Por: Columnista invitado

El Acuerdo Paz, el acontecimiento más importante en términos de paz de la historia reciente de Colombia

Por: Esperanza Hernández Delgado*

Mas allá de la polarización y reconociendo la paz como un interés superior y un proceso perfectible e inacabado, es inocultable que el acuerdo de paz del gobierno Santos y las Farc representa el acontecimiento más importante, en materia de paz, de la historia reciente de Colombia. Este acuerdo evidenció nuevamente que la paz negociada es posible en este país como mecanismo inteligente para resolver y transformar un conflicto armado arraigado, prolongado y muchas veces degradado. Además, hizo visible la prevalencia del diálogo y los acuerdos sobre distancias que parecen insalvables, diferencias aparentemente irreconciliables y heridas profundas causadas, por más de medio siglo de confrontación armada.

Hoy como hace tres años, distintos sectores sociales y de opinión celebramos este acuerdo porque hizo posible lo aparentemente imposible: finalizar el conflicto armado con las Farc, considerada como la guerrilla más antigua y consolidada del continente, y sentar una hoja de ruta para transformaciones largamente esperadas y aplazadas, que con una labor de construcción de paz de mediano y largo plazo, tendrían capacidad para superar las causas generadoras del mismo.

Tres años es un lapso corto para evaluar los alcances del acuerdo de paz. No obstante, se identifican diversos y significativos logros. Dentro de los mismos, la desmovilización, el desarme y el asentamiento de 13.048 guerrilleros en Zonas Veredales Transitorias de Normalización, que dejaron en custodia de la ONU 1,3 armas por exguerrilleros, la más alta en la historia de Colombia, y entregaron 2.114.350.000 pesos colombianos y 450.000 dólares para la reparación de las víctimas. También ofreció oportunidades para la vida, la esperanza y la paz en regiones, localidades y veredas ubicadas a lo largo y ancho de este país, cuyos habitantes habían padecido el múltiple impacto del conflicto armado. Igualmente brindó posibilidades a los excombatientes para que comenzaran un nuevo proyecto de vida, personal y comunitario, dejando atrás la dureza de la guerra, para desplegar su liderazgo social y político, reencontrarse con sus familias y reincorporarse a las comunidades.

En una dimensión política, este acuerdo ha generado la posibilidad de profundizar y fortalecer la democracia, contemplando espacios para la participación, la inclusión y la oposición políticas, factores esenciales en un sistema democrático, y que han representado una demanda persistente de diversos sectores sociales y de quienes se han levantado en armas contra el Estado. En perspectiva de reconciliación, este acuerdo ha posibilitado un Sistema de Verdad, Justicia y Reconciliación, y otros diálogos constructivos y necesarios, como los realizados entre excombatientes de guerrillas y paramilitares, entre estos y víctimas, o entre exguerrilleros de las Farc y víctimas, para contribuir a la reconstrucción de verdades sanadoras sobre hechos violentos y victimizantes, y crear escenarios que permitan ofrecer el perdón y recibirlo.

Desde 2018 se ha profundizado un contexto adverso al acuerdo de paz. Un gobierno nacional en cabeza de un presidente que representa al sector político reconocido como el mayor saboteador del proceso de paz y del acuerdo producto del mismo, la incertidumbre que han provocado los intentos por modificar y desconocer dicho acuerdo, el bajo nivel de implementación del mismo, el resurgimiento de grupos paramilitares, el copamiento por parte de estos, otras insurgencias, disidencias de las Farc y grupos narcotraficantes de los territorios que dejaron las extintas Farc, y el alto número de líderes sociales, indígenas y excombatientes asesinados, entre otros.

En este contexto el acuerdo de paz ha fortalecido el movimiento por la paz, posibilitando el surgimiento de plataformas como “Defendamos la Paz”, en la que convergen plurales sectores en el único propósito de la defensa del acuerdo de paz. Ha generado pertenencia local en experiencias regionales y locales de construcción de paz, y ha hecho visible la voluntad de cumplimiento de lo pactado por parte del partido Farc y los excombatientes comprometidos con el proceso de paz. Con limitados recursos, enormes dificultades, desde ellos mismos o con el apoyo de la cooperación internacional y otros sectores, estos excombatientes han desarrollado importantes proyectos productivos y incluso han convertido escenarios de guerra en sitios de interés turístico.

El acuerdo final de paz representa un importante logro y al mismo tiempo un valioso mecanismo de construcción de paz en un país que no logra cerrar del todo el ciclo de violencias y empoderar la paz.

*PhD en Paz, Conflictos y Democracia de la Universidad de Granada, España. Académica e investigadora para la paz

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