Con cantos y bailes se inauguró la casa de la verdad de la Amazonía

Al evento asistieron la comisionada Patricia Tobón, líderes de las comunidades indígenas de la región, excombatientes de las Farc y representantes de la Unión Europea. Esperan que sea un espacio para la reconciliación, el dialogo diverso y para que el país sepa de los crímenes aún ocultos.

Los médicos tradicionales de la comunidad siona se encargaron de hacer la limpieza de la inauguración de la casa de la verdad en Putumayo.Nathaly Triana

La guerra en Colombia no sólo arrasó físicamente con las comunidades. También se ha llevado por delante las culturas, las lenguas y la espiritualidad de pueblos, principalmente étnicos, que hoy están a punto de desaparecer. Los números no mienten. Sólo en el Putumayo, 13 de los 15 están en peligro. Varios de ellos duran meses confinados a la espera que cesen los combates.

Por esta razón, las comunidades indígenas, y en general la población de este departamento, celebran que este viernes se haya abierto la Casa de la Comisión de la verdad de Putumayo, donde pueblos como el awa, korebaju, embera, emberakatío, inga, camëntsá, kofán, nasa, siona, murui, entre otros, esperan contar sus afectaciones durante los cincuenta años de conflicto armado.

Por eso a la cita asistieron con sus mejores vestimentas: los accesorios de chaquiras de colores que contrastaban el negro de sus faldas y pantalones, las coronas de plumas y los collares de colmillo irrumpieron la tranquilidad de la plaza central de Mocoa, capital del Putumayo. Toda la gente de la plaza, en la que sobresale una iglesia colonial, miraba a lo lejos el evento que estaba hecho para ellos.

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Patricia Tobón Yagarí, comisionada de la verdad y encargada del capítulo étnico de indígenas y afros, explicó que la intención de hacer la inauguración de este espacio en la plaza tenía una carga simbólica: que la gente entendiera que la casa debe ser habitada por todos y todas. De no ser así, la verdad de la Amazonía, tan multiétnica y diversa, quedaría incompleta.

Los médicos tradicionales de la comunidad siona se encargaron de limpiar la ceremonia y sellar el compromiso de construir la paz. Luego llegaron los más pequeños del Colegio Bilingüe Inga de Mocoa a alegrar con cantos y rezos. Descalzos, pintados y orgullosos de sus vestimentas ancestrales, le pidieron al público bailar una canción que aludía al perdón, la memoria, la prolongación de su cultura y la protección de la madre tierra que jamás los abandona. 

Junto con las comunidades estuvieron líderes indígenas, campesinos y afros de Guainía, Caquetá, Vaupés; excombatientes de las Farc, como Benkos Biohó; representantes de la Unión Europea; la Defensoría del Pueblo, y las Fuerzas Militares. Todos están comprometidos con que esta casa de la verdad marche a buen ritmo para lograr cumplir con el capítulo étnico del informe que se le entregará al país en tres años y cumpla con contar las afectaciones sociales y ambientales que produjo el conflicto armado.

 
Los pueblos afros y campesinos de Caquetá, Guanía, Vaupés y Amanozas se sumaron al evento.
Nathaly Triana

Aún bajo el sol de medio día, los asistentes escucharon a cada uno de los representantes de la sociedad de la Amazonía. Los presentes coincidieron que esta región tiene varias complejidades para narrar la verdad. La principal: el conflicto continúa. Los grupos armados siguen en la zona y muchas comunidades están confinadas. Sin embargo, a pesar de los riesgos, quieren participar en la construcción de la paz.

El comisionado de la verdad Carlos Guillermo Ospina inició su intervención con una pregunta clave: ¿Para qué es una casa de la verdad? “Es un sitio de encuentro, donde las personas van a conversar sobre los problemas acaecidos en el país. Tenemos cifras y tenemos datos, pero nos falta sentarnos a dialogar y dar una explicación de los hechos que ocurrieron en Colombia. No entendemos aún la barbarie. Eso nos acongoja y nos duele. Hay que hacer una catarsis para lograr la reconciliación. La casa de la verdad es para conocer a profundidad, es el espacio para tomarnos un café y hablar de lo que nos une y de discutir sobre las diferencias”, respondió.

Tobón agregó que con esta apertura quieren decirle a la gente de Putumayo y sus instituciones “que la Comisión de la Verdad tiene como mandato general un diálogo social amplio y profundo sobre las causas de un conflicto que persiste y que se reproduce cíclicamente”. Y también un compromiso con acentuar la participación de los pueblos étnicos y la “importancia de reconocernos como colombianos en nuestras diversidades lingüísticas, políticas, culturales e ideológicas, que nos permitan sentar a hablarnos y ser unos ciudadanos que construyen bajo el respeto de las diversidades y las diferencias, y no sobre la imposición ”.

Los pueblos indígenas ven este nuevo proceso de verdad como “una esperanza de un buen vivir en los territorios y de las víctimas que deben ser reparadas física y espiritualmente”.  Las palabras de José Homero Mutumbajoy, líder indígena del pueblo inga y defensor de derechos humanos de la Organización Zonal Indígena del Putumayo (Ozip), fueron contundentes: las comunidades quieren un saneamiento territorial, de cabildos y resguardos, una deuda histórica del Estado. Pero no sólo de las secuelas del conflicto, sino también del uso de estaspara proyectos extractivistas por parte de empresas privadas que han afectado la selva de la Amazonía.

(Lea también: “La verdad del conflicto armado requiere traductores indígenas”: Patricia Tobón)

El partido Farc también hizo presencia en la inauguración. Israel Zúñiga, conocido en la guerra como ‘Benkos Biohó’, aseguró que la casa también servirá para los momentos de reconciliación que, según el senador, sólo son posibles “si hay verdad, se asume la responsabilidad de los hechos, se está en disposición real de la no repetición y se reconoce al otro”. Además, resaltó que esta entidad haya llegado hasta Mocoa, pues el conflicto se centró en las periferias, donde el Estado siempre ha sido el principal ausente.

Otra de las intervenciones que llamó la atención fue la del delegado de la Unión Europea, Lars Bredal. Lo importante de abrir una casa de la verdad, dijo, es dignificar a las víctimas. Bedral manifestó que la Unión Europea sigue comprometida con apoyar a Colombia con la implementación del Acuerdo de Paz y sobre todo con el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, “la columna vertebral del proceso de paz”. Una demostración de ello es un contrato de 4.5 millones de euros, que se firmará el próximo mes y con el que se espera fortalecer el acceso de las víctimas a dicho sistema y garantizar su participación en las regiones.

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