado con el ELN: el país político no está en eso en este momento y todos sabemos que viene un período de guerra entre el ELN y el Estado colombiano; habría que mirar en caso de que haya terminado el conflicto con los clanes paramilitares nuevos como el clan del golfo y los Caparrapos, pues eso abriría una puerta para que nos ocupemos. Pero en este momento nos preocupamos con cumplir nuestro mandato, que es mirar de manera estructural qué ha pasado en Colombia y cuál es la explicación de que hayamos tenido un conflicto armado de más de cinco décadas, pues empezamos en 1958 y terminamos en el año 2016. Y tenemos que tomar una decisión muy dolorosa: vamos a priorizar y seleccionar algunos patrones de lo que hay para dar cuenta de eso.

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Simón Murillo Melo

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