Razón para decir no al puerto de Tribugá: el derecho a la participación

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Por: Harry Samir Mosquera Ibagüen*

El capítulo número dos de la Ley 70 de 1993 contiene un principio trascendental para la existencia y vida como comunidad negra: se trata del cuidado, protección y promoción de nuestro derecho a la participación. Te preguntarás: ¿por qué o para qué las comunidades étnicas que habitamos a lo largo y ancho de la cuenca del Pacifico, en especial las del norte del Departamento del Chocó, específicamente las que vivimos aquí en el Golfo de Tribugá, tenemos como deber participar colectivamente en la toma de decisiones respecto a actividades, obras, proyectos y megaproyectos que tengan lugar en nuestro territorio? Este sería el caso con la posible construcción del puerto multimodal de aguas profundas del Golfo Tribugá, el cual afectaría en caso de ser construido de manera transversal nuestro territorio y las distintas formas de vida presentes en esta región del planeta.

Señalaré a continuación cuatro razones por las cuales nuestra participación es necesaria. En primer lugar, porque la participación es un derecho fundamental. En este caso en concreto, las comunidades negras e indígenas, dueñas de estos Territorios Colectivos, no hemos participando colectivamente de las decisiones y acciones que la Sociedad Portuaria Arquímedes S.A., ha venido tomando, adelantado y proyectando deliberadamente con la posible construcción del referido puerto multimodal en el corregimiento de Tribugá, municipio de Nuquí, a pesar de ser nosotros los propietarios del territorio. Es decir, no nos han tenido en cuenta en dicha decisión y tampoco han respetado nuestras perspectivas de bienestar.

Segundo, con este accionar Arquímedes nos ha violado nuestra autonomía comunitaria y ha impedido que ejerzamos nuestro derecho a participar colectivamente en las decisiones y acciones que se proyectan y afectan nuestros espacios de vida. Además, de aniquilar los derechos que conquistamos a fuerza, sudor y sangre hace 27 años con la entrada en vigencia de la ley 70 de 1993, también menoscaban de manera deliberada las garantías que nos ofrece el convenio 169 de la OIT.

Tercero, La Sociedad Portuaria Arquímedes S.A., viene atentando en contra de nuestra dignidad como pueblos negros e indígenas habitantes del Golfo de Tribugá, tal, como en otros tiempos cuando el colonizador, de manera inmisericorde, disponía de nuestro presente y futuro, de nuestra libertad, de nuestra vida y de nuestra muerte.

Muerte que nos ha perseguido producto del asedio de los actores del conflicto quienes en 2005 y 2015 desplazaron a 4000 habitantes del corregimiento de Tribugá en nombre del desarrollo. Hermanos nuestros que terminaron en la República de Panamá y en San Rafael, cabecera municipal del municipio de Nuquí. Esto ha hecho de San Rafael una de las zonas más vulnerables de Nuquí, fiel reflejo de una paz que aún no llega a nuestros territorios, amenazando nuestro vivir sabroso y nuestra relación sentipensante con el mayor poder que tenemos: la naturaleza.

Cuarto, una parte de nuestra historia colectiva, amargamente, nos ha enseñado qué sucede cuando empresas privadas como Arquímedes deciden por nosotros. Planifican desde su lógica de vida hegemónica y ajena. Lógica que siendo distinta a la nuestra agrede severamente nuestra cosmovisión o forma de ver el mundo, nuestras lógicas de vida propia, de subsistencia, y las otras de formas de vida que cohabitan en nuestros territorios y de las que depende directamente nuestra existencia humana. Esto tal cual sucedió con Turbo, Buenaventura y Tumaco, hoy epicentros de violencia y enclaves ilegales, donde hermanos y hermanas nuestros siguen acorralados por la pobreza, la falta de oportunidades y el acoso de los actores del conflicto armado.

No queremos esas lógicas neoextractivistas que nos empobrecen, nos desplazan física y culturalmente, nos colonizan dominándonos política y socialmente, robándonos nuestros sueños, y lo más grave, no solo nos despojan de nuestros territorios, sino también de la pesca artesanal y sostenible, del turismo comunitario, ecológico y de naturaleza y de la agricultura orgánica. Nos despojan de los ríos, de las playas y de los mares, nos despojan de los manglares y los bosques tropicales, se apropian del agua y de nuestros minerales, de nuestra gastronomía y de nuestras bebidas tal como intentaron hacer hace poco con el biche. Así, nos despojan del ser pueblos negros e indígenas.

Nos preguntamos: ¿acaso no podemos planificar nuestro presente y futuro sin que nos chantajean con un puerto que va en contravía de nuestras visiones de desarrollo?

Por ello le decimos #NoAlPuertoDeTribugá, porque menoscaba el Derecho a la participación de los pueblos étnicos.

*Presidente y Representante Legal del Consejo Comunitario Mayor del Municipio de Nuquí – Los Riscales

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