“El Estado mira a los territorios afros desde la perspectiva del saqueo”: Leyner Palacios

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El comisionado de la Verdad explica que el racismo y el pensamiento colonial han posibilitado el desarrollo de la guerra para estas comunidades. Este viernes 11 de diciembre se desarrollará el Encuentro de Reconocimiento de la Verdad del Pueblo Negro.

Los pueblos negros de Colombia poco creen en las cifras que presenta el Estado. Su desconfianza viene de que, dicen, están mal contados. A sus territorios, esos en los que el conflicto armado se ha enquistado desde hace décadas, no llegan los funcionarios cuando van a censar a la población con el argumento de que la guerra limita su movilidad. De ahí que la cantidad de afrocolombianos, palenqueros y raizales en el país sea una cifra, según ellos, inexacta.

Esa acción simple del censo significa para los pueblos afros el borramiento de su existencia en sitios en los que hay intereses económicos, lo que desemboca en que se desarrollen proyectos sin ser consultados con quienes viven ahí. Así explica el comisionado de la Verdad, Leyner Palacios, uno de los puntos que ha posibilitado que el conflicto armado haya afectado de una manera desproporcionada a las comunidades afros. Eso sin contar el racismo y el pensamiento colonial, que sirvieron para que se intensificara.

Según la Unidad para las Víctimas, a octubre de este año 1’144.486 personas que se reconocen afrocolombianas, palenqueras y raizales están registradas como víctimas del conflicto. Eso significa que al menos el 38 % del total de la población negra de Colombia padeció la guerra. Pensando en reconocer la magnitud de esa afectación, así como la resistencia de la gente, la Comisión de la Verdad hará este viernes 11 de diciembre el octavo Encuentro por la Verdad, que esta vez será de reconocimiento del pueblo negro. En el evento, además de escuchar los testimonios de las víctimas, habrá reconocimiento de responsabilidades por parte del excomandate paramilitar Salvatore Mancuso, los excomandantes de las Farc “Pablo Atrato” y Pastor Alape, entre otros políticos y empresarios. Leyner Palacios, quien también es sobreviviente de la masacre de Bojayá (Chocó), ocurrida en 2002, explica cuáles son algunas de esas verdades que deben conocerse.

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¿Qué papel han cumplido el racismo y el colonialismo en la violencia contra el pueblo negro?

Primero, debemos reconocer que en Colombia los corredores del conflicto se han consolidado en territorios donde hay población afrodescendiente. Lo segundo es que debemos reconocer que eso se ha dado con el conocimiento del Estado colombiano, de todas las autoridades en sus distintos órdenes. El Estado ha venido con una política netamente colonial porque en estos territorios, en su mayoría, existen intereses sobre el desarrollo. Por ejemplo, están proyectos de palma, de agroindustria, de minería ilegal y de minería legal. Entonces el Estado mira los territorios desde una perspectiva netamente desde el saqueo. Hay una actitud racista porque, a pesar de que conoce, permite actuar a los actores armados y deja a las poblaciones negras a merced de la acción de esos grupos.

¿Qué se pretende con eso?

Varias cosas. Primero está el sometimiento a la población a un proceso de exterminio social y cultural. La violencia nos ha ido generando una serie de procesos de pérdida de la cultura. Nosotros ya hoy no podemos realizar los rituales tradicionales, los velorios o el Gualí. Lo otro es que se pretende vaciar el territorio. Esto último es necesario para poder implementar los proyectos de agroindustria y de desarrollo que se tienen diseñados desde su perspectiva de país. Pero también se pretende dejar a una población totalmente desprotegida. Se busca que los proyectos ilícitos se consoliden en esos territorios y así dejarnos invisibilizados. Si uno analiza, cada vez que hay un censo, precisamente a nuestros territorios no se puede entrar con el argumento de que está el desarrollo del conflicto armado muy fuerte, entonces nunca el Estado nos cuenta bien. Esa es una manera también de invisibilizar nuestra existencia y desconocer que estamos allí en esos territorios, pero también se pretende dejar un poco de implementación de políticas públicas. Los territorios donde menos derechos en salud, en educación, en vivienda, en servicios básicos se generan, es en nuestras poblaciones afrodescendientes.

¿Por qué esa violencia tan fuerte contra los liderazgos negros?

En este contexto reciente del país la situación que ha resultado más riesgosa es precisamente defender la paz. La amenaza y la muerte de líderes obedecen a que en los territorios somos los que mantenemos la democracia y denunciamos los atropellos que se están dando en contra de la población. Los líderes somos la especie de guayacanes, de árboles grandes que sostenemos la comunidad. Si una comunidad tiene sus guayacanes firmes, es difícil que deje arrebatarse su territorio. Entonces es necesario debilitarla con el aniquilamiento al liderazgo social para que no haya quién defienda.

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¿Cómo han sido afectadas las mujeres afros en medio del conflicto armado?

Han llevado la peor parte en el desarrollo del conflicto armado, porque les ha tocado perder a sus esposos e hijos en la guerra, pero también les ha tocado perder los territorios. Pero aún más, la violencia sexual ha sido terriblemente desarrollada en los cuerpos de nuestras mujeres afrodescendientes. Las han marcado con varillas calientes como en el proceso de la esclavitud, como una manera de decir “esta es mía”. Le puedo contar un testimonio que recibí en el Atrato cuando una pareja decía cómo a la mujer se le había violado delante del marido y de los hijos. Es una violencia de una desproporción impresionante. Y ahí también encuentro un proceso de discriminación, porque la mayoría de los casos en los que se ejerció esa violencia tan terrible fueron hombres de otras culturas. Colombia no ha superado los estragos de la esclavización.

¿Cómo han sido afectados los niños y las niñas?

Nuestros niños y niñas negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros han sufrido una violencia precisamente también por su condición de pobreza. Han sido sometidos a los procesos más fuertes de reclutamiento. Los grupos armados llegan y ofrecen un millón de pesos por un joven y se lo llevan. Nuestras niñas han sufrido también la violencia sexual. En nuestros territorios se dan los casos más aberrantes de violencia y de utilización de niños en el contexto del conflicto armado como objetos sexuales. Se da en el Baudó, en el Bajo Atrato, en el San Juan, en la Costa Caribe. Pero también los niños y niñas han venido sufriendo una violencia por el abuso de la guerra, en el sentido en que nuestros territorios han sido minados con artefactos explosivos. Y desafortunadamente, hay una práctica en los territorios nuestros y es que la mayoría de las minas la colocan en los caminos donde les toca transitar a los muchachos para ir a la escuela.

Otra de la violencia que nuestros niños y niñas y tienen que soportar es la utilización como escudos. Hemos visto recientemente cómo los llevan a zonas de campamentos y eso es una especie de protección para los grupos armados, porque entonces allí se supone que no se podría realizar un bombardeo por la presencia de estos niños. Es impresionante con los grupos armados utilizan a nuestros menores como como traficantes de información. O sea, los involucran tremendamente en la guerra.

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¿Qué verdades del pueblo negro están todavía sin esclarecer?

Hay muchas verdades por esclarecer y seguramente vamos a seguir en deuda porque el desarrollo del conflicto armado en los territorios está llevando a una especie silenciamiento a las comunidades. La gente todavía no puede decir la verdad de lo que le aconteció y eso es lamentable para nosotros. Hemos conseguido casos que a la misma Comisión nos han limitado los grupos armados realizar los procesos de escucha en algunos territorios afrodescendientes. Nosotros empezamos a encontrar, por ejemplo, que hay una violencia muy marcada por la disputa de ese territorio para economía ilegales, pero también para economías legales. Hay una violencia muy fuerte en la manera como el Estado implementa algunos asuntos en nuestras regiones. Por ejemplo, la violencia contra los derechos, como el derecho a la consulta previa. Encontramos esa violencia contra las mujeres negras, que se ha exacerbado y profundizado de manera más larga en los territorios. Esa es una verdad que el país necesita conocer y el aclaramiento de ella precisamente para que haya garantías de no repetición, para que el Estado adopte medidas de cara a la protección de nuestras comunidades y podamos avanzar en un proceso de reconciliación.

¿Cómo de desarrollará ese reconocimiento al pueblo afro?

El próximo viernes 11 de diciembre tendremos una muestra de la verdad, de viva voz, de lo que le aconteció al pueblo afro, negro, raizal y palenquero en Colombia en el marco del conflicto armado. Primero, vamos a resaltar la labor de nuestros liderazgos y queremos hacer un gran homenaje a Angelita (comisionada Ángela Salazar, quien falleció por COVID-19), un gran reconocimiento y con ella todos nuestros líderes que por distintas circunstancias han partido también y que nos siguen acompañando en su dimensión desde el cielo. Luego vamos a tener una muestra de reconocimiento de responsabilidades. Y, finalmente, tendremos un momento muy importante para mostrar nuestra resistencia, lucha y, sobre todo, nuestra tenacidad para superar esa guerra, esa capacidad de resiliencia que, en definitiva, es un llamado muy fuerte con el que pretendemos hablar de cuán necesario es reconciliarnos.

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