El cine como recuerdo infinito de las luchas latinoamericanas

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Pareció como si el 10 de diciembre de 1948, el día en el que se firmó la Declaración de los Derechos Humanos, la humanidad entrara a un mundo utópico, donde la igualdad de derechos iba a ser una realidad para todas las naciones. En realidad, fue un documento que vistió de impunidad, de apatía y justificó las distintas formas de infamia de los Estados latinoamericanos que hasta hoy en día se siguen cometiendo. Sin embargo, hoy tenemos la oportunidad de acceder a una herramienta que permite penetrar en los más profundos anhelos por construir una verdadera utopía en el continente: el cine.

El concepto de campaña del Festival (“Tienes derecho a verlo”), podría ser una abreviación de la primera frase del preámbulo de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Esta idea se desarrolla en todos las piezas presentadas, ya que trata de hacer memoria, relatando cómo los gobiernos latinoamericanos se han perpetuado en el poder, subyugando los derechos de las minorías. Entiéndase este concepto como la población segregada, olvidada, explotada por la élite que ha dominado el continente.

Este gran evento cuenta con más de 40 películas de distintos países latinos que han sufrido el horror de una guerra civil, de una dictadura. Donde su población ha sido expuesta a la discriminación por su religión, sexualidad, o su lugar de origen. Expone esas heridas aún abiertas de las poblaciones, que han tratado de recuperar su territorio, sus costumbres, su identidad, su vida. Cicatrices sin sanar ocasionadas por décadas de opresión, instaurando en el imaginario colectivo de la gente de segregar al otro por como piensa, habla, siente o simplemente porque existe.

Con un lenguaje que se opone a las narrativas tradicionales, olvidando esa dicotomía entre “buenos” y “malos”, los diferentes largometrajes, cortometrajes y documentales, tratan de darle voz a las comunidades apartadas, a las víctimas de la guerra, a periodistas silenciados, a las mujeres de distintas etnias y nacionalidades, víctimas de la trata de blancas, abusos sexuales, discriminadas o esclavizadas. A sectores de la población presentes en la sociedad latina, que buscan ser reconocidas y que su lucha por la verdad sea un camino para la no repetición de esos acontecimientos oscuros que nublaron la historia del país

Películas que muestran la lucha por la paz y la reconciliación tras la firma de los acuerdos de paz en Colombia y que son opacadas por la política tradicional; piezas que dan cuenta de la búsqueda de la verdad de las víctimas torturadas y asesinadas en Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet; metrajes que denuncian las desapariciones y detenciones arbitrarias durante el Proceso de Reorganización Nacional en Argentina. Filmes que evidencian la clara manipulación de los medios hegemónicos brasileños para manipular protestas y controlar el imaginario colectivo para instigar un golpe de Estado ilegítimo y después lograr imponer un presidente en contra de las libertades individuales y a favor de la agenda corrupta de los poderosos.

También la mujer es protagonista en el Festival, pues hay películas que dan testimonio de la constante misoginia a la que han sido expuestas en Latinoamérica. La prostitución y esclavitud, la xenofobia, el racismo y la homofobia. Cómo se le da un valor casi celestial a la virginidad, producto de señalamientos a las mujeres durante años. O la maldición de nacer mujer y negra en los años cuarenta durante la guerra bipartidista en el campo colombiano. Estas son algunos temas que tocan las piezas audiovisuales en este festival y que, en muchos filmes, trata de reivindicar las luchas de ellas por hacer valer sus derechos como mujeres y como personas, tratando de recuperar la identidad de su comunidad.

Al ver estas películas dejan una sensación de zozobra e impotencia. Parece que la esperanza se vistió de nihilismo. ¿Qué depara el futuro de un país sin memoria, ausente de empatía y lleno de indolencia e infamia? ¿Es el cine una representación constante del olvido de la memoria de los pueblos? O más bien ¿es el recuerdo infinito de las utopías, de las luchas y anhelos de mujeres y hombres a lo largo de la historia?

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