Hablemos de los hombres

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Definitivamente, tenemos que reflexionar como sociedad ¿por qué estamos criando hombres capaces de arrebatarle la vida a otro ser humano? Los roles de género que les impiden a ellos mostrarse vulnerables, aprender a gestionar sus emociones y sobre todo ese rol tan dañino y absurdo que se les asigna como proveedores principales, parece ser una de las explicaciones más razonables.

La ola de violencia que ha vivido Colombia estos últimos meses es desgarradora, desesperanzadora y muy indignante. Hemos sido históricamente un país violento, incapaz de gestionar el conflicto y que encuentra en el silenciamiento del otro, a través de la violencia, la solución a la diferencia. Un país que se acostumbró a ver reportes de muertos diarios, como si fueran anuncios sobre el clima.

Tristemente la violencia también tiene género, según cifras de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en Colombia el 92 por ciento de los homicidas son hombres. En 2018 se registraron 12,586 homicidios, de los cuales los hombres cometieron 11,526, incluidos alrededor de 100 feminicidios. Según este mismo estudio, en el mundo cerca del 90 por ciento de los homicidios son cometidos por hombres.

Además, la lista de homicidios cometidos por cada 100.000 habitantes la encabezan países de América Latina. Coincidentemente, una de las regiones más machistas del mundo.

Muchas explicaciones se han tratado de dibujar para explicar el fenómeno, desde los niveles de testosterona, hasta la correlación entre pobreza y homicidios. Sin embargo, ninguna de ellas es del todo convincente. Las mujeres son estadísticamente más pobres que los hombres, entonces ¿por qué ellas no matan en las mismas proporciones?

Definitivamente, tenemos que reflexionar como sociedad ¿por qué estamos criando hombres capaces de arrebatarle la vida a otro ser humano? Los roles de género que les impiden a ellos mostrarse vulnerables, aprender a gestionar sus emociones y sobre todo ese rol tan dañino y absurdo que se les asigna como proveedores principales, parece ser una de las explicaciones más razonables.

Para entender el tema lo primero que hay que preguntarse es ¿qué significa ser hombre? Esa fue la pregunta que trató de resolver Promundo en un estudio en 2017, infortunadamente encontraron que ser hombre significa vivir en una caja rígida, que desencadena en la violencia como expresión máxima de la masculinidad. Los hombres que responden al ideal de “ser un hombre de verdad” tienen comportamientos riesgosos como el abuso del alcohol y las drogas – vale recordar que existe una alta correlación entre los homicidios y el exceso de alcohol--. Adicionalmente, son más propensos a ser victimas y victimarios de bullying, y a acosar sexualmente a las mujeres.

Los hombres dentro de esta caja se consideran autosuficientes, incapaces de pedir ayuda cuando la necesitan, se alejan de sus amistades más cercanas, sufren de depresión y tienen una alta probabilidad de usar la violencia contra otros y otras.

El “hombre de verdad” reprime sus sentimientos, evita la vulnerabilidad y desde muy joven aprende que la rabia y el enfado son las únicas emociones aceptables y posibles.

Es cierto que la violencia en Colombia tiene múltiples y muy complejas raíces estructurales, pero pocas veces se habla de los roles de género como posibles causas y/o agravantes. Hay que reconocer que somos una sociedad donde los hombres se matan. Una sociedad que cría muchos “hombres de verdad” y pocos responsables de sus actos, capaces de conectarse con un abanico diverso de emociones, capaces de pedir

ayuda y capaces de aceptar relaciones de igualdad. Esto sin duda es estructural, si empezáramos a construir un ideal diferente de lo que significa ser hombre no solo tendríamos relaciones más sanas desde lo individual, tendríamos sin lugar a duda una sociedad mucho menos violenta.

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