“No dudaré en pedir perdón a la familia del cabo Norberto Pérez”: “Gadaffy”

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Hernán Gutiérrez fue el comandante del frente Aurelio Rodríguez de las Farc, cuya estructura secuestró al policía José Norberto Pérez en Risaralda en 2000. Luego de suscribir el Acuerdo de Paz, afirma que las víctimas merecen la verdad y pedirles perdón.

Hernán Gutiérrez Villada, más conocido como Gadaffy, terminó sus últimos días alzado en armas como comandante del frente 47 de las Farc, que operó desde 1995 en Caldas y Risaralda. Es el único comandante de este frente que quedó vivo luego de años de guerra.

En 2010 fue condenado a 60 años de prisión por el atentado en Montebonito (Caldas) y en 2011 le llegó otra condena en la justicia ordinaria por 53 años por la toma de La Arboleda, en el corregimiento de Pensilvania, en el año 2000. Se acogió al proceso de paz y dejó sus armas, pero asegura que hoy no puede ver ni a su familia. En este momento no quiere mencionar cuál es su paradero porque ha recibido amenazas y no cuenta con medidas de protección, dice, a pesar de que fue parte del equipo de la exguerrilla que negoció la dejación de las armas en La Habana.

Que está dispuesto a pedir perdón a las víctimas, le confesó a Colombia 2020 en una entrevista en la que se refirió a la familia del cabo José Norberto Pérez, secuestrado el 17 de marzo de 2000 por orden de Hernán Gutiérrez cuando comandaba el otrora frente Aurelio Rodríguez: “Esta familia merece la verdad y hay que contársela”, dijo en esta conversación.

Si quiere conocer este caso lea: Andrés Felipe Pérez, el caso de secuestro por el que las Farc pidieron perdón

El partido FARC mencionó este caso en su carta del 14 de septiembre, en la que pidieron perdón a las familias y a las víctimas de secuestro. Fue uno de los hechos más dolorosos para el país y esta familia porque el hijo del policía, Andrés Felipe Pérez, murió a sus 12 años por cáncer luego de suplicarle a la exguerrilla que liberara a su padre. Cuatro meses después el cabo Pérez fue asesinado.

¿Por qué lo secuestraron?

Todos los acercamientos e intentos de diálogo desde las Farc con Gaviria, Samper y Pastrana habían previsto la liberación de prisioneros y prisioneras en nuestro poder, muchos de los cuales fueron capturados en combates. Siempre se buscó un intercambio humanitario de policías secuestrados y guerrilleros presos, pero el Estado colombiano nunca lo permitió. Muchas veces fueron liberados soldados y policías humildes, como gesto de paz, aunque jamás fueron tenidos en cuenta por gobierno alguno.

El Estado Mayor, al evidenciar que dichas liberaciones no tenían ningún eco, escaló con sus exigencias hasta llegar a solicitar la captura de altos oficiales, congresistas y otros personajes más visibles de la vida nacional. Esas fueron las órdenes que recibimos y cumplimos.

Hoy puedo afirmar que contra el señor José Norberto Pérez no había nada personal. Sé que era un hombre comprometido con su institución, una persona correcta. No le conocí vínculos con el paramilitarismo. Fue simplemente una víctima más de esta maldita guerra que ha enlutado a miles de familias colombianas.

¿Quiénes quedaron a cargo del policía en su cautiverio?

Él quedó bajo la responsabilidad del frente Aurelio Rodríguez. Meses después fue trasladado al oriente antioqueño, donde quedó bajo la responsabilidad del frente Noveno, bloque José María Córdova, que estaba comandado por el jefe Danilo, quien murió en un bombardeo junto con nueve unidades más, en la región de San José del Nus, el 16 de diciembre de 2009.

¿Quién tenía la última palabra para liberarlo?

Las órdenes las impartía el Estado Mayor y su secretariado. En algún momento nos informaron que se estaba buscando un punto medio para liberar al señor Pérez, dadas las reiteradas peticiones de su hijo. Sin embargo, la situación de orden público era muy complicada, había demasiada presión de tropas del Ejército. Finalmente, el señor Norberto Pérez y su compañero de cautiverio tomaron la decisión de escapar y en su intento los mataron. Eso fue lo que nos informaron. El Ejército tiene la información en los computadores de Danilo y también en los que le pertenecían al comandante Iván Ríos, que fueron entregados por el guerrillero “Rojas” (Pedro Pablo Montoya) después de asesinarlo.

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¿Por qué no lo liberaron cuando su hijo, cientos de colombianos y hasta el papa Juan Pablo II se lo suplicaron a las Farc?

Recuerdo que ese tema era materia de análisis en los campamentos guerrilleros, pues estábamos en momentos muy álgidos de la guerra. Las cosas eran muy difíciles en el monte por los operativos que se realizaban y la prioridad era no dejarnos matar y salvar la vida del cabo Pérez. En medio de esa situación se estaba buscando el momento y espacio para liberarlo, pero no hubo ninguna oportunidad. Los que han estudiado la guerra del oriente antioqueño y de Caldas podrán corroborar lo que les estoy narrando. Los generales de Ejército y Policía, así como Ramón Isaza (excomandante paramilitar), entre otros, pueden constatar cómo era la situación del momento.

¿Le pediría perdón de manera presencial y directa a esta familia?

A la familia y amigos del cabo Pérez y su hijo quiero expresarles mi respeto y solidaridad por tan desafortunado suceso. Estoy a entera disposición de responder todas las preguntas que tengan a bien hacerme. Si pedirles perdón brinda alguna tranquilidad a sus almas, no dudaré en hacerlo. Entiendo el inmenso dolor que causaron estos hechos, ya que tengo tres hermanos muertos: Claudia Patricia, asesinada en La Caucana (Antioquia) por tropas disfrazadas de paramilitares. Mi hermano Mauricio, asesinado en Santa Rita, también por paramilitares. Y mi hermano Genaro, asesinado en el municipio de Nariño (Antioquia). No les hemos podido dar sepultura, ni siquiera a mi primer hijo que fue fusilado por el frente 29.

La maldita guerra en Colombia nos puso a perder a todos los pobres y ganaron los del poder, los de siempre, los que mandan a hacer guerras, pero que no ponen sus hijos para pelearlas. Por todo lo que he vivido tengo absoluta certeza de que un perdón jamás bastará para resarcir el infinito dolor y la angustia que han enfrentado miles de víctimas del conflicto en este país, como la familia del cabo Pérez.

A la familia nuevamente mi solidaridad y disposición para lo que consideren que yo pueda hacer para resarcir, aunque sea en parte, su infinito dolor.

¿Cómo recibió la guerrilla, particularmente usted, la noticia de que Andrés Felipe había fallecido esperando ver a su padre secuestrado?

La noticia la recibimos en los campamentos guerrilleros con mucho dolor y pesar. Nos enteramos del deceso en el ejercicio que hacíamos por las mañanas donde resumíamos las noticias. Nos dolía la crueldad e injusticia de una guerra manejada por intereses de una parte y de otra, donde la vida no valía nada. En mi caso, me sentía impotente, no podía hacer nada, pensé mucho en mis dos hijos y en el dolor de la familia del niño.

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Éramos también conscientes de que el hecho se convertiría en bandera de Álvaro Uribe para atizar aún más la guerra y, por supuesto, fue elegido. Por esas y muchas otras razones el Acuerdo de Paz generó mucha ilusión, pero prácticamente ya se acabó. Lo que vemos ahora todos los días es nuevamente una masacre tras otra.

¿Y que opina del Acuerdo de Paz luego de cuatro años?

Aunque he sido capaz de levantarme, debo afirmar también que he estado al borde de la locura: entregué mis mejores años en una guerra fratricida buscando un país mejor, con justicia, con equidad, pero veo que la lucha de toda una vida se convirtió en un negocio que hicieron los actuales dirigentes del partido Farc y el gobierno de Santos. Hoy me siento engañado, viejo, enfermo, sin empleo y sobreviviendo con una asistencia que me da el Estado y la buena voluntad de amigos y familiares.

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