Ante las crisis, las mujeres prestan sus voces

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María Ximena Dávila *Investigadora de Dejusticia

Luego de que las mujeres cantan estas palabras por algunos segundos, se escucha una historia. A menudo, es el relato de una mujer que ha sido víctima de violencia en su hogar o comunidad. Se lee en primera persona, con la voz prestada de otra mujer. Después, una nueva voz habla de las rutas existentes para denunciar ese tipo de violencia y del acompañamiento que pueden brindar las organizaciones regionales a quienes estén pasando por esto. Así pasan los pocos minutos de las piezas sonoras que en los últimos meses rondan en los chats de Whatsapp de las mujeres de Montes de María y en las radios comunitarias de la región.

Estos cortos programas radiales hacen parte de la campaña “Mujeres libres de violencia”, una iniciativa desplegada por lideresas locales y organizaciones como la Corporación Desarrollo Solidario y la Red de Mujeres del Norte del Bolívar. El objetivo de esta iniciativa es llevar el conocimiento y las historias a donde la pandemia no permite que lleguen.

Hace un año, lo usual era ver a las mujeres de varios municipios reunidas en espacios de socialización, espacios que les permitían a muchas hablar de sus experiencias, aprender de sus derechos y forjar un andar colectivo. Aunque estos espacios presenciales siguen vigentes —y esa vigencia es en sí misma una muestra de resistencia—, se han debilitado por el riesgo de contagio que implica todo encuentro físico. En ese sentido, el activismo a través del sonido es una forma de remediar el vacío de no sentir una voz cercana, una forma de escuchar a otras, entender sus problemas y reflejarse en ellos.

La creación y difusión de contenido sobre violencias es una de las estrategias que han emprendido algunas lideresas y organizaciones de Montes de María para continuar con su trabajo, aún cuando las condiciones lo hacen más difícil, pero también más apremiante. Desde hace décadas, las lideresas y defensoras de esta región han hecho un trabajo crucial en la prevención y atención de las violencias contra las mujeres. Sin embargo, como lo cuenta Inílida, una lideresa que lleva trabajando en su comunidad por más de veinte años, su labor se ha hecho más ardua desde que empezó la pandemia.

En sus palabras, “la pandemia ha traído mucho miedo y mucha incertidumbre para todas las personas… y también ha hecho que las mujeres ahora pasen más tiempo con sus parejas”. Inílida dice que, en algunos casos, esto ha servido para “los hombres tengan un rol activo en el hogar y para fortalecer las relaciones”. Sin embargo, también señala que la mayoría de historias tienen un rumbo distinto: “la pandemia ha hecho que muchas mujeres sufran violencia de sus parejas… las mujeres ahora están siendo más agredidas en sus casas, tienen miedo a salir y tienen miedo a denunciar (...) estamos tratando de trabajar con ellas, para que denuncien y para formar a los funcionarios públicos y que no las revictimicen”. De esa idea nacen los programas de radio, así como otras iniciativas dedicadas a cuidar a las mujeres, a que no se sientan aisladas de procesos de politización y a velar por su seguridad.

Este activismo sonoro, aunque discreto, evidencia algo mucho más grande: que aunque los encuentros presenciales se han hecho escasos, puede haber encuentros con el sonido, que a pesar de la adversidad, el trabajo de las defensoras continúa. Como lo menciona Inílida, ahora ella y las compañeras de su organización no solo deben continuar luchando contra la violencia armada que por años ha habitado esta región y que en los últimos meses ha venido aumentado.

También deben afrontar los efectos devastadores que ha traído la pandemia a la vida cotidiana, a su seguridad y a sus procesos organizativos. La violencia sociopolítica contra las lideresas rurales aumentó casi el doble en 2020, muchas tienen que enfrentar una marcada precariedad económica que ha empeorado en el último año y, debido a la falta de conectividad, muchas no pueden acceder a espacios virtuales de participación. Además, la falta de infraestructura en hospitales y centros de salud las hace más vulnerables a cualquier contagio de covid-19.

Ante una crisis que se sobrepone a otras ya existentes y durables, las lideresas y organizaciones de Montes de María hacen todo por hacer la vida más vivible en medio de un contexto hostil, por cuidar de otros y otras, por llevar información a las mujeres que lo necesitan y por formar a futuras defensoras. Inílida dice que “esta es una crisis más”, que la vida sigue, que su trabajo también, que si han superado las décadas de violencia, también podrán con esta pandemia.

Dice, también, que van a seguir trabajando, pues, en su opinión, “hay veces que somos lo único que tienen las mujeres de acá”.

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