En el Día del periodista

Las verdades pendientes sobre el periodismo y el conflicto armado

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Ante la Comisión de la Verdad un grupo de reporteros que han cubierto el conflicto armado contaron cómo les afectó la violencia. Dejaron claro que para lograr esclarecer cómo se afectó el oficio deben ser escuchadas las versiones de otros actores que presionaron a los medios de comunicación, aunque no tuvieran armas.

Que en Colombia los periodistas hayan sido amenazados, exiliados y asesinados no es una revelación, aunque debería espantar. Pero las motivaciones de esa violencia, los daños a las vidas individuales, al derecho a la información, a la libertad de prensa y, como consecuencia, a la democracia, todavía están por esclarecerse.

¿Qué pierde un municipio de Arauca cuando asesinan al periodista que mantenía informada a la comunidad? ¿Qué pierde el país cuando un grupo de periodistas dedicados a contar verdades ocultas tiene que exiliarse? ¿De dónde vienen las amenazas? ¿Cuál es la responsabilidad de los jefes de prensa de las instituciones que acomodaron una información sobre una masacre o un desplazamiento? ¿Y cuál la de los periodistas que no la verificaron o contrastaron, sino que la publicaron a ojos cerrados?

Esas fueron algunas de las preguntas que plantearon cinco periodistas en el Espacio de Escucha “Entre el deber de informar y la primicia del conflicto”, organizado por la Comisión de la Verdad este 8 de febrero.

A propósito del Día del Periodista, estas son algunas de las reflexiones que dejaron sobre la mesa Ignacio Gómez, subdirector de Noticias Uno; Juan Diego Restrepo, director de Verdad Abierta; Carmen Rosa Pabón, periodista araucana; Orley Durán, periodista fundador de la Red de Emisoras Comunitarias del Magdalena Medio AREDMAG; y Hollman Morris, periodista fundador de Contravía.

Las presiones sobre el periodismo

La comisionada de la Verdad Martha Ruiz, también periodista, moderó este espacio y comenzó preguntando con una frase ya popular: ¿fue la verdad una víctima de este conflicto?

Una de las respuestas más dicientes la dio Orley Durán, quien contó que, en 1999, cuando surgieron las radios comunitarias del Magdalena Medio, “nacieron con la boca tapada”. No era para menos. La región estaba controlada por los paramilitares y “desde antes de nacer sabíamos que cualquier cosa que informáramos se iba a usar contra nuestra vida, nuestra integridad. Entonces desde el principio, en nuestros manuales de estilo y códigos de ética, asumimos la autocensura periodística, más no de la parrilla de programación, para develar las verdades y ejercer el derecho a la libre expresión”.

Pero esto no se podía hacer de frente, entonces les tocó apelar a la creatividad para “contar la verdad, no desde lo periodístico, sino desde la ficción. Desde el dramatizado radiofónico hasta la fábula, en la que los animales de las historias respondían a actores que hacían parte del conflicto armado”.

Así vivieron hasta 2011, dijo el reportero, cuando sintieron mayor tranquilidad para informar. Pero no era tan cierto. En regiones como el sur de Bolívar empezaron las amenazas. “En municipios como Arenal, Milena Quiroz, lideresa y directora de la emisora La Negrita, fue objeto de judicializaciones y capturas. Luego se demostró que la Fiscalía de Cartagena, cooptada por grupos paramilitares, se prestó para judicializar líderes sociales”.

Los otros responsables

Juan Diego Restrepo, director del portal Verdad Abierta, contó que, a pesar de que en este medio nunca han sido censurados ni han recibido amenazas, la verdad sí ha sido sacrificada y sobre varios temas se ha erigido una coraza que los invisibiliza. El reportero dijo que para encontrar la verdad sobre la afectación del conflicto armado al periodismo, y del papel del periodismo en la guerra, era necesario hablar con otros actores.

Los anunciantes. A ellos deberían preguntarles qué presión ejercieron sobre aquellos que recibían su dinero (los medios) para tergiversar los hechos”. Además, habló de los y las jefes de prensa de las fuerzas militares y de las distintas carteras de gobierno: “que cuenten cómo ellos entregaban unas versiones distintas de homicidios, masacres y desapariciones” que la prensa creyó y publicó. Finalmente, se refirió también a los empresarios. “Al menos a los empresarios antioqueños les hastiaba, a finales de los 90, cómo se quería contar la guerra en los medios de comunicación. Ellos no querían historias de paramilitarismo, querían enfatizar historias dramáticas sobre las Farc, el Eln y la insurgencia, en general. Querían un poco que los medios ocultaran acciones sobre paramilitarismo”.

Manual para acallar periodistas

“Nosotros aquí en Arauca sí que vimos y sentimos en carne propia la estrategia de atacar la verdad. En las regiones sentimos cómo los actores en conflicto quisieron seducir a los periodistas y, si no lo consiguieron, empezaron a estigmatizarlos, a desprestigiarlos y luego a callarlos hasta asesinarlos porque en medio de esto tuvimos muertes de periodistas”, dijo Carmen Rosa Pabón. Para ella una de las estrategias en esta región fue la limitar la libertad de expresión para ir debilitando la democracia. Y dio ejemplos concretos:

“Los actores armados le colocaron una bomba a Radio Caribabare, que nunca más salió al aire. Se quedaron sin información hasta que se fundó una emisora comunitaria en Saravena”. Y agregó: “Cuando asesinan a un periodista, amenazan a otros y se queda sin información un pueblo, es ese silencio es el que más les facilitó la actividad a los actores en conflicto en el departamento de Arauca”.

Por otro lado, Ignacio Gómez, reconocido reportero por su labor investigativa, que ha sido exiliado en tres ocasiones y amenazado innumerables veces, contó que, en 1988, tras las masacres de Honduras y La Negra en Urabá, publicó la noticia en El Espectador. Para entonces, Luis Felipe Becerra Bohórquez, condenado años más tarde por la masacre de Riofrío, coronel del Ejército y jefe de información y prensa del Comando, “fue allá, a mi escritorio, a reclamarme sobre mi noticia de (Punta) Coquitos y La Negra. Me reclamó, yo también le contesté y en medio de la discusión aparecieron las directivas del periódico y frente a ellos les recordó que de él dependía la pauta del Ministerio de Defensa. Es decir, el Ministerio de Defensa tenía como campo de guerra a los medios de comunicación. El autor de esas masacres era el que manejaba a los medios e intimidaba a la mayoría”.

Hollman Morris, quien fue director de Contravía desde 2003 y durante 10 años, hizo un detallado resumen sobre los hechos que vivió como reportero en esos años, como “cuando el presidente Álvaro Uribe me señaló públicamente de aliado del terrorismo, lo que me llevó a un segundo exilio”, o cuando Estado Unidos le canceló su visa arguyendo la misma razón.

Finalmente lanzó una pregunta: “¿qué tanto la estrategia de comunicaciones de una estrategia de guerra llamada la Seguridad Democrática, tenía que ver con deslegitimar al periodista, convertirlo en terrorista, posicionar ante la opinión pública dichos como ‘en Colombia no hay conflicto armado’ o ‘en Colombia no existen desplazados sino migrantes económicos’? ¿Y qué tanto de esa estrategia contó también con un beneplácito de cierto sector oficial de la prensa colombiana, afectando la verdad, la realidad, desnaturalizando las víctimas y afectando el derecho que tienen los colombianos de estar informados?”.

Ideas para que el periodismo contribuya a la paz

Para Ignacio Gómez, lo primero que debe pasar es que se deje “de hacer lo que se está haciendo hoy. Tendrían que dejar los ministros de llamar a las empresas para decir que no anuncien en Noticias Uno. Tendríamos que esclarecer los asesinatos de periodistas”.

El director de Verdad Abierta considera que se deben “fortalecer medios que se desprendan de la adoración al poder”, así como intentar hacer un periodismo explicativo.

Orley Durán, por su parte, ve fundamental que los periodistas, sobre todo de región, se formen en justicia transicional, de modo que ayuden a difundir las ideas que, de algún modo, azuzaron la guerra y contribuyeron a crear varios de los imaginarios que persisten hasta hoy. Otro tema que debe ser investigado.

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