2020: ante la muerte, la paz

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El pasado 18 de noviembre Bojayá vivió un momento de reconciliación, paz y encuentro con nuestros ángeles protectores, tras la identificación de nuestras víctimas mortales y su sepelio colectivo, que se logró como parte de los compromisos asumidos por el Estado en el acto de reconocimiento de responsabilidades hecho por la otrora guerrilla de las FARC, el 6 de diciembre de 2015, en el contexto de los Diálogos de Paz.

En este acontecimiento esperanzador, la Diócesis de Quibdó y organizaciones étnicas denunciamos la inminencia de una nueva masacre debido a la ocupación del territorio por parte de tropas de la guerrilla del ELN y los paramilitares denominados Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc) o Clan del Golfo.

Lamentablemente esta crisis se agudizó al terminar el año, pues el 31 de diciembre 300 hombres de las Agc se tomaron la comunidad de Pogue-Bojayá, de la cual soy oriundo. Esta presencia paramilitar venía en aumento y denunciada desde el 9 de abril de 2019 por la Defensoría del Pueblo, con Alertas Tempranas que no habían sido atendidas por el Gobierno, lo cual ha significado el confinamiento de 7.000 personas por la presiòn de diversos grupos armados. Inmediatamente un colectivo de organizaciones étnico-territoriales y de la Iglesia activamos una red de denuncia de este hecho y como respuesta fuí amenzado de muerte el 3 de enero de 2020 por este mismo grupo paramilitar, que irónicamente había anunciado una tregua unilateral durante las festividades de Navidad y fin de año.

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Terminamos un año con mucho temor y comenzamos el 2020 con aumento de este desasiosiego. Dolorosa situación que no es solo de Bojayá sino de todo el Medio y Bajo Atrato, donde las Agc entregaron regalos a los niños para ganar su afecto y adhesión, tal como lo ha realizado el Eln con sus fiestas de niños en el San Juan, o el ejército en repetidas oportunidas con sus acciones cívico militares. Esta guerra contra la población civil también se vive en Buenaventura, Guapi y Tumaco, es decir, en todo el Pacífico, expresada entre otros, en los asesinatos de la lideresa social de Nariño y el excombatiente de Farc en Guapi. Así como el desplazamiento que está ocurriendo mientras escribo este texto, en las comunidades del río Raposo en Buenaventura por los eventuales enfrentamientos entre el Eln y la columna Jaime Martínez.

Tengo frustración y miedo pues todo se está repitiendo. Despúes de padecer la masacre tan terrible, la del 2 de mayo de 2002, de sobrevellar 5 desplazamientos con mi familia, los ataques que ha sufrido mi hija Ana Luisa, evidencio que la violencia se sigue ensañando con mi pueblo. Sin embargo, en estos momentos hay que mantener la calma. Ayer en la reunión con el Gobierno Nacional éste se comprometiió a hacer control y seguimiento a la problemática del orden público en términos generales al municipio de Bojayá y a fortalecer medidas de seguridad para mí. Seguiremos resistiendo para poder vivir, tal como lo afirmamos en el documental “Bojayá entre fuegos cruzados”, que muy pronto presentaremos a los colombianos.

Nuestro país está en un momento histórico importante, hay dos caminos: recrudecer esta violencia que genera daños y destrucción de vidas o afianzar la salida negociada al conflicto armado. Opto por este segundo camino. Mi llamado es para que estas situaciones que me ha tocado pasar a mi, al igual que a muchos colombianos en el Catatumbo, Caquetá, Arauca, en particular, a los pueblos afrocolombianos e indígenas de la Costa del Pacífico, se transforme.

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El Gobierno de Iván Duque tiene la oporutnidad única de asumir la implementación integral del Acuedo de Paz como el camino posible para que en el Pacífico se esclarezca la verdad sobre el daño al territorio, se pongan en marcha los PDET, se encuentren a los desaparecidos, se establezca la educación rural y se haga una auténtica reforma rural unida a la sustitución de los cultivos de uso ilícito, para eliminar los factores generadores de violencia.

Señores del Gobierno Nacional, la auténtica legitimidad está en lograr la paz como bien fundamental sin exponer ni atacar a la población civil con fuerzas estatales y paraestatales. Señores del Eln, la inequidad social, el abandono histórico del Estado de Bienestar, la monopolización de la economía extractivista sin retorno de beneficios para nuestras comunidades y el medio ambiente, como se ha demostrado solo se pueden enfrentar de manera eficaz con la movilización social, no con la guerra. Señores del Clan de Golfo -Agc, los aliento en avanzar en su expresada decisión de acogimiento colectivo a la justicia.

La guerra sólo beneficia a los poderosos que no exponen sus vidas ni las de los seres queridos en el inútil combate. La Paz con justicia social nos favorece a todos y todas.

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