La hora de los hombres en las tareas del hogar

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La Segunda Guerra Mundial fue una ventana de oportunidad para que las mujeres en occidente pudieran entrar masivamente al mercado laboral. Mientras los hombres iban a la batalla, las mujeres debían conseguir el sustento. Las crisis siempre traen consigo rupturas y cambios de paradigmas; para las normas y construcciones de género esta no es la excepción. La Segunda Guerra Mundial rompió fuertemente con la división del trabajo de los géneros. Una transformación que pudo tomar décadas fue posible en unos cuantos años debido al sacudón de las bases del sistema.

Estos últimos días me he preguntado cuál es la ventana de oportunidad que puede traer consigo la crisis social, política y económica que ha ocasionado el coronavirus. Muchos de los contenidos que se mueven hoy en la agenda feminista abordan los fuertes impactos –negativos- que está teniendo y tendrá la crisis en las mujeres. Desde el incremento de la violencia doméstica, hasta las afectaciones desbalanceadas en el personal de salud, pues son en su mayoría ellas quienes se encuentran en la primera línea de atención.

Todo esto es muy preocupante sin duda, y al estar las mujeres en una condición de mayor vulnerabilidad, en prácticamente todos los ámbitos de la vida, los efectos en ellas son desproporcionados. No obstante, vale la pena hacerse la pregunta ¿es posible que el coronavirus traiga consigo una nueva ruptura en los paradigmas de género?

Hace pocos días ONU Mujeres publicó una encuesta, realizada en Maldivas, donde se evidencia un aumento en la participación en los oficios del hogar por parte de los hombres. Vale resaltar que el 60% de la población en estas islas vive en la ruralidad. Hago énfasis en “la ruralidad”, porque la evidencia –en casi cualquier país del sur del globo- muestra que es en las zonas rurales donde las mujeres cargan con práticamente la totalidad de las tareas en la casa. Tareas que van desde cocinar y cuidar a los hijos e hijas, hasta conseguir leña para la cocina, y movilizarse varios kilómetros en búsqueda de agua. Esto significa que disponen de muy pocas horas o casi ninguna para desarrollar una actividad económica que les genere ingresos, para educarse o para el ocio. En Colombia, las mujeres dedican el doble del tiempo que los hombres a la ejecución del trabajo no remunerado.

El estudio en las Maldivas muestra que la carga en el hogar se ha aumentado para ambos, hombres y mujeres, pero lo más interesante es que las mujeres afirman estar recibiendo más apoyo por parte de sus esposos e hijos desde que comenzó la crisis. (https://data.unwomen.org/features/covid-19-may-be-prompting-men-help-out-home-evidence-maldives-suggests)

Las cuarentenas y confinamientos impuestos por los Gobiernos –Colombia es uno de los países que más temprano empezó con las medidas, y que aún las mantiene—parecen estar relacionados positivamente con el involucramiento de los hombres en el cuidado y en las tareas del hogar. Al mismo tiempo, la economía no remunerada ha alcanzado un puesto importante en la agenda pública, algo de lo que antes muy poco se hablaba en esta ésfera.

¿Estaremos frente a la erosión de las normas sociales alrededor del cuidado en los países menos desarrollados? De ser así, urge que organismos internacionales, ONG y el sector público comiencen a recoger evidencia (a hoy no conozco ningún estudio sobre el tema en Colombia), para no desaprovechar esta oportunidad de oro, y apalancar todos los esfuerzos, estrategias y políticas para que este cambio en los roles de género no sea simplementa pasajero, sino que llegue para quedarse.

@lmaciaslozano

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