Hilo, aguja y tecnología para tejer la reconciliación

Noticias destacadas de Verdad y Memoria

En telares sonoros, tejidos con luces led y maletas que envían mensajes de texto, mujeres sobrevivientes a la guerra relatan lo que para ellas es el perdón. Colectivos de tejedoras forman parte del proyecto “Remendar lo nuevo”, con universidades de Colombia y Reino Unido.

Sobre una tela blanca hay bordadas varias figuras: un sol, una puerta abierta, un grupo de mujeres reunidas, corazones o el mapa de Colombia. Al acercar la oreja al sol se escucha la voz de una mujer antioqueña: “En todos los dibujos que mostramos, también mostramos cómo ese amanecer, ese sol, esa vida que nos daba a nosotras la luz”. Y en donde está la puerta se oye otra voz que dice: “La puerta abierta para abrirle el paso a la reconciliación”.

Este telar sonoro lo bordaron en 2019 las mujeres del Costurero Tejedoras por la Memoria de Sonsón, en Antioquia. En cada figura se escucha el relato de por qué la reconciliación va más allá de lo que dicta el mandato religioso. Significa también la compañía de otras mujeres, el sustento diario, la posibilidad de reír, cantar y caminar en su pueblo sin ningún miedo.

Las 16 mujeres fueron víctimas de desplazamiento forzado o testigos de masacres y asesinatos de sus familiares. Eran parte de la Asociación de Víctimas por la Paz y la Esperanza de Sonsón, y en 2009 conformaron el Costurero.

“Si no hubiera sido por la cartografía no nos hubiéramos sacado este dolor que llevamos dentro”, recuerda Luz Dary Osorio, integrante de las tejedoras. En 2013 cosieron todos los retazos que las mujeres bordaron con sus historias como en una línea de tiempo que comienza en 1993. “Yo coloqué una casita vacía y todas llorábamos. Andábamos con esos trapitos sucios porque claro, como no teníamos en qué secarnos las lágrimas cogíamos esas telas. Fue una descarga, pero es lo que nos ayudó a estar reunidas y fortalecernos”.

Artesanías Guayacán en Bojayá, Artesanías Choibá en Quibdó (Chocó) y Mujeres Tejiendo Sueños de Mampuján en María La Baja (Bolívar) también hicieron telares sonoros en 2019. Los cuatro colectivos han usado la costura como una forma de narrar lo que les pasó en la guerra.

Desde 2018 sus tejidos incorporaron lo digital. Para la muestra está “La encomienda sonora” o estos telares a los que les fijaron parlantes en la parte de atrás para que reproduzcan los mensajes de paz y reconciliación de las mujeres.

Con el colectivo feminista Artesanal Tecnológica trabajaron en varios prototipos digitales, para lo que se convertiría en el proyecto Remendar lo nuevo: practicando reconciliaciones a través del quehacer textil y la memoria digital, conformado por investigadoras de universidades colombianas y del Reino Unido, como la Nacional, los Andes, la de Antioquia, la Universidad de Nottingham y Lancaster, con el apoyo de Colciencias en ese entonces.

“La decisión de que se llame Remendar lo nuevo es interesante, porque remendamos la reconciliación, es decir, lo nuevo después de la firma del Acuerdo de Paz con las Farc, que también necesita ser arreglado porque viene con unas afectaciones, con rotos, con hilos sueltos”, explica Eliana Sánchez-Aldana, profesora de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes.

Comenzaron haciendo talleres con cada uno de los colectivos, en los que compartían técnicas de bordado y sus narrativas para hacer memoria del conflicto. “Nuestra propuesta inicial fue imaginarnos ese concepto de reconciliación, darle sabores, colores y olores, porque nos encontramos con mucho escepticismo en ellas por el reto de hacer este proceso, y con toda la razón cuando la guerra sigue vigente en estos lugares”, señala Adriana Villamizar Gelves, socióloga e investigadora del proyecto.

Luego empezaron a hacer textiles digitales testimoniales y mingas digitales, en las que se mezclaban los conocimientos de las tejedoras con la ingeniería, el diseño y las ciencias sociales.

El primer prototipo fue un tejido cosido con hilos de cobre y luces led, que se ilumina cuando más de tres personas se toman de la mano y tocan este textil. “Al principio había un poco de miedo de pronto de encalambrarse, pero ya después decía que era algo sencillo y ya le resuena a uno que muchas somos más fuertes. Con la encomienda sonora yo les decía cómo va a creer uno que esas telas van a dar sonido. Lo dejan pensando como que entre más vivo más cosas se aprenden”, exclama Luz Dary.

En un punto se preguntaron cómo podrían conectar a los colectivos a pesar de la distancia. Así nació “La encomienda”, una maleta tejida que va viajando para recolectar mensajes o regalos que se querían entregar entre los miembros de las organizaciones. Lo digital entra a jugar aquí a través de los celulares, ya que cada vez que se abre la maleta, quienes han enviado los presentes reciben un mensaje de texto que les informa que la encomienda ha sido abierta y el lugar donde se encuentra.

Las mujeres de Chocó, Bolívar y Antioquia se mandaron semillas, poemas, artesanías y bordados. “Era muy emocionante. El solo hecho de recibir la encomienda fue como si nosotras hubiésemos compartido toda una vida al saber que otras mujeres habían tenido la desdicha de pasar por lo mismo que nosotras”, cuenta Yaneth Mosquera, una de las 11 integrantes de Artesanías Choibá, un colectivo que se formó hace 20 años cuando personas de varios municipios de Chocó y el Urabá antioqueño salieron desplazadas por la violencia y se reunieron en el coliseo de Quibdó esperando la atención del Estado.

La teóloga alemana Úrsula Holzapfel les enseñó a algunas mujeres a tejer muñecas, bordar y coser como forma de autosostenimiento y resistencia. Ahora son un grupo de 10 mujeres cabezas de hogar y un hombre que venden muñecas negras de trapo, ropa, bolsos, llaveros y telones.

“Conocí con la encomienda a las mujeres de Sonsón a través de los quitapesares, que son unos muñequitos que tejen a mano en una pieza de madera y que cuando alguien tiene algún problema lo mima o lo mete debajo de la almohada, y eso le da otro horizonte”, agrega Yaneth.

Para Fredy Flórez, el único hombre tejedor en los cuatro colectivos, este proyecto ha sido muy bonito, porque cree que después del desplazamiento forzado se tiene que remendar la vida misma, organizar todo de nuevo desde lo social y la familia. Se han burlado de él por su gusto por el bordado y le han dicho que es homosexual por participar en una actividad que se les ha endilgado tradicionalmente a las mujeres. Sin embargo, eso no le importa y se aleja de los estereotipos. Dice orgulloso que empezó ayudándole a su mamá y ahora es pieza fundamental de este grupo. Se encarga de hacer algunos diseños, de marcar los productos y hacer toda la logística de los encuentros.

Durante esta semana los cuatro colectivo y Artesanal Tecnológica estarán presentando los resultados de Remendar lo nuevo a través de encuentros virtuales. Desde este 7 de septiembre podrán visitar la exposición “Los tiempos de la escucha” en la página artesanaltecnologica.org/tiempos, en la cual están las piezas testimoniales que los cuatro colectivos han hecho con sus trayectorias de vida. También habrá conversatorios con las mujeres tejedoras y el lanzamiento del libro Remendar lo nuevo: compartiendo aprendizajes.

Comparte en redes: