El asesinato de Kimy Pernía fue un crimen de Estado: Salvatore Mancuso

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En diálogo con Martha Cecilia Domicó, hija del líder embera, el exjefe paramilitar dijo que él, como integrante de facto de las fuerzas militares, ejecutó el crimen, y que la información que les llegaba era coordinada con el Estado. Martha Cecilia pudo llevarle flores al sitio donde fue arrojado su padre.

Tuvieron que pasar 19 años para que Martha Cecilia Domicó supiera dónde fue arrojado su padre, Kimy Pernía Domicó, líder del pueblo embera katío. Salvatore Mancuso, el exjefe paramilitar que ejecutó la orden de desaparecerlo, le dijo a Martha Cecilia, vía telefónica, que Pernía fue arrojado en el planchón de Callejas, en Tierralta (Córdoba). Esto después de que su cuerpo fuera sacado de una fosa tras enterarse que la Fiscalía iría a exhumar cuerpos en la zona.

En este diálogo, que fue posible gracias al diálogo de la Comisión de la Verdad con víctimas y responsables y expuesto en el Encuentro por la Verdad sobre la verdad indígena a través de un video, Mancuso también aseguró que el asesinato es un crimen de Estado.

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“Lo del líder indígena Kimy Pernía Domicó fue un crimen de Estado. Yo como miembro de facto del Estado recibí una orden del comandante Carlos Castaño de asesinar al líder Kimy Pernía Domicó. Las excusas que estaban dando, porque ustedes recordarán que el Estado los censaba y les impedía ingresar a la zona de manera libre porque decían que ustedes alimentaban a los grupos subversivos a la zona, y cuando iban a construir la hidroeléctrica (Urrá), empezaron las acciones sistemáticas del Estado colombiano guiadas a debilitarlos a ustedes y terminar cualquier intento de reivindicar o materializar sus derechos. Es por eso por lo que empieza esa pugna tan grande y empiezan a censarlos, no les permiten ingresar alimentos libremente, nosotros hacíamos retenes en el río, mirábamos las canoas que subían”, explicó el excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Mancuso también dijo que quería reencontrarse con las comunidades para hacer actos de perdón y de reconciliación con otros actores y el Estado: “Ustedes van a conocer cómo a nosotros las instituciones del Estado, cuando ustedes hacían presiones ante ellos, cómo llegaban esas informaciones a nosotros para que de una u otra manera los desembarazáramos de esa presión”.

En la conversación con Mancuso, Martha escuchó atenta y le dijo que no tenía rencores. “Yo esperé tantos tantos años que ahora voy despejándome. Yo le dije a Dios: yo sé que él algún día va a decirme la verdad, y nosotros no vamos a corresponderle con violencia. Estoy agradecida de que usted me está comentando todo esto. Señor Mancuso, ya me ha dicho qué hicieron con él. Vamos a llevarle a Callejas y voy a llevarle las rosas allá para que él tenga la tranquilidad”.

En el clip también se evidencia cómo Martha Cecilia Domicó pudo, por fin, ir a llevarle flores a su padre. Se paró frente al río Sinú y arrojó rosas. También le expresó: “Te regalo este ramo de flores, siempre te voy a pensar, las palabras que tú me decías como mi papá, como mi profesor”.

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Kimy Pernía Domicó era un líder del pueblo embera katío de Tierralta Córdoba. Como vocero de su pueblo se opuso a la construcción de la represa de Urrá, una hidroeléctrica que finalmente intervino el río Sinú. Trabajó desde la incidencia internacional y las acciones legales para impedir el trabajo de esta multinacional. Interpuso una acción de tutela que salió a favor de los indígenas en 1998, porque la empresa nunca hizo una consulta previa. Pero el proyecto y los incumplimientos continuaron, así que también expresó ante el parlamento canadiense y la Comisión de Derechos Humanos de las Iglesias Canadienses la delicada situación de su comunidad indígena.

Pernía fue desaparecido el 2 de junio de 2011 y asesinado por hombres al mando de Salvatore Mancuso, enterrado en una fosa y exhumado para luego ser arrojado al río Sinú, según ha contado el excomandante paramilitar. La razón fue su oposición al proyecto hidroeléctrico, reforzado, como le dijo a Domicó, con la idea de que los indígenas embera eran guerrilleros o auxiliadores de grupos subversivos.

“A Kimy lo torturaron, le dieron muerte atado de pies y manos y su cuerpo nunca fue enterrado con todos los honores que su dignidad merecía, todo por defender a su pueblo”, le dijo Nora, una nokó o jefe embera, a El Espectador en 2011, a los diez años de su asesinato.

En este encuentro significativo también se manifestaron exmiembros de la antigua guerrilla de las Farc, como Rodrigo Londoño y Ubaldo Zúñiga.

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