Se desarrolló a finales del 2000

Operación Berlín: el calvario de los niños reclutados por las Farc

Seis sobrevivientes de esa acción ocurrida en Santander, en la que murieron 74 menores de edad, recordaron los abusos cometidos por esa guerrilla y por el Estado. Quieren ser escuchados y saber la verdad.

Samuel hizo parte del encuentro de 20 sobrevivientes de la operación Berlín que se dio en marzo en Villavicencio. / Mauricio Alvarado

Samuel* vivía en el Guaviare y fue reclutado por las Farc cuando tenía 10 años. El frente 44 de esa guerrilla se aprovechó de su situación de vulnerabilidad y lo enganchó con facilidad a la guerra. A esa edad, él ni siquiera conocía el abecedario. Cuando Samuel se desvinculó del grupo, a los 13 años, aún no había aprendido a leer: “No sabía ni poner mi nombre en un papel”. En la insurgencia aprobó cursos de francotirador, artillería y otros que le fueron impartidos en una escuela ubicada en Caño Jabón, Mapiripán, para ir a combatir. Su historia en las Farc terminó en medio de uno de los capítulos más crueles del conflicto armado en Colombia.

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El 18 de noviembre del 2000 el Ejército atacó a un grupo de guerrilleros de las Farc que iba desde la zona de distensión (42.000 kilómetros entre Meta y Caquetá) al Magdalena Medio. Los combates empezaron en el corregimiento de Turbay, Suratá (Santander). La acción militar fue bautizada Operación Berlín, debido a que se dio en el páramo con ese nombre. Combatían a la columna móvil Arturo Ruiz, que se conformó en el año 2000, bajo el mando de Rogelio, quien le rendía cuentas al Mono Jojoy. La columna, que llevaba seis meses de caminata, estaba compuesta por seis compañías, unos 362 guerrilleros, de los cuales 150 eran menores de edad. Entre ellos Samuel.

Samuel ya es un adulto y está sentado junto a otras cinco personas (cuatro mujeres y un hombre) que sobrevivieron a esa acción militar en la que murieron por lo menos 74 niños y niñas. Las seis víctimas con las que hablamos aseguraron que el Ejército ejecutó a menores de edad que se rindieron. Incluso Samuel, que se entregó a la Fuerza Pública, cuenta que lo querían asesinar desarmado. “A dos compañeros y a mí nos tendieron en el suelo, pero un teniente dijo que si nos mataban lo tenían que matar a él”, relata.

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Según la prensa de la época, el 28 de noviembre, el Ejército tenía información de que en la columna había por lo menos 100 menores de edad. El general Jorge Enrique Mora, en ese momento comandante del Ejército, fue a la Quinta Brigada (Bucaramanga) a supervisar el operativo. Desde allá dio declaraciones: “Este es uno de los mejores resultados del Ejército”. En la edición 195 de la Revista Ejército, publicada por esa institución, se catalogó la acción como una “operación histórica”. El saldo: “Se capturaron 118 subversivos y se neutralizaron 62 más”.

Los sobrevivientes desmienten esa versión. “Los militares decían que nosotros habíamos sido ‘rescatados’, pero hubo torturas para algunos capturados”, dice Gabriela*, quien fue reclutada a los 12 años de edad en Caquetá.

Los niños fueron trasladados en helicóptero a la Quinta Brigada del Ejército, en Bucaramanga. El Estado no tenía una ruta de atención para menores de edad desvinculados. Samuel y sus compañeros lo padecieron.

A Bogotá llegaron dos aviones con 57 niños provenientes de los combates. Recibieron un trato descoordinado, algunos fueron a parar a correccionales y fueron judicializados. Otros llegaron a fundaciones como Semillas de Amor o corporaciones como Gente Nueva y El Cedro. “Fuimos tratados como infractores. Nos mandaron a fundaciones con drogadictos, ladrones, donde se hacían terapias de choque”, asegura Diana*, que fue reclutada a los 12 años en el Meta.

“El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar no tenía ni idea de cómo restituir los derechos, porque nunca había trabajado con adolescentes provenientes de la guerra”, asegura una mujer que no estuvo en la operación, pero que conoce el caso de cerca y pidió que no se revelara su identidad.

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La atención psicológica que recibieron no logró sanar sus heridas. Gabriela cuenta que los profesionales que los atendieron no estaban bien preparados. “Uno empezaba a contarles y ellos terminaban llorando. Se acababa la sesión y me iba peor de lo que había llegado”, rememora.

Samuel llegó a la Corporación Gente Nueva. Allí tampoco aprendió a leer. Luego fue trasladado a un albergue para reinsertados y cuenta que un día le pidieron llenar un formato y le dijo a una compañera que lo completara porque él no sabía escribir. “Dos semanas después me llegó el diploma de bachiller”, asegura. Las quejas sobre la educación que recibieron las comparten los seis. Eran cursos de 64 horas: “Yo hice el de panadería y cuando presento ese certificado se burlan”, cuenta Natalia*, quien fue reclutada a los 12 años en el Guaviare. Ante la falta de oportunidades, algunos sobrevivientes se unieron a otros grupos armados y otros incluso durmieron en la calle.

A Samuel, el Estado le entregó un dinero para establecer un proyecto productivo. Sin embargo, esos recursos los recibió cuando lo sacaron del albergue en el que estaba. Compró utensilios para poder irse a vivir a una casa. “Usted sabe que uno no vive parado”, argumenta. Tampoco han recibido la reparación administrativa a la que tienen derecho.

El 24 de marzo se reunieron en Villavicencio 20 sobrevivientes de la operación Berlín. “Cuando nos encontramos fue una felicidad muy grande, porque comentábamos que muy seguramente los otros habían reincidido. No había oportunidades”, dice Gabriela. En el encuentro elaboraron un informe con sus testimonios: Operación Berlín, memorias del olvido.

En septiembre de 2015 el Juzgado Tercero Penal Especializado de Bucaramanga condenó a Rodrigo Londoño, Iván Márquez y otros excomandantes de las Farc por el reclutamiento forzado de los niños de la columna Arturo Ruiz. En el fallo se mencionan otros delitos, como la planificación forzada. Sin embargo, no hay condenas por las violaciones a los derechos humanos que cometió el Ejército. A través de un grupo consultor, compuesto por jóvenes víctimas de reclutamiento, Benposta ha documentado las violaciones de derechos humanos cometidas por los actores armados del conflicto. Entre ellas el caso de los sobrevivientes de la operación Berlín. Human Rights Watch también relató ese sufrimiento en el informe Aprenderás a no llorar.

Los sobrevivientes confían en que el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición les permita saber la verdad después de 19 años. Dicen que todavía hay compañeros suyos desaparecidos durante la operación. “En este momento no nos han dicho en dónde están sus cuerpos”, dice otro excombatiente. Lo que más les interesa es que los responsables reconozcan lo que hicieron. “Inicialmente deben reconocernos como víctimas: existió una operación Berlín y no es como la cuenta el Estado”, asegura Gabriela. Asimismo buscan ser escuchados: “Mientras no haya un oído dispuesto a escucharnos, la verdad nunca se va a esclarecer”, complementa. Las preguntas están sobre la mesa. Solo falta que alguien muestre disposición a responder a las víctimas.

*Nombres modificados por petición de los entrevistados.