5 May 2021 - 9:16 p. m.

La “democracia” colombiana es una vergüenza

No solo porque en doscientos años de independencia sus élites han hundido al país en el marasmo de las guerras. Las mismas élites mezquinas y conservadoras que se han aferrado al poder con toda clase de artimañas, entre estas el narcotráfico. No solo porque cada vez que pueden asesinan a los jóvenes del pueblo sin misericordia, sin sonrojarse siquiera, como lo hacen hoy. La democracia colombiana es vergonzosa porque ella misma es una entelequia, una mentira, humo.

Basta ver la historia para darse cuenta que siempre que el pueblo protestó fue maltratado, aniquilado. No les alcanzó a los dueños del país y a sus emporios con hacerse del botín del Estado. Nunca sus ansias de riqueza y poder desmedido han sido saciadas. Siempre que pueden incendian el país para justificar su odio al pueblo. Lo hicieron cuando Gaitán, también con aquel puñado de campesinos en Marquetalia, armando grupos paramilitares, exterminando líderes populares y aliándose con el narcotráfico.

Y es en manos de esta gentuza, que alguna vez Gabriel García Márquez llamó “oligarcas de pacotilla”, que está el Estado. Es esta clase dirigente de apellidos altisonantes y criollos de provincia que ha creído que conducir un país es como montar a caballo. Una clase podrida e incestuosa perdida entre sus constelaciones familiares, infecta de cocaína. Hija y enmaridada con los carteles del narcotráfico. Esa es la clase que hoy dirige al país y lo lleva hacía el desbarrancadero.

La democracia colombiana es una vergüenza porque, como decía el maestro Carlos Gaviria, el sujeto de la democracia es el pueblo, el ciudadano. Y para que haya democracia se necesita un alto grado de civilidad, o en otras palabras, personas suficientemente formadas con capacidad de pensar. Un Estado realmente democrático garantiza que su pueblo acceda a todos los derechos para que este responda con sus deberes. Pero esa comunicación en Colombia nunca existió ni existe, porque a los dueños del Estado para lo único que les interesa el pueblo es para someterlo, maltratarlo, asesinarlo.

¿De qué otra manera puede calificarse una “democracia” donde el pueblo muere asesinado por su Estado?, ¿dónde las fuerzas que dicen procurar la vida y bienestar del pueblo impide que éste se manifieste?, ¿donde sus expresidentes señalados de relaciones con el narcotráfico andan como predicadores de progresismo por el continente o dando indicaciones desde el twitter?, ¿en qué país realmente democrático se suceden masacres en todo el territorio, asesinatos de líderes sociales y el presidente continúa en funciones?

A pesar de todo, parece que ese pueblo vilipendiado por siempre se levanta como marea, y esperemos no como espuma de cerveza, diciendo ¡basta! nos duelen nuestros muertos profundamente, a lo mejor tengamos el pecho y el corazón roto, pero jamás la dignidad de la derrota fue tan grande para encender a un país en una sola llama. Pocas veces la clase de los sucios poderosos se sintió tan incapaz, tan corta e imbécil como ahora. Que nuestros jóvenes muertos en las calles sean las estrellas centinelas en esta oscura noche. Que la derrota de los tiranos sea estruendosa, en la calle, en las urnas. Que caigan los miserables que deban caer y que el pueblo sea uno por fin.

Cada vez en el mundo es más claro que el régimen colombiano nada tiene de democrático y en cambio el pueblo es valorado por su valentía. Que hace mucho tiempo la democracia colombiana es una mentira y que solo su pueblo puede construirla de verdad, confiando en sí mismo, con sus líderes, derrotando a sus enemigos en las urnas, con los votos, jamás entregando de nuevo el destino de su país a los mafiosos de corbata que hoy siguen al frente del Estado, aunque amedrentados porque sus sometidos han decidido romper las cadenas.

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