Por: Sebastián Pacheco Jiménez

¿Cómo los llamamos: paramilitares, disidencias, grupos residuales, terroristas?

Las cosas por su nombre. La situación política actual se presenta tan retadora, que hace necesario llegar a acuerdos sobre elementos fundamentales. La necesidad de nombrar de manera precisa los fenómenos armados contemporáneos, bajo criterios técnicos, lo más alejados posible de construcciones ideológicas, se constituirá en un avance para la claridad y la seguridad jurídica, así como la construcción de una realidad menos violenta.

Con la desmovilización de las AUC, hace más de una década, y tras la entrega de las armas por parte de las FARC-EP en 2016, se constituyó un panorama nuevo, en el cual muchas disidencias y manifestaciones residuales de estas desaparecidas organizaciones armadas, decidieron reciclarse para continuar en prácticas ilegales, en particular el narcotráfico.

A partir de ello, empezó una puja por la nueva denominación de estas estructuras, toda vez que, en términos legales, las entidades a las cuales representaban en el pasado ya habían desaparecido, sin embargo, aunque muchos excombatientes se reinsertaron de forma positiva a la vida civil, para muchos otros, la experiencia acumulada los incentivó a reincidir, planteando un reto sobre su nombramiento. Esta situación se agravó, con el rearme de los líderes de las otrora FARC-EP, Iván Márquez y Jesús Santrich, quienes soportaron una nueva causa bajo una antigua marca.

En ese marco, cobra importancia la definición o nombramiento de estos nuevos grupos, lo cual no es problema menor, ya que de la forma como se le catalogue se define, entre otras, las maneras e intensidades para enfrentarlos, además de las características para su tratamiento político en el contexto nacional e internacional. En medio de este debate, emergen criterios periodísticos, políticos e ideológicos, que en medio de la confusión buscan referirse erróneamente a estos fenómenos armados con vocación de sus intereses o por causas del desconocimiento.

Así entonces, ante nuevas incursiones o situaciones asociadas a la seguridad y defensa, se acuñan expresiones como grupos paramilitares, disidencias, grupos residuales, terroristas, narco-guerrillas, entre las más moderadas y otras más incisivas como narco-paramilitares grupos de ultraderecha, narco-comunistas entre otros, que además de coadyuvar en la confusión, promueven un ambiente de indefinición y zozobra que se traslada a las redes sociales a manera de argumentos para la polarización y la desinformación.

En esta lógica también está participando el Ministerio de Defensa, que al parecer ha decidido acoplarse a la definición que otorga el Derecho Internacional Humanitario, alrededor de la categoría de Grupo Armado Organizado (GAO), pero ante la multiplicidad de actores armados, no pueden ser nominalmente iguales, por lo que se acompañan de expresiones como Residual (GAOR) para el caso de los ex combatientes FARC y para el caso de lo que antiguamente se conocían como milicias, ahora denomina Redes de Apoyo de Estructuras Residuales (RAER).  Recientemente, se han escuchado expresiones como GAOR-E6 y se refiere a excombatientes FARC que anteriormente pertenencia al Frente Sexto de la desaparecida guerrilla, así mismo, hemos escuchado en boca de los uniformados en medios de comunicación, expresiones como GAOR-S18 que se refiere a Grupo Armado Organizado Sub Estructura 18 ya que además de estar relacionado con el antiguo frente 18, que a su vez está subordinado a una estructura de mayor jerarquía.    

Para el caso de los ex combatientes provenientes de las Autodefensas Unidas de Colombia, varía de acuerdo a la intensidad y capacidad por lo cual se dividen en GAO y GDO, el primero se acompaña del nombre con el que popularmente se identifica, ejemplo GAO-Pelusos o GAO- Clan del Golfo y para los que poseen otro tipo de capacidades se titulan como Grupo Delictivo Organizado (GDO).

De manera que, este asunto se presenta de vital importancia, sobre todo porque los recientes procesos de paz y entrega de armas, han enseñado que la categoría frente al DIH es trascendental. Sin embargo, en un conflicto como el colombiano en el que la violencia se recicla con asombroso escamoteo, se hace necesario, en términos de construcción histórica, poder establecer hitos de diferenciación entre grupos armados que hacen tránsito hacia lo político y los que persisten en las armas, ya que la categoría o denominación no puede estar subordinada a la forma en que ellos pretendan autodenominarse, por cuanto allí emergen intereses políticos y se configuran eufemismos.

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