Granada: relato de un perdón

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Granada: Relato de un Perdón explica la complejidad de tomar la decisión de perdonar, resaltando que el perdón comienza por la posibilidad de tener un corazón en paz. Allí se resalta que cuando los seres humanos solo tienen una visión de la historia, de los acontecimientos de violencia que los perjudicaron, perdonar se vuelve en un esfuerzo sobrehumano. Se resaltan valores como la compasión, la escucha y el contacto humano para abordar esferas incomprensibles de dolor y sufrimiento.

La idea pedagógica que presenta el largometraje Granada es la reflexión de las batallas internas que surgen cuando se quiere perdonar, la importancia de aceptarlas y caminar para sanar. Resaltando al final un testimonio de arrepentimiento fruto que permite que surja el perdón a través de la cita “He hecho más en estos diez años de prisión que lo que hice en veintidós años vinculada a la organización FARC”.

En estas batallas internas la pregunta sobre qué es lo justo que tenemos, no solo las víctimas sino todos los colombianos, sigue presente reconociendo cómo la guerra influencia nuestra manera de construir enemigos, donde no se le da el lugar y la responsabilidad a cada actor del conflicto de manera similar, sino que siempre existe la necesidad de diferenciar los “buenos” y los “malos”. Esta mirada es legitimada frente a un discurso moral en el desconocimiento de la profundidad del conflicto, en el desconocimiento del por qué seres humanos escogen las armas para sobrevivir en un conflicto humanitario que trasciende la lucha por unas condiciones de una vida digna.

En el largometraje, lo que se reconoce al final, es una escena que resalta que el perdón llega por añadidura cuando hay una comprensión de lo sucedido, cuando existe un contacto humano entre ambas partes del conflicto. Aunque sigue primando la necesidad de reconocer buenos y malos que lo único que hace es reforzar un lenguaje cultural alrededor de la guerra, reproduciendo esta guerra desde nuestro pensamiento. La invitación a aquellos cansados de lo mismo y del mismo discurso, es cambiar la manera en que percibimos el conflicto, hagamos un esfuerzo por escuchar la otra parte del conflicto, responsabilicemos por darle un lugar, y así darle la responsabilidad de la muerte de vidas humanas a ambas partes del conflicto. Somos responsables de parar la guerra que ha escalado a todas nuestras esferas de vida, comencemos a construir paz, y reconciliar las voces desde nuestro pensamiento.

*Esta reseña fue publicada en alianza con el Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos. Su séptima edición se lleva a cabo de manera virtual, del 5 al 13 de noviembre. Las 60 películas seleccionadas podrás verlas en la página https://www.cineporlosderechoshumanos.co

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