Entre concesiones y conquistas: la participación en la justicia transicional

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Por: Diana Isabel Güiza Gómez*

“Yo llegué a este mundo de los derechos humanos cuando desaparecieron a mi hermana Nydia Érika Bautista y a mi compañero Cristóbal Triana. Tenía 28 años entonces y ahora tengo 62. Y llegué cuando hablar de derechos humanos era casi prohibido, era casi un delito. La primera pelea era porque el Estado reconociera que existían violaciones a los derechos humanos y desapariciones forzadas, y los casos estaban en total impunidad. Duramos muchísimos años, décadas, para que el Estado reconociera esa realidad. Entonces, participar en la elaboración de políticas públicas era un sueño”.

Con estas palabras, Yanette Bautista, defensora de derechos humanos e integrante de la Fundación Nydia Erika Bautista, resaltó la relevancia del reciente libro La participación en las medidas de justicia transicional, un estudio comparado (Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad – Dejusticia, 2019), escrito por María Paula Saffon y Viviana Tacha, durante el lanzamiento que tuvo lugar hace unos meses. Su mensaje es contundente: en Colombia, la vigorosa movilización de las víctimas y la sociedad civil le abrió camino a la justicia transicional incluso antes de que una transición negociada ocurriera.

Como lo describe su relato y el libro de Saffon Tacha, en su fase temprana, la justicia transicional fue conquistada por colectivos de víctimas y organizaciones de derechos humanos que enarbolaron la bandera contra impunidad frente a la oposición férrea de las élites que se comprometían al cese de hostilidades a cambio de amnistías amnésicas. Actuando como sujetos políticos autónomos y desafiando la represión estatal, las víctimas tejieron estrategias con actores internacionales e incluso aprovecharon la promoción oficial de la participación para exigir respuestas estatales encaminadas a revelar la verdad, hacer justicia, reparar los daños y desmantelar estructuras de violencia. Así ocurrió en Argentina con la movilización de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo por la búsqueda del paradero de sus hijos y nietos desaparecidos, así como justicia contra la junta militar argentina.

Con el auge de la justicia transicional en la comunidad internacional y los estándares de derechos humanos, la participación pasó de ser la excepción a la regla de oro. Si la participación de víctimas y la sociedad ya no está en duda, hoy el debate gira en torno al para qué. A partir del estudio de 35 experiencias en 20 países, Saffon y Tacha afirman que la respuesta a esa pregunta se encuentra en los tres objetivos que la participación ha cumplido en casos tan diversos como Alemania, República Checa, Sudáfrica, Marruecos, Chile, Perú y Colombia, por solo mencionar algunos.

Primero, la participación le permite a las víctimas y a la sociedad expresar sus puntos de vista, de manera que aquella es un fin en sí mismo con indepedencia de sus efectos. Segundo, la participación también implica la incidencia en los resultados, lo que conlleva a que las medidas sean adoptadas teniendo en cuenta las preferencias y necesidades de sus destintarios para aumentar su calidad. Tercero, la participación apunta al fin maximalista de transformar las relaciones de poder cuando la justicia transicional es vista como una oportunidad única no solo para atender los reclamos de las víctimas por las atrocidades del periodo anterior a la transición, sino también para remover las injusticias estructurales que facilitaron la violencia.

Esos tres objetivos de la participación son rastreados en el libro en tres momentos de los procesos transicionales: promoción, adopción e implementación. En cada etapa, la participación ha tomado formas diversas: desde marchas y tomas de edificios donde operan instituciones estatales hasta la construcción de relatos de verdad alternos a los elaborados por comisiones oficiales, pasando por el aporte de pruebas y testimonios en procesos judiciales.

A pesar de las singularidades de cada caso estudiado, el libro resalta que la participación y la justicia transicional no poseen una definición fija, sino que contienen interpretaciones disímiles, que responden a intereses y expectativas antagónicas. Contrario a la visión dominante que sitúa la justicia transicional en el campo de expertos desprovisto de controversias ideológicas, Saffon y Tacha sostienen que aquella es un terreno en disputa entre detractores y defensores de cambios profundos en el reparto del poder y la riqueza. Por un lado, élites y perpetradores usualmente defienden una noción acotada de la participación, que solo opera como un instrumento legitimador. En esa orilla, la justicia transicional es concedida por las élites de espaldas a las víctimas o, incluso, con la participación de estas, pero evitando cualquier transformación. Por el otro lado, víctimas y sociedad civil suelen abogar por un entendimiento robusto de la participación, que cuestiona los desbalances estructurales de las relaciones de poder. Desde esa mirada, la justicia transicional es conquistada por colectivos de víctimas y organizaciones de derechos humanos ante la oposición férrea de las élites.

Es así como la participación debe partir del supuesto de la disparidad mas no de la paridad de los sujetos involucrados. Ello significa que élites y perpetradores, de una parte, y víctimas y sociedad civil, de otra, se encuentran en condiciones disímiles por factores como la clase, la ideología, la etnia, la raza y el género. Más aún, las víctimas y la sociedad en sí mismas están inmersas, igualmente, en relaciones de poder que tienden a ser ignoradas, pero son determinantes en las posibilidades que la participación representa para ellas.

Desde ese enfoque comparado, este estudio ofrece una rigurosa sistematización de las iniciativas de movilización de organizaciones de víctimas, que buscan posicionarse como sujetos activos de la justicia transicional. Respecto al caso colombiano, el libro analiza críticamente nuestros fracasos y aciertos en el intrincado camino de la transición pactada y la participación amplia de las víctimas y la sociedad. El aporte de Saffon y Tacha trasciende los contornos académicos y puede leerse también como un manual de estrategias para las víctimas y organizaciones de derechos humanos. Con la paulatina pérdida de su potencial transformador por el (ab)uso de las élites, es hora de imaginar nuevos escenarios y objetivos de la participación para sea fuente real de legitimidad de la justicia transicional.

*Estudiante del doctorado en Ciencias Políticas y Estudios de Paz e integrante del Laboratorio en Violencia y Justicia Transicional de la Universidad de Notre Dame.

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