Por: Sebastián Pacheco Jiménez

¿Conflicto armado interno o violencia estructural?

Estudiar las múltiples violencias en Colombia, exige algo más que recursos, requiere de técnicas y métodos de investigación, en particular los de carácter histórico, ya que la ausencia de una perspectiva de análisis general, ha derivado en que en la actualidad se aborde el estudio de las violencias de forma aislada y particular, lo que dificulta la identificación de los elementos estructurales que han permitido su reproducción y reciclaje a lo largo de 200 años de vida republicana. 

Esta lectura de problemáticas desde una perspectiva ampliada ha sido poco abordada en el ámbito nacional, en el que se ha impuesto en términos generales, no absolutos, el estudio de momentos y periodos de forma escindida, a partir de algún hecho relevante, un fenómeno político, o un momento temporal-cronológico, por lo que hay abundancia de producción académica sobre momentos o hechos históricos puntuales, estudios que presentan un alto nivel de documentación, pero que adolecen de un entendimiento estructural-funcionalista.

Este desacierto, impide el análisis de fenómenos repetitivos en la historia, como es el caso de las violencias; y no permite el entendimiento de manera integral, sino coyuntural, eclipsando con ello el estudio de variables culturales y de continuidades históricas que permitan entrever sus causas, transformaciones y consecuencias.

En este contexto, los esfuerzos plasmados en la historia de Colombia de Henao y Arrubla en el que se analizan las múltiples guerras del siglo XIX (matizado por el trago amargo de la perdida de Panamá y el caos heredado de la Guerra de los Mil Días) marcó la celebración del Centenario de la independencia, la violencia y los conflictos decimonónicos. Similar caso tendrán los denominados Violentólogos, que estudiaron los impactos del fenómeno Gaitanista, el Bogotazo, la manifestación y la proliferación del Bandolerismo como instrumentos de  violencia política, y que plasmarían en textos como La Violencia en Colombia (2016) y Bandoleros, Gamonales y Campesinos (2006), entre otros, un nuevo momento para analizar la violencia de mediados de siglo.

De manera que, estos estudios además de los pocos análisis e interrelaciones de las violencias, principalmente de inspiración política de los siglos XIX y XX, plantean una nueva ruptura cuando se relacionan con lo que se ha denominado como el Conflicto Armado Interno (CAI), en cuyo caso, se entienden a partir de la aparición de las guerrillas insurgentes en la década de los sesenta (ELN, FARC y EPL) y que posteriormente se encadenaría con las iniciativas de naturaleza contrainsurgente que irrumpen en las décadas de los sesenta y setenta.

Estos tres momentos, las guerras y violencias del siglo XIX, la violencia partidista y el bandolerismo de la primera mitad del siglo XX y el Conflicto Armado Interno (CAI), carecen de un estudio estructural-funcionalista, que establezca relaciones y causalidades entre sí, lo que ha llevado a que éstos fenómenos se estudien de forma separada y en algunos casos descontextualizada. Situación que se agudiza cuando se intentan relacionar las estructuras de violencia decimonónica con el CAI.

Este análisis disgregado de la guerra y las violencias en Colombia, ha visto en las últimas décadas un desarrollo desigual, ya que a partir de la promulgación de la Ley de Victimas 1448 de 2011 y la promoción del Centro Nacional de Memoria Histórica, varios de los informes que establecieron el CAI como eje de estudio principal, obviaron u omitieron el estudio de las violencias en Colombia de forma integral, por el contrario, al establecer un punto de partida en la década de los sesenta, en algunos casos a partir de 1985 (ley 1448), se perdió la capacidad de observar los elementos estructurales de la violencia en Colombia y entre los colombianos como sociedad. Adicional a ello se aminoró el flujo y método historiográfico condicionando, aún más, la capacidad de interrelacionar el conflicto actual con los pasados.

Así entonces, la necesidad de abordar estos estudios desde una perspectiva estructural es pertinente, ya que se han presentado de manera intensa y decisiva desde la consolidación de la independencia en 1819 hasta la contemporaneidad. Si bien las violencias políticas, las guerras no internacionales, las de carácter civil, y el conflicto armado interno, se han manifestado permanentemente en Colombia a lo largo de los últimos 200 años, los estudios históricos se han centrado en analizarlos de forma aislada, imposibilitando el establecimiento de acuerdos sobre las características estructurales de las violencias, como es natural y esta falta de perspectiva de larga duración no ha permitido que la academia y en particular la comunidad de historiadores establezcan un debate amplio sobre esta materia, por lo que ha quedado invisibilizada u oculta en estudios particulares y parciales.

Situación que se agrava si se tiene en cuenta que las entidades que lideran la investigación sobre la violencia y el CAI, se han separado del método histórico y han privilegiado las fuentes subjetivas, lo que se complementa con la renuncia a investigar y concebir la problemática desde una perspectiva holística, conduciendo a que no se entienda este fenómeno como una problemática endémica y regular en nuestra historia, que requiere de análisis e investigaciones para lograr entrever las condiciones que garanticen la generación de mecanismos de no repetición.

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