“Una luz por su memoria”: relatos de los concejales de Rivera asesinados por las Farc

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En el texto, familiares de los nueve cabildantes asesinados por la columna móvil Teófilo Forero, el 27 de febrero de 2006, en Huila, describen las personalidades y la historia de sus seres queridos para que no sean olvidados. En el acto de lanzamiento del libro, las víctimas pidieron verdad sobre lo sucedido.

Como si no hubiera pasado ni un mes del asesinato de sus seres queridos, los familiares de los nueve concejales del municipio de Rivera (Huila), masacrados por la antigua guerrilla de las Farc, el 27 de febrero de 2006, mantienen un recuerdo fresco de sus vidas, que va acompañado por un clamor irrestricto de verdad y justicia.

Ya se cumplen 15 años de lo que en su momento fue una tragedia anunciada. Los cabildantes se posesionaron en enero de 2004 y desde entonces no pararon las amenazas por parte de distintos grupos armados. En mayo de 2005, desesperados por las intimidaciones, los concejales presentaron una renuncia colectiva que fue desestimada por las autoridades y por el mismo Gobierno Nacional.

De nada valieron sus acciones para protegerse, porque la Columna Móvil Teófilo Forero, adscrita al Bloque Sur de las extintas Farc, asesinó después del mediodía, en el hotel campestre “Los Gabrieles”, a los concejales Luis Ernesto Ibarra Ramírez, Jaime Andrés Perdomo, Alfair Arias, Octavio Escobar, Selfides Miguel Fernández, Héctor Iván Tovar, Moisés Ortiz Cabrera, Desiderio Suárez y Aníbal Azuero.

Los estudios forenses y criminalísticos indicaron que los políticos fueron asesinados con armas largas y rematados con tiros de gracia. Luego de 15 años, los familiares piensan que faltan esclarecer hechos. Exigen que los responsables les cuenten la verdad y que la justicia condene a los responsables de esta masacre.

Meses después de lo ocurrido, la Corte Suprema de Justicia imputó a Gil Trujillo, uno de los tres cabildantes sobrevivientes a la masacre, quien fue acusado de colaborar con la guerrilla para matar a sus compañeros. A su vez, un juzgado penal en Neiva sentenció a 39 años de prisión a Hernán Darío Velásquez, conocido como El Paisa, y a 31 años a Wilkin Lugo o Hernán, entonces líderes de la Teófilo Forero.

Para Martha Aguirre, cuñada de Desiderio Suárez, las condenas fueron en vano porque “ninguno contó verdades completas. A Lugo lo soltaron en 2017, con el Acuerdo de Paz, y Hernán Darío Velásquez es ahora disidente de las Farc. Nadie nos quiso responder”, aseguró.

A pesar de que el panorama judicial sigue turbio, el deseo por conservar su memoria prevalece y se ilustra con el libro Una luz por su memoria: nueve vidas para no olvidar, un relato de la vida personal de cada uno de estos hombres, con el testimonio de sus familias y el acompañamiento del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Según cuentan los investigadores que compilaron las voces para construir este texto, escrito y editado por las fundaciones Continuar y Sonrisas de Colores, con el apoyo de la Agència Catalana al Desenvolupament, la Generalitat de Catalunya y la organización Opción Legal, la idea de esta manifestación de memoria es la de reconstruir la vida de nueve servidores públicos arraigados a su comunidad a través de un “texto alegre y lleno de vida”.

William Mancera, líder de la investigación, le dijo a este medio que al final del día Una luz por su memoria es un producto sanador, a partir del sentir de las familias de estas personas, que puede servir como “un proceso reparador y que le muestra al país quiénes eran estos concejales y por qué no deben ser olvidados”.

A su vez, el investigador señaló, en medio del evento del lanzamiento del libro, llevado a cabo en el hotel “Los Gabrieles”, que el texto además de dignificar a las víctimas, puede abrir un precedente para que en el Huila se abran más espacios de memoria. “Este departamento fue estratégico para muchos actores armados. Ahora, lo menos que se merecen sus víctimas son acompañamientos masivos a sus procesos de memoria”, concluyó.

Este mensaje lo compartió Jenny Lopera, directora técnica de la Dirección de Construcción para la Memoria del CNMH, quien aseguró que los lectores de este libro no verán en sus páginas sólo lo que pasó el día de la masacre, sino que podrán saber cómo eran estas personas en sus facetas de líderes comunales y campesinos.

“Las familias quieren contar y saber verdades que no generen odios, sino que garanticen que este tipo de hechos no vuelvan a ocurrir jamás. Los familiares llevan algunos de sus procesos con la Comisión de la Verdad (CEV) y esperan tener lugar en el informe que ellos emitirán a final de año”, agregó Lopera.

Las voces de las víctimas

Martha Aguirre, fuera de ser familiar de uno de los asesinados, con los años se convirtió en la vocera de estas nueve familias riverenses y una de las más escépticas con las verdades recibidas y con el acompañamiento estatal. Las verdades de las Farc, para ella, hasta ahora han sido una decepción. Asegura que han tenido tres momentos para reunirse en los que “salen con cuentos increíbles de creer”.

“Esas reuniones no han tenido sentido y en parte por eso hemos frenado nuestros procesos de diálogo. En una ocasión mandaron unos delegados que nos dijeron que ellos ni eran de la región ni pertenecieron en la guerra al frente responsable de la masacre. Otros nos dijeron que su intención era secuestrar y no asesinar. Pero, ¿por qué había muestras de tiros de gracia? Invitamos a las antiguas Farc a que nos reunamos cuando crean que tengan a la persona indicada para hablar con las familias”, sentenció Aguirre.

Si bien desde hace un año las familias de los concejales de Rivera entablaron contacto con la CEV para crear un documental en memoria de sus familiares, el reclamo generalizado al Estado colombiano es que no han tenido un acompañamiento suficiente para afrontar su proceso.

Lucena Ibarra, hija del cabildante Luis Ernesto Ibarra, denunció que el acompañamiento psicosocial para las víctimas tardó 12 años. “El país nos olvidó por mucho tiempo. Sin embargo, aprovechamos este espacio de memoria para honrar, en mi caso, a la persona que salía a trabajar por su familia, el que se encargaba de la casa y el que anhelaba con tener un nieto. A mi padre lo asesinaron cuando yo tenía ocho meses de embarazo y si bien a mi hija le he contado toda la vida sobre él, ahora muchos más lo conocerán”, comentó.

En uno de los fragmentos del libro, se relatan anécdotas sobre la vida del concejal Ibarra:“Su familia recuerda que los bolsillos de su camisa siempre estaban llenos de recibos de servicios públicos de las personas que no podían cancelarlos o a las que les faltaba un saldo para completar el pago; entonces solventaba las necesidades de los demás por encima de las de su hogar”, se lee en el texto. Lucena, su hija, pide recordarlo así, como un hombre generoso.

Leandro Fernández, hijo de Selfides Miguel Fernández, quiere que muchas personas conozcan la vida de su padre que, según él, era un hombre que representaba a todos los sectores de Rivera, al igual que sus compañeros, y que tenía una vocación agrícola incorruptible. “Aprendí de mi padre que pese a las adversidades no hay que dejarse vencer. Y como dice en el libro, siempre hay que darle una sonrisa a la vida ”.

El panorama de la seguridad de los concejales a nivel nacional es históricamente crítica, según cifras del CNMH. Entre 1979 y 2014, fueron asesinados 899 cabildantes en todo el país. Del total de asesinatos, 287 fueron atribuidos a grupos paramilitares; 280 a desconocidos; 197 a guerrillas (124, Farc); 15 a agentes del Estado, y el resto a grupos armados no identificados o a otros responsables. Huila representó el 4% del total de estos asesinatos, según el Observatorio de Memoria y Conflicto.

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