El precio más alto de la guerra por el coltán lo pagan las mujeres: Nobel de Paz

El doctor Denis Mukwege, ginecólogo de las víctimas de violencia sexual en el Congo, estuvo de visita en Colombia hasta este viernes. Se reunió con víctimas y en esta entrevista cuenta de qué se trata su trabajo y cuáles son algunos obstáculos y retos en la lucha contra la violencia sexual.

Denis Mukwege es ginecólogo y hace 20 años atiende y reconstruye a las mujeres que han sufrido violencia sexual en su país, el Congo. / Gustavo Torrijos.

El 5 de octubre de 2018 el médico y ginecólogo Denis Mukwege recibió, junto a la activista iraní Nadia Munrad, el Premio Nobel de Paz. Les fue otorgado por luchar contra el uso de la violencia sexual como un arma en las guerras: un método para desplazar, romper sociedades, causar terror y destruir vidas y cuerpos.

Esta semana, casi un año después de ese evento, el doctor Mukwege visitó Colombia. Vino invitado por la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales y la Unidad de Investigación y Acusación en trabajo con las universidades Nacional y Central, Fragmentos y la OIM. Esta no es la primera vez que el Nobel visita el país. En 2016, como lo contó Colombia2020, vino invitado también por las mujeres de la mencionada red de sobrevivientes colombianas y conversó con ellas sobre el trabajo que hacían por las víctimas del conflicto armado. Y él les contó cómo trabajaban en el Hospital de Panzi, el que atiende a las mujeres víctimas de violencia sexual y que él dirige hace 20 años. Para entonces, solo la revista Fucsia quiso hablar con él. “Nadie lo quería entrevistar”, dice Ángela Escobar, coordinadora de la Red.

Este viernes 16 de agosto de 2019, en cambio, una decena de medios de comunicación esperaron casi dos horas por una rueda de prensa con él. Durante media hora, en francés y con traductora, respondió preguntas, casi todas enfocadas a su visita en Colombia. Dijo, por ejemplo, que él trabajaba por las comunidades y con las mujeres, no esperando verse con los políticos, respondiendo a la pregunta de por qué no se había visto con el presidente Iván Duque.

Después del encuentro con la prensa, el doctor Mukwege estuvo veinte minutos más en una entrevista conjunta con tres periodistas de tres medios: El Espectador, Revista Semana y El Tiempo. Estas son las respuestas a las cinco preguntas que pudo responder antes de terminar oficialmente el evento en el que estaba.

El Espectador: ¿Cómo se estableció el Hospital de Panzi?

Es un hospital que se construyó solo, prácticamente, teniendo en cuenta las necesidades sucesivas de las víctimas del conflicto. En primer lugar, se había construido para resolver la mortalidad materna.

La primera mujer víctima que tratamos fue una mujer que fue violada por hombres armados. Ellos dispararon contra su aparato genital y causó muchísimos daños. Hoy, 20 años después, esa necesidad no ha parado. Yo atendí a esa mujer y desde entonces esas necesidades no han parado. Empezó como un hospital para atender necesidades físicas, pero nos dimos cuenta de que una víctima de violencia sexual no es una persona como cualquier otra que puede sufrir un accidente. Las consecuencias no son las mismas. Sí hay un daño físico, pero sobre todo hay un daño psicológico que implica mucho más. Una mujer que ha sufrido violación ha sufrido también humillaciones, deshumanización y no solo es necesario reconstruir la parte física, eso no es suficiente es necesario tratar la deshumanización, el daño a la dignidad.

Luego, se toma en cuenta la salud mental de estas mujeres también con asistentes sociales. Una vez que la mujer es sanada física y mentalmente, la pregunta es cómo reincorporarlas y reinsertarlas a la sociedad. Ahí viene el tercer pilar, que es la parte socioeconómica. Estas mujeres tienen un problema de disociación de sí mismas. Ellas no consideran que sean mujeres, que sean humanas, se consideran como objetos. La segunda es con la sociedad, que las rechaza, que siente que ya no sirven para la sociedad. Que estas mujeres se reincorporen a la sociedad no va a funcionar porque ellas mismas no creen que valgan algo, que sean seres humanos. Entonces también es importante tener esto en cuenta y tratar esta disociación para que vuelvan a considerarse como seres humanos.

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Una vez que se han empoderado, se sienten mujeres valiosas, y una vez que la sociedad las ha recibido como mujeres, viene la pregunta por sus derechos. Esta es la parte judicial. Reincorporar a estas mujeres a la sociedad, porque normalmente es como si no existieran en sí mismas y en la sociedad, pues la reparación no tiene un efecto positivo. Pero una vez que las mujeres han pasado por esta etapa de empoderamiento, autonomía en ellas mismas y en la sociedad, ahí sí se puede hablar de una reparación. Y ahí la reinserción a la sociedad va a tener consecuencias y serán autónomas en su proceso económico y social y ellas mismas van a tratar de exigir sus derechos y el camino que les queda por recorrer. Son las mujeres quienes crean todo eso.

Revista Semana: Uno ve esta labor y uno dicen: esto no hace mal a nadie, pero sí ha sido víctima de atentados y violencia. ¿A quién incomoda este trabajo?

Para ser completamente honesto con ustedes, trabajo con mujeres que han sido víctimas del ejército y de rebeldes, y ninguno de los dos está contento en el que trabajo que hago. Pero, sobre todo, el mayor problema es con el gobierno, con el Estado y con ese tipo de victimarios. A diferencia de Colombia, el estado de República del Congo no se ha implicado en el proceso, no quiere reconocer y no se implica en el proceso de paz, entonces es el gobierno el que más se ve incómodo por el trabajo.

El Tiempo: En la lucha contra la violencia sexual contra mujeres, ¿cuál es el papel de los hombres? Usted hace parte de un movimiento internacional en Congo llamado Be men.

El rol de los hombres y de esta asociación es entender que en su mayoría son los hombres quienes cometen estos actos de violencia contra las mujeres. Pero no se puede sensibilizar a las mujeres sin sensibilizar a los hombres. Y los hombres también han pagado caro los crímenes que se han cometido cuando la mujer está totalmente deshumanizada y destruida.

El objetivo de esta organización es dar un modelo de masculinidad para los otros hombres. Hemos entendido que los hombres y las mujeres son iguales, entonces se trata de dar un modelo de masculinidad positiva en el que los hombres y las mujeres están en el mismo nivel, que no hay una relación de poder entre el hombre y la mujer, que la mujer no está en segundo lugar, como sucede o creen la mayoría de hombres, y creen que la mujer puede sufrir todo estos crímenes, escucho a muchos hombres decir “solo es una mujer”, entonces puede ser atacada. Aunque aun si todos los hombres tienen esposas, hijas, madres y las quieren, ¿por qué consideran que sus familiares sí son seres humanos y las otras no? Es tratar de encontrar esta masculinidad negativa que piensa esto de estas mujeres y la masculinidad positiva que proponemos.

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Revista Semana: Yo soy feminista, pero muchas veces el discurso a favor de las mujeres no cala bien porque nos hacen creer que los derechos que nos merecemos ya los conseguimos, y que no hay mucho por qué trabajar. ¿Por qué es necesario que existan organizaciones, personas como usted, mujeres como las que se organizan acá en Colombia y, no solo mantener esos derechos se mantengan, sino evitar que retrocedan y nos convirtamos en una sociedad tipo Margaret Atwood?

Estuve en un consejo de seguridad en abril de este año y estuve impresionado, sorprendido porque países que se consideran progresistas han empezado a retroceder en temas como la salud reproductiva de las mujeres. Me impresiona que países como China, Rusia, Estados Unidos han retrocedido en materia de derechos de la salud reproductiva. Es un error pensar que los derechos se han conseguido y que así se van a quedar. Hay que luchar por esos derechos y por que se conserven. No hay que darlos por sentado, sino que la lucha debe ser continua conservarlos porque estos países son un claro ejemplo del retroceso.

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La lucha es también para que haya más personas que crean realmente que los hombres y las mujeres son iguales y que los derechos a los que tengo acceso son los mismos a los que una mujer debe tener derecho. No se puede pensar que la guerra está ganada, sino que hay que continuar.

El Espectador: ¿A quién beneficia que se violenten sexualmente a las mujeres en Congo?

Si Colombia tiene el problema del narcotráfico, en Congo tenemos el problema del coltán, que el 90% viene del Congo. El control de este recurso es muy importante para quienes tienen este poder. ¿Cómo pueden acceder a él? Pues creando guerras y desestabilizando totalmente esas comunidades. ¿Quiénes son aquellos que pagan el precio más alto? Las mujeres y los niños. Todos los celulares, computadores portátiles, todos los aparatos electrónicos utilizan el coltán y todavía no se ha logrado reemplazar por otro elemento.

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Beatriz Valdés Correa - @beatrijelena

Verdad

El precio más alto de la guerra por el coltán lo pagan las mujeres: Nobel de Paz

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