Editoriales independientes: su mundo es la palabra

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El Día del Idioma como un homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha, considerada obra ilustre del español, obliga a recrearnos en la importancia de los códigos de la escritura y la lectura que han podido permanecer, trascender y fortalecerse en el tiempo.

Y si hacemos referencia a la lectura y la escritura no es a secas, hablamos de transmisión de conocimiento, de saberes, de creatividad, de expresión de sentimientos, de darle vida al pensamiento, de poner a volar a volar a volar la imaginación y para ello necesitamos de medios  y uno de ellos que se ha mantenido desde que apareció el invento de Gutenberg es el libro, EL LIBRO.

Para escribir necesitamos libertad y para publicar también…pero…Libertad es una palabra manoseada, vilependiada, utilizada que acomoda el capitalismo para su propio interés como sistema, que el neoliberalismo ajusta para las leoninas ganancias que precisa a costa de los derechos que se ha visto obligado a proclamar por conquistas de diferentes movimientos y poder sobrevivir.

No es un juego de palabras, es más bien un juego de intereses que hoy oculta o saca de las sombras, la pandemia COVID-19, a las editoriales independientes que no lograron ver la primavera en la Feria Internacional del libro en Bogotá, así que con Joaquín Sabina ni preguntaremos “¿Quién me ha robado el mes de abril?”

Las editoriales independientes en Colombia, o quizá las 400 de la Alianza Internacional de Editores Independientes, sacan del anonimato a grandes plumas ocultas para enriquecer y aportar a la diversidad cultural en el mundo de los libros y de ahí el llamado del editor Eduardo Bechara integrante de la Red de Editoriales Independientes de Colombia –REIC- para que firmemos su petición.

“Por favor ayúdennos a exigirle al gobierno apoyo en esta época haciendo compras públicas de libros a las editoriales independientes que tengan denominación de origen, es decir que sean realmente colombianas. Además de enriquecernos el espíritu, ayudarnos a viajar en la imaginación y respondernos preguntas, la lectura es el soporte de cualquier cambio”.

El mismo Bechara afirma en su  solicitud que “se hace evidente que ni siquiera entienden la importancia que tienen las editoriales independientes en el ámbito cultural y social del país, al ser el mecanismo por medio del cual se publica la literatura de vanguardia, salen a la luz muchos escritores nuevos y se genera bibliodiversidad, es decir la diversidad cultural aplicada al mundo del libro”.

La Ley Naranja según dice su artículo primero “tiene como objeto desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas. Estas serán entendidas como aquellas industrias que generan valor en razón de sus bienes y servicios los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual”.

En su artículo dos referido a definiciones: “Las industrias creativas comprenderán los sectores que conjugan creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural y/o aquellos que generan protección en el marco de los derechos de autor”.

Con todo el esfuerzo que me costó tratar de entender la Ley Naranja (no lo logré) me quedé más perdida con la promulgación de decretos que ignoran el apoyo a las editoriales independientes que deben contar con toda la cadena para la producción de sus libros (escritores o escritoras, correctores de estilo, diseñadoras, diagramadores, impresores y luego, al final de la cadena, las librerías).

Es posible que las editoriales una vez pasada esta pandemia tendrán que repensar el qué hacer o qué inventar para que aparezca con símbolos de escritura ese librepensamiento denominado en la Declaración Universal de los derechos Humanos, derecho a la Libertad de expresión y continúe y permanezca la creatividad sin pies porque parafraseando a Frida Kalho, para que os quiero si tengo alas para volar.

Las Editoriales independientes necesitan hoy del apoyo social y de una institucionalidad que valore su compromiso con la cultura. Y aunque parezca panfletario puedo decir: Las editoriales independientes cambiarán pero no morirán.

Las letras siguen y… usted…usted… póngale el final.

Nota: Necesitamos darle más fuerza a la importancia al Día Internacional de la Lengua materna (21 de febrero) y recordar que nuestras comunidades indígenas tienen un gran legado que desconocemos.

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