Cuatro años de implementación

La justicia y la verdad avanzan para las víctimas

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Estas son algunas evidencias de que el Acuerdo de Paz está dando sus frutos. Un año atípico con avances en la verdad, la justicia y la reconciliación.

Claro que no todo es color de rosa al hablar de paz. Incluso dicen unos que no hay nada que divida más que la misma paz. Sin duda: no hay paz sobre la paz. Pero, ¿cuál es el mejor camino para que una sociedad encuentre el sendero hacia el progreso y el éxito? ¿Hay alguna alternativa a la paz? Como alemán, me atrevo a responder con un rotundo no.

Tengo claro que el logro de la paz es el fin del conflicto armado, pero también el inicio de una reflexión común sobre qué se hace con la paz, qué forma tomará, a qué futuro llevará al país. En otras palabras: la pregunta que les aporta a los colombianos el Acuerdo de Paz es: ¿cómo quieren que sea su futuro? Eso merece y necesita una discusión abierta, y no hay un atajo para ahorrarse el trabajo de esta reflexión común.

Y, sin embargo, si se le preguntara a cada colombiano si quiere la paz, la respuesta sería positiva. Es un poco como hablar en la noche en un cuarto oscuro con desconocidos sobre un tema que suena familiar, pero del cual nadie tiene la certeza, ¿hablamos de lo mismo cuando hablamos de lo mismo?

Insisto en que Colombia va por buen camino hacia el logro de una Colombia en paz. El proceso colombiano ha corregido errores que cometimos en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. A los alemanes les costó más de 25 años para empezar a hablar del horror que acababan de cometer. La reacción inicial fue el silencio sobre lo ocurrido, la pérdida de memoria, la negación, la sublimación. Una sociedad que cerraba los ojos, pretendiendo que al abrirlos hubiera desaparecido esa realidad con sus actos del Holocausto, de millones de fallecidos, de asesinatos sin fin, de crímenes de lesa humanidad, un país sin victimarios. Desde luego que ese “tapen, tapen” no podía salir bien. Unos años después, los hijos de los padres de la guerra sacaron paulatinamente, de una manera dolorosa, la verdad: sí, fuimos victimarios, sí, asesinamos, matamos y torturamos. Así de dolorosas pueden llegar a ser la memoria y la verdad.

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El Acuerdo de Paz colombiano acaba de cumplir apenas cuatro años y ya tiene mucho positivo que mostrar. Muy a pesar de hechos violentos y asesinatos contra líderes y lideresas que parecieran negar los éxitos y avances del proceso. Colombia no ha tenido que esperar 25 años para mirar de frente al conflicto. El Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición está dando resultados. Aquí sí hay victimarios que están pidiendo perdón. Aquí sí hay víctimas que están exigiendo verdad y reparación. Colombia sí está mirando a la cara su pasado violento, y esa es una garantía para un futuro mejor. El proceso de reincorporación de los desmovilizados es otro punto para mostrar. También se ven éxitos en los proyectos productivos.

Tal vez es el momento de que cada colombiano vaya preparando la respuesta que les dará a las generaciones futuras cuando le pregunten por la paz, los asesinatos y hechos violentos que se siguen presentando. Es el momento también para ir involucrando a esas generaciones futuras en sus responsabilidades presentes con la paz.

Hay algo claro, Colombia no está sola en esto. Alemania y la comunidad internacional la han venido apoyando y la seguirán apoyando. Un ejemplo de este compromiso es la confirmación de una adición por US$23 millones de las naciones del Fondo Multidonante para invertirlos en la consolidación de la paz.

Despido este año atípico, confiado en que 2021 seamos vencedores de la pandemia, y seguro de que Colombia continuará dando pasos firmes hacia la consecución de una sociedad más pacífica.

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