Fuerza Pública en Colombia I

Entre camuflados y corbatas

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Los políticos en Colombia no entienden de la guerra. La seguridad y la defensa son elementos esenciales para la tranquilidad de los ciudadanos, la pervivencia de las instituciones y la viabilidad del Estado, sin ellas ningún régimen político sería posible y la idea de orden simplemente inviable. Esto para el caso colombiano es más evidente, por cuanto la reiterada y permanente situación de amenaza en el orden interno y externo ha llevado a que sea un elemento de suma importancia; ciertamente el conflicto y la violencia en Colombia no es un juego de niños o neófitos.

Por ello, alarma que los sectores políticos nacionales, en términos generales, no comprendan la guerra y sus principios, lo que se evidencia con la reiterada mención y opinión de líderes políticos (de todas las vertientes) medios de comunicación y exfuncionarios públicos que hablan con vehemencia sobre lo que se debe hacer en una u otra dirección, sin embargo, es evidente que muchos de estas opiniones no se compadecen con la realidad y en algunos casos rayan en lo irreal y fantasioso. No hay que olvidar que la guerra no es un asunto menor ya que condiciona la vida de miles de personas.

En Colombia no siempre se cumple el axioma fundamental de la administración pública, por el cual debe dirigir quien más idoneidad y maestría tenga sobre un tema específico, ya que en el último medio siglo se ha utilizado el Ministerio de Defensa como un medio de accion burocrática, de proyección política o incluso de clientelismo, preocupante, por cuanto en esta cartera se requieren más que habilidades administrativas o facilidades de desempeño político, de experticia, profundidad, criterio técnico y conocimiento acumulado.

Lo singular es que este problema no se limita a la figura de X o Y ministro sino a una problemática estructural, ya que se necesitan asesores, analistas y funcionarios de todas las dignidades que trabajen este asunto de manera técnica. Ni que decir de los primeros mandatarios, quienes pese a ser constitucionalmente los máximos determinadores de la política y comandantes del poder militar y policial, ciertamente es poco lo que conocen o entienden del asunto, siendo figuras bien informadas mas no expertas.

Esta situación ha derivado en que se deleguen los asuntos de la seguridad y la defensa primordialmente en los uniformados, quienes, desde el servicio activo y la reserva, son los principales asesores y determinadores de estos temas, lo cual en mi criterio supone un problema, ya que estos asuntos no pueden ser depositados exclusivamente en ellos. Tal como lo dijo Sun Tzu “La conducción de la guerra es vital para el Estado, por ello es el Estado su principal fuente”, así mismo el militar prusiano Clausewitz señaló que: “La guerra en si misma si no tuviera una limitación política seria un acto barbárico desenfrenado”, por lo cual “La guerra es la continuación de la política por otros medios”

Esto nos ha enseñado que el binomio entre lo político/militar es fundamental y es en la conjugación de ellos que se da un escenario favorable en contextos democráticos, por eso no conviene que se dé ningún exceso por ninguna de las partes, ni que los uniformados establezcan un monopolio sobre la guerra y su conducción, ni que la política actué de forma ciega sin soportarse en el criterio técnico de los uniformados.

Por fortuna, en Colombia en los últimos 70 años no se han presentado golpes de Estado y la relación de sujeción del poder militar al poder civil ha estado intacta, pese a ello, hay elementos que alteran el balance ya que tenemos a políticos utilizando criterios mediáticos para conducir y determinar las acciones de la seguridad doméstica, y a un exiguo número de asesores civiles y académicos que puedan entender y acompañar el debate.

Lo que pretendo decir es, que la seguridad y la defensa no puede ser un asunto exclusivo de oficiales y generales ya que, aunque los soldados y policías colombianos funjan como unos de los mejores entrenados en Latinoamérica, este tema es superior a ellos y deben darse desde una perspectiva técnica y en todos los escenarios sociales. Así como la economía no puede quedar exclusivamente en manos de los economistas y banqueros, para el caso de la seguridad debe darse una relación armónica entre las corbatas y los camuflados.

En esta confusión, no solo han caído algunos importantes dirigentes políticos, sino que la academia le ha sido cómplice, por cuanto, ante la abrumadora realidad de la cuestión, ha decidido abstraerse y en muchos casos tratarlo como un saber extraño y de alguna forma sospechoso.

Así entonces, es necesario que en las universidades se deje de ver a la cuestión militar y policial como una zona gris que no se puede estudiar u opinar, sobre todo porque esto conlleva a que se configuren narrativas míticas y desatinadas; desde el sector político debe existir más responsabilidad para tomar este debate con la mayor altura y sobre todo asumir su rol como determinador de la estrategia general y primer respondiente legal; desde los cuarteles debe darse un salto a tratar el problema de lo militar y policial de forma más abierta, pedagógica y transparente hacia la sociedad.

Jspachecoj@hotmail.com

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