“Hablemos de verdad” en Bogotá

Un llamado a no temerle a la verdad del conflicto

Víctimas, artistas, excombatientes de las Farc, las Auc y la Fuerza Pública, representantes del Gobierno y empresarios hablan sobre los miedos para construir el relato de la guerra.

Luis Eduardo Cifuentes, de las Auc; el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, y Rodrigo Londoño, jefe del partido FARC. / Gustavo Torrijos.

¿Por qué es tan difícil hablar de la verdad del conflicto armado en Colombia? Esa es la pregunta que hoy reúne a víctimas, líderes sociales, artistas y antiguos actores de la guerra en un mismo escenario en Bogotá, en una oportunidad para hablar con franqueza de cómo llegamos a vivir una tragedia que ha dejado casi nueve millones de víctimas.

Rodrigo Londoño, conocido en la guerra como Timochenko; Luis Eduardo Cifuentes, también llamado el Águila cuando fue comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia en Cundinamarca; Rafael Colón, general de la reserva activa de las Fuerzas Militares, y el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, son algunos de los participantes que dialogan por primera vez en el encuentro “Hablemos de Verdad”, organizado en Bogotá por Colombia 2020 de El Espectador, con el apoyo de la Embajada de Alemania en Colombia y en asocio con la Unión Europea.

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Junto a ellos estarán mujeres que sufrieron el conflicto, como Aída Quilcué, lideresa indígena del norte del Cauca, y Clemencia Carabalí, lideresa del Proceso de Comunidades Negras. Así como Miguel Ceballos, alto comisionado para la Paz, y Jorge Ballén, presidente del grupo empresarial Panaca.

Como preámbulo del encuentro que se lleva a cabo desde las 8:00 a.m. en el hotel JW Marriott, el ahora presidente del partido político FARC, Rodrigo Londoño, el padre Francisco de Roux y Luis Eduardo Cifuentes, quien ahora es miembro del consejo departamental de Paz de Cundinamarca, le contaron a Colombia 2020 cómo ven la posibilidad de reconstruir la verdad de 52 años de guerra que abrió el Acuerdo de Paz firmado en La Habana.

El temor de la verdad
“La verdad es particularmente difícil porque nos aboca a poner en evidencia responsabilidades, intereses y complicaciones serias que hay entre nosotros”, dijo el padre De Roux durante una conversación previa al encuentro de hoy.

“Se trata de buscar una verdad que nos dé una comparación profunda de lo que nos pasó y nos ayude a construir el futuro en medio de las diferencias”, señala. De Roux tiene en sus manos, junto con diez comisionados más, la misión de esclarecer qué pasó en el conflicto armado, teniendo en cuenta la resistencia de las víctimas y los testimonios de reconocimiento de los victimarios en un informe que tendrán que entregar en dos años y medio.

Uno de los retos que señala a propósito de la búsqueda de verdad es el miedo que todos tenemos a cambiar. “Tiene que cambiar la forma de dirigir el Estado, tienen que cambiar los partidos políticos, debe cambiar la manera en la que planteamos la economía, la forma como desarrollamos el campo. Tenemos que cambiar nosotros mismos”, recalca.
Para Rodrigo Londoño, el principal miedo es que la verdad “nos muestre las equivocaciones que tuvimos”. Aunque afirmó que para él y los demás excombatientes de las Farc, la implementación del Acuerdo no está resultando tan fácil como la esperaban, sí fue de suma importancia que desde La Habana (Cuba) se tomara la decisión de trabajar por la verdad colectiva.

“No me arrepiento de haber tomado el camino que tomé, pero ahora, al ir conociendo la verdad y al trabajar sobre ella, uno dice que hubo cosas que no se debieron hacer como se hicieron”, agregó.

Otro es el camino que ha recorrido Cifuentes. Tras su desmovilización en diciembre de 2004 se acogió a la Ley de Justicia y Paz, en la que, según él, contó la verdad de los delitos que cometió siendo jefe paramilitar en Cundinamarca.

Para él, la dificultad de desenterrar la verdad de los paras 15 años después de su desmovilización está en que “cada uno tiene su propia versión y hay quienes quieren escuchar un relato que nosotros no tenemos, pero las verdades que sucedieron dentro de este conflicto las hemos dicho en los estrados judiciales. Es difícil que la verdad absoluta y total esté en este momento y que la gente esté conforme”.

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El padre De Roux y Londoño coincidieron en que es el momento de que todos los sectores de la sociedad colombiana pierdan el miedo a contar lo que ocurrió durante el conflicto armado y que, a partir de entender las diferencias, se construya una sociedad mejor.

Londoño hizo un llamado al gobierno de Iván Duque para que lidere un pacto por la verdad en todo el país. “Si desde arriba no se quiere impulsar ese acuerdo, comencemos a construirlo desde abajo”, señaló.

Asimismo, dejó claras las diferencias que tiene con el Gobierno a la hora de hablar de un acuerdo político: “Aquí estamos hablando de un pacto que nos lleve a la reconciliación de verdad y al compromiso de no seguir utilizando la violencia en el ejercicio de la política y de los conflictos que necesariamente se van a seguir presentando en la sociedad. Ellos están llamando a un pacto distinto para atacar el corazón de los Acuerdos de La Habana”.

Para el padre De Roux, construir la verdad del conflicto es la “manera de rescatarnos como seres humanos”. Sostuvo que espacios como el que se tiene hoy en Bogotá, donde se sentarán personas que vivieron la guerra en distintas orillas, ofrece la posibilidad de “crear un escenario de confianza. Pero estas verdades deben ser constructivas y deben tener en cuenta el dolor de las víctimas y la determinación de que esto nunca más puede volver a pasar”.

Cifuentes, quien pasó casi 12 años en la cárcel, rememoró sus encuentros con comandantes de la guerrilla de las Farc en prisión: “Presencié cómo un comandante de autodefensa le pedía perdón a un exguerrillero porque le había matado al papá”. Y reconoció que uno de los principales aprendizajes que le dejó su vida en prisión fue haberse dado cuenta de que la guerra la hicieron los más pobres, los abandonados por el Estado. Lo descubrió, relató, cuando vio a la cara a sus antiguos enemigos: unos jóvenes que tenían sueños sin cumplir porque la exclusión en el campo los dejaba sin oportunidades.

Darles la cara a las víctimas
Londoño resaltó que con la firma del Acuerdo de Paz con el Estado, su organización se ha enfrentado en varias ocasiones a su deber de pedir perdón y explicar por qué cometieron masacres, asesinatos y desplazamientos contra la población civil que nada tuvo que ver con la guerra.

Aunque han dado estos primeros pasos en lugares como Bojayá (Chocó), donde las Farc lanzaron una pipeta de gas dentro de la parroquia el 2 de mayo de 2002, lo que provocó la muerte de 79 víctimas por la explosión, son cientos los hechos victimizantes que siguen sin respuesta y sin un porqué.

“No fue fácil ir allá. No fue fácil enfrentarnos a esa tragedia. Es el chip que hay que cambiar. Aquí no se trata de ver cuántos matamos y cuántos años de cárcel tendremos y ya. Es ver cuál fue el papel que cada uno tuvo en esos hechos y por qué y en qué contexto se dieron”, explicó Londoño acerca de la importancia de darles prioridad a las víctimas.

Con respecto al proceso de paz con los paramilitares, y a pesar de que hubo cientos de audiencias donde las víctimas participaron, en la sociedad todavía queda el sinsabor de que faltan muchas cosas por saber, sobre todo con respecto a la relación de los paramilitares con empresarios y políticos.

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“Es muchísima la verdad que los miembros de las Auc que entraron a Justicia y Paz han dicho. Creo que la Fiscalía no ha mostrado las estadísticas de las personas que fueron privadas de la libertad por esos testimonios. Los anaqueles están llenos de información que dimos en los estrados judiciales que de pronto no se le ha mostrado al país. Es una cantidad muy grande de personajes de la vida pública de este país que está en prisión por la verdad dicha por las Auc”, aseguró Luis Eduardo Cifuentes.

Respecto al reconocimiento de responsabilidades de todos los involucrados en la guerra, Francisco de Roux señaló que “lejos de disminuir la reputación de la persona, la engrandece, porque es poner en evidencia que en todas las pretensiones, ya sean del Ejército, de las Farc, de los paramilitares y de los mismos presidentes, hay fragilidad humana. Eso nos ayuda a ponernos en el mismo piso a todos”.

Para el sacerdote, el acto grande de quienes estuvieron en la insurgencia es decir: “Deponemos las armas y decidimos trabajar por este país, al lado de las víctimas, aceptando la justicia transicional. Esa es nuestra manera de aceptar responsabilidades jurídicas”. 

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