La niñez ha sido testigo del conflicto y tiene su verdad

Synthia Rubio, coordinadora del enfoque de Curso de Vida de la Comisión de la Verdad, explica cómo están trabajando para conocer la verdad de los menores en Colombia. Ya trabajaron en 16 territorios.

En Chocó viven cientos de niños, niñas y adolescentes que piden detener el conflicto armado. / Cristian Garavito - El Espectador

Los niños en la guerra fueron afectados de todas las maneras posibles y además sufrieron la violencia que los actores armados ejercieron contra sus padres. En Colombia tenemos varias generaciones que crecieron en medio del conflicto armado. Eso dice Synthia Rubio, coordinadora del enfoque de Curso de Vida y Discapacidad de la Comisión de la Verdad, un grupo que se encarga de conocer, entender y analizar qué les pasó en la guerra a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad, pero teniendo en cuenta su contexto social, político, económico y cultural para pensar realmente de qué manera el conflicto afectó su vida.

Este sábado, Día de la Niñez, es importante pensar en que los niños y las niñas fueron vulnerados, pero también tienen derecho a alzar su voz para hablar de lo que les hicieron.

¿Qué les pasó a los niños y las niñas en la guerra?

La única idea que tiene la sociedad sobre la relación de los niños y niñas con el conflicto es el reclutamiento forzado, pero son víctimas de violencia sexual, hay niños que nacieron de una violación sexual, otros han sido víctimas de tortura. Si hacemos un listado, los niños han sufrido todo y además han sufrido lo que les han hecho a sus padres. Tenemos varias generaciones de niños que han sido víctimas de la desaparición, el homicidio o el secuestro de sus padres o han sido secuestrados. No podemos pensar que son víctimas indirectas, porque los niños tienen derecho a una familia, y cuando un actor armado desaparece o asesina a un padre o a una madre les está vulnerando ese derecho.

¿Qué van a analizar?

No solamente tenemos que mirar qué les sucedió, sino también en qué territorio estaban, cuáles eran sus relaciones familiares, cuál era el contexto social y político. Porque no podemos decir que el conflicto tuvo el mismo impacto en un niño, niña o adolescente de 17 años en Tadó (Chocó) que en un chico de la misma edad en el norte de Bogotá. Aquí vamos a trabajar con adultos que sufrieron afectaciones cuando eran niños y estoy 100 % segura de que eso tiene unos impactos para toda la vida.

¿Ya empezaron a trabajar con los niños y las niñas?

En el período de alistamiento de la Comisión tuvimos acercamientos con grupos de niños y niñas alrededor del país, un poco para contarles qué es la Comisión, pero también para preguntarles cómo quieren participar, cómo perciben su rol en la construcción de un relato de verdad. En un mes y una semana hicimos 16 espacios con niños de entre 6 y 11 años y otro espacio con adolescentes de diferentes regiones, como Valledupar, Puerto Asís, Bogotá, Barrancabermeja, Norte de Santander y otras.

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¿Cómo logran estos procesos?

Tenemos una mesa técnica de niñez y adolescencia. Es una mesa plural. Hemos contado con el apoyo de la Fundación Plan, Coalico, Unicef, OIM, ICTJ, TDH Alemania, Alianza por la Niñez, y tenemos un espacio de articulación con la mesa de posconflicto del Bienestar Familiar. Estamos trabajando en el fortalecimiento de las comunidades porque la Comisión tiene una vida corta.

¿Qué esperan que quede en los territorios?

Estamos trabajando en el reconocimiento, especialmente con adultos que eran niños cuando fueron víctimas, y en convivencia y no repetición, que es una apuesta importante porque los niños y niñas son esenciales para la no repetición. Ellos son quienes van a liderar procesos y deben tener un papel esencial. Estamos trabajando en seis regiones en un programa con OIM que se llama Travesías por la Verdad, que es una apuesta de no repetición. Es un ejercicio de reconocimiento y de reflexión.

¿Esto qué debe lograr en la sociedad?

La Comisión debe generar una especia de espejo en el que la sociedad se mire y se pregunte qué ha hecho con tantas generaciones de niños. Vamos a culminar un proceso de reconocimiento de los impactos que ha tenido el conflicto armado en la niñez el 20 de noviembre, porque son los 30 años de la convención de los derechos de los niños.

¿Cómo van a llegar a la verdad de los niños y las niñas?

Está la investigación con fuentes secundarias, la revisión de documentos e informes, que la haremos, y están los testimonios, historias de vida y procesos colectivos con niños, pero también con adultos que en su momento fueron niños y niñas. Y tenemos unas herramientas específicas.

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¿Cuáles?

Van en dos vías. La idea es priorizar a los adolescentes por temas de confidencialidad. Para esto tenemos guías e instrumentos previos, como un listado de seguridad: condiciones que se deben cumplir para poder ir a la Comisión, para analizar el riesgo. Estas listas y pasos garantizan que la entrega de testimonio no signifique un trauma ni un problema de seguridad.

¿Cómo se maneja el consentimiento?

Quien da el primer consentimiento informado del testimonio es el niño, niña o adolescente. Es lo primero. Luego, jurídicamente, hay un consentimiento informado, y hemos puesto una serie de condiciones para que el representante legal firme el consentimiento: primero, que haya hablado o explicado el testimonio con el menor o el adolescente, y segundo, que después de esto quiera hacerlo. Lo hacemos porque la voz y los derechos de los niños no se garantizan. Y por eso, para nosotros, el centro de esa voluntad es del niño, niña y adolescente.

¿Cómo se da ese testimonio?

Debe haber una etapa inicial de encuadre, donde haya una generación de confianza, y si lo quiere que esté acompañado por su padre o madre u otro acompañamiento. Es mucho más un diálogo que una entrevista. Si quiere detenerse, si no quiere hablar, si se arrepiente. Todo es válido. Y al final hacemos un cierre. Hay que darle tranquilidad. No nos interesan los testimonios que fueron forzados por la mamá o el papá.

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¿Hay formas distintas al diálogo?

Sí, es una guía con muchas opciones. Hay metodologías más lúdicas y artísticas para tener información desde lo colectivo. Los niños, niñas y adolescentes no solo hablan, también dibujan y escriben. Por ejemplo, en Puerto Asís se nos acercó un niño de 10 años que dijo que quería tomar el micrófono y contar su historia en el conflicto armado. Los niños han sido testigos de barbaridades y tragedias y actos inhumanos. Los niños tienen su verdad.

¿Cómo se articulan con el territorio?

Esta mesa de niñez y adolescencia tiene presencias territoriales. Trabajamos con nuestras organizaciones aliadas. Y trabajamos con todos los enfoques, incluyendo el género y lo étnico, por ejemplo. Pero lo importante es entender todas las dimensiones de lo que ha implicado la niñez en cada territorio.

¿Qué han encontrado que no esperaban?

Lo esperábamos, pero no sabíamos que tenía esa dimensión. Hablo de los niños, niñas y adolescentes testigos. Víctimas que lo han vivido todo. Muchos nos han dicho: a nosotros no nos hablan de ello, pero nosotros sabemos qué pasó. Ellos necesitan armar el rompecabezas porque ya tienen unas piezas. Por eso este año trabajaremos con las víctimas. Y el siguiente año queremos trabajar con responsables.