Así fue el encuentro “Hablemos de verdad”

Tras las razones de la guerra en el Cesar

La financiación de ganaderos a los grupos armados y la afectación a territorios campesinos e indígenas fueron algunas de las verdades discutidas ayer en este diálogo en tierra vallenata.

El excomandante de las Farc Abelardo Caicedo Colorado (a la derecha), conocido en la guerra como “Solís Almeida”, y el exjefe de las autodefensas Óscar José Ospino o “Tolemaida” (izq.). / Óscar Pérez - El Espectador

Dos de las personas más temidas en la región Caribe, el excomandante de las Farc Abelardo Caicedo Colorado, conocido en la guerra como Solís Almeida, y el exjefe de las autodefensas Óscar José Ospino o Tolemaida se sentaron ayer por primera vez juntos, en medio de un auditorio lleno de víctimas y líderes sociales, para reconocer el daño que causaron en la guerra y pedir perdón por ello.

Durante el encuentro “Hablemos de verdad”, realizado en Valledupar y organizado por Colombia 2020, en apoyo con la Embajada de Alemania y en asocio con la Unión Europea, ambos confirmaron las verdades que para el pueblo vallenato han sido esquivas y difíciles de hablar.

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Pero estas no afloraron solo de su parte. Empresarios, artistas, lideresas campesinas, indígenas y una representante de la Comisión de la Verdad también explicaron las razones detrás del conflicto armado en el Cesar.

Una de estas fue la financiación del sector ganadero a los grupos armados en el departamento desde mediados de la década de los 90. Hernán Araújo Castro, gerente del Fondo Ganadero del Cesar, señaló que no todos los ganaderos tuvieron relación con estos actores armados y quienes los auspiciaron lo hicieron en respuesta a una ausencia estatal.

“Para proteger la actividad que generaba sus ingresos, lógicamente que los ganaderos buscaron la seguridad. Si el Estado desapareció y aparecieron las guerrillas, terminaron vinculados en eso. Pero lo hicieron hasta que las exigencias se salieron de control. Fue ahí cuando se dio la presencia de las autodefensas, que pusieron orden”, dijo el empresario.

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Por estas circunstancias cree que el gremio ha sido estigmatizado, sobre todo en Bogotá, donde son vistos como “terratenientes, pudientes y hasta paramilitares”, y donde no hay claridad sobre lo que hacen los empresarios y ganaderos en el Cesar.

En respuesta a estas afirmaciones, Óscar José Ospino, exjefe del bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), afirmó que llegaron a la región como invitados y encontraron quién facilitara su expansión: “La guerra no se hace a punta de empanadas, de tómbolas. La guerra cuesta mucho. Todo el mundo financió. Lo ganaderos pagaban, el comercio pagaba, obligados o voluntariamente”.

Tras escuchar la intervención de Araújo y de Ospino, la comisionada de la Verdad para la región Caribe, Marta Ruiz, hizo un llamado a que como colombianos entendamos que la mayoría de las víctimas de la guerra fueron civiles y que es importante preguntar qué entendemos por seguridad.

“Los grupos armados, e incluso las instituciones del Estado, participaron en terribles fenómenos como las ejecuciones extrajudiciales. Estos grupos estaban en una guerra, con su agenda. Pero las víctimas fueron civiles. Tenemos que ver qué tipo de seguridad necesitan estos territorios: la seguridad humana, la colectiva, la que deben brindar las instituciones legalmente constituidas”, aseguró Ruiz.

La comisionada señaló la importancia de que la verdad sea restaurativa, para “que nos ayude a entender qué nos pasó y a unirnos como sociedad”. Pero eso sólo es posible en tanto “se llamen las cosas por su nombre”, haciendo referencia al respaldo que tuvieron las autodefensas de grupos de ganaderos en esta región.

Otra de las verdades mencionadas en el diálogo fue cómo los grupos armados afectaron el territorio. Leonor Zalabata, lideresa del pueblo arhuaco, mencionó que los pueblos indígenas fueron los más golpeados, porque el conflicto afectó los lugares que para ellos son “sacros”. Lo mismo sucedió con la tierra campesina. Marta Forero, lideresa de la Serranía del Perijá, sostuvo que han sido comunidades que, en medio del abandono del Estado, tuvieron que vivir los combates entre las Farc, el Eln y las autodefensas.

En ese sentido, Ospino les pidió perdón a los pueblos indígenas, a los campesinos y a las mujeres víctimas de violencia sexual por los crímenes cometidos contra ellos. A esa petición se sumó Abelardo Caicedo Colorado, miembro del partido FARC, quien además reconoció que las afectaciones al gremio ganadero fueron “demasiado desagradables” e incluso generaron una discusión interna en el frente que él comandaba.

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El encuentro se cerró con un abrazo entre ellos y algunos asistentes, como Jaime Palmera, hermano de Ricardo Palmera, conocido en la guerra como Simón Trinidad, quien agradeció, como otros invitados, el espacio de diálogo en el que por primera vez el pueblo vallenato se vio cara a cara con dos de los hombres más temidos en la guerra en el Cesar, desarmados y dispuestos a responder por tantos años de violencia y dolor.