Kimy Pernía: la historia del líder indígena desaparecido por el que pidió perdón Mancuso

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Carlos Castaño y Salvatore Mancuso confesaron que la oposición de Pernía a la puesta en marcha de la represa la Urra I, en Córdoba, fue el motivo de su asesinato y desaparición hace 19 años. Él fue la guía en la defensa de los derechos humanos y ambientales para su comunidad Embera Katío.

Martha Cecilia Domicó recordó cómo fue la desaparición de su padre, el líder indígena Kimy Pernía Domicó: él iba hacia la Fiscalía de Tierralta (Córdoba) y en cada esquina de esa cuadra ya había un hombre. Lo tenían rodeado. Luego lo agarraron dos personas que iban en un moto y lo desaparecieron. Desde ese sábado, 2 de junio de 2001, ni ella ni la comunidad embera katío del Alto Sinú volvió a saber nada de él.

“Él había dicho estas palabras: a mí me están amenazando, ya tengo problemas. Pero mientras esté vivo no voy a permitir todo lo que están haciendo, asesinando a nuestros líderes”, añadió Martha. Este fue su testimonio y la forma de recordar a su padre durante el Encuentro de Reconocimiento a las familias buscadoras de desaparecidos de la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos el 28 de agosto de 2019.

“A Kimy lo torturaron, le dieron muerte atado de pies y manos y su cuerpo nunca fue enterrado con todos los honores que su dignidad merecía, todo por defender a su pueblo”, le dijo Nora, una nokó o jefe embera, a El Espectador en 2011, a los diez años de su asesinato.

¿Qué significa la desaparición de un líder indígena para su comunidad? “Nadie se atrevía a hablar, a manifestarse, todo se puso muy débil, fue decayendo”, según Martha. La ausencia de Kimy Pernía fragmentó la defensa de los derechos del Cabildo Mayor del Alto Sinú, aquel que él ayudó a constituir en 1998.

Nació a orillas del río Kuranzado, en la comunidad de Bengido en Tierralta, en 1950. Como lo documenta la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, su padre Manuelito Domicó, el nokó o jefe de los emberas, lo llamó Juan, aunque ya siendo adulto adoptó como nombre Kimy, que significa punta de lanza.

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A comienzos de los años noventa fue la voz que se alzó en contra del proyecto hidroeléctrico Urra I por la afectación ambiental que tendría sobre el territorio y el río Sinú. Al lado de Alonso y Lucindo Domicó intentó frenar la puesta en marcha de este proyecto a través de la movilización social, comenzando por la recordada marcha Do Wambura (Adiós río).

Fue en 1995 cuando lograron que alrededor de 1.000 indígenas se movilizaran a pie o en sus barcas desde el resguardo de karagabi hasta el municipio de Lorica. Un año después vino la toma de la Embajada de Suecia en Bogotá y en 1999 de nuevo convocó la Gran marcha embera hacia Bogotá, que comenzó el 29 de noviembre y que terminó en el Ministerio de Medio Ambiente, el 26 de abril del 2000.

A la par de su liderazgo social, Kimy trabajó desde la incidencia internacional y las acciones legales para impedir el trabajo de esta multinacional. Interpuso una acción de tutela que salió a favor de los indígenas en 1998, porque la empresa nunca hizo una consulta previa. Pero el proyecto y los incumplimientos continuaron, así que también expresó ante el parlamento canadiense y la Comisión de Derechos Humanos de las Iglesias Canadienses la delicada situación de su comunidad indígena.

En una entrevista al filósofo francés Bernard Henry-Lévy en 2001, el entonces jefe paramilitar Carlos Castaño le confesó que había asesinado a Kimy porque impedía el funcionamiento de la represa. En 2007, el excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia Salvatore Mancuso -que hoy está a la espera de ser extraditado o no a Colombia para responder por sus delitos – también confirmó que ellos fueron los autores de su muerte y la desaparición de su cuerpo.

En su versión libre dentro de Justicia y Paz, el 15 de enero de 2007, aseguró que la orden de matar a Kimy Pernía fue dada por Castaño y ejecutada por John Henao (alias ‘H2’), cuñado y escolta de Castaño. Luego del secuestro en Tierralta, su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Y añadió que en 2002, cuando las AUC se enteraron de que la Fiscalía haría exhumaciones en la zona, ordenó sacar los restos para que los arrojaran al río Sinú.

El asesinato y desaparición forzada de Kimmy Pernía sigue en la impunidad. Según la Comisión Colombiana de Juristas, los miembros que participaron activamente en este caso fueron asesinados antes que la Fiscalía los vinculara. En el caso de Mancuso, antes de ser extraditado, fue declarado responsable del homicidio -no de la desaparición forzada- y se le impuso una pena de 150 meses por acogerse a sentencia anticipada, lo que significaba un descuento del 50% de la condena.

Su compañero Lucindo también fue asesinado. Luego de casi veinte años hay completa impunidad en sus casos y no se ha dado ningún proceso de reparación al Cabildo Mayor del Alto Sinú. Por eso la comunidad embera katío exige el regreso a Colombia de Mancuso, para que les diga la verdad sobre el paradero de su cuerpo y las personas que estarían detrás de su asesinato.

Este 1 de septiembre, en un encuentro telefónico con Mancuso en Apartadó, propiciado por la Comisión de la Verdad y la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, un líder embera le pidió al exjefe paramilitar que les expliqué por qué le hicieron tanto daño a esta comunidad.

“Pido perdón por las afectaciones más grandes a todas las comunidades y especialmente a la suya en el caso del líder Kimy Pernía a manos de las autodefensas”, le respondió Mancuso. También confirmó que su cuerpo sí había sido arrojado al río Sinú y que apenas tenga las garantías jurídicas y físicas para volver a Colombia se compromete a regresar para contar la verdad sin mordazas.

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