Por: Laura Baron-Mendoza

Hay luces en medio de la sombra Kafkiana

Me despierto con el temor de no llegar a tiempo al trabajo. Es 29 de agosto de 2019 y son las 5.30 am. Acto seguido, tomo mi teléfono de la mesa de noche, a causa de la desastrosa sumisión a los hábitos milenial, e ingreso a redes sociales, sin sospechar que las imágenes de tres antiguos líderes de la guerrilla de las Farc-Ep, anunciando su rearme, iba a embrollar todo mi ser. 

Fueron inevitables las lágrimas de ira y frustración al escuchar un discurso de más de 30 minutos decorado con un fondo que anunciaba “mientras haya voluntad de lucha, habrá esperanza de vencer”. Aquellos personajes que causaron furor, debate, crítica e incertidumbre durante estos dos últimos años, estaban allí haciéndome cuestionar la utilidad de seguir creyendo y trabajando por una transformación en un país en donde dejemos de “tratarnos a las patadas” armadas.

Un día antes del fatal anuncio de la segunda Marquetalia, la Fundación Paz y Reconciliación – Pares, publicó su informe “Más sombras que luces” en donde hizo un balance de la seguridad en Colombia. Uno de los puntos analizados fue la situación de los grupos posfarc o disidencias, anunciando su indudable fortalecimiento durante el último año.

Como bien lo advierte, continuar teniendo un mapa multiactor, en donde uno de estos son los grupos postfarc o disidentes que operan en 85 municipios y agrupan unas 23 estructuras, no era sino un presagio de una “bandolerización” o de la creación de una nueva guerrilla. El pasado 29 materializó esa segunda opción, aunque, es de notar, que esta no excluye la primera.

No soy quien para cuestionar la decisión de estas personas y quienes les siguen. En todo caso, me queda la duda de que el discurso político sea real. ¿Acaso Santander y Bolívar reviven? Mi temor en este nuevo capítulo, que ya venía escribiéndose sin ser publicado, es que se trate de uno en donde, sin tener nada que perder, sea la guerra degradada la que nos rija.

Ahora bien, todo proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración- DDR conlleva innumerables riesgos, entre ellos la reincidencia de un porcentaje de quienes hicieron parte de las hostilidades. Aunque es crudo decirlo, la reincidencia es natural y, por lo tanto, previsible. Por lo mismo, las políticas de DDR cuentan con una identificación de factores de reincidencia para reducir su probabilidad y promover incentivos para la reincorporación. En nuestro caso, mi lista, no taxativa, se compone de seis factores:

  1. Ausencia de garantías de seguridad física.
  2. Ausencia de seguridad jurídica.
  3. Fallas en la puesta en marcha de proyectos productivos y obstáculos para ingreso al mercado laboral.
  4. Ausencia de un acompañamiento psicosocial que responda a la dificultad de adaptación a nuevas dinámicas de vida.
  5. Permanencia de jerarquía militar entre exmiembros de FARC-EP debido a posibles órdenes directas de los altos y medios mandos que reinciden.
  6. La estigmatización y las etiquetas sociales.

La estigmatización es un utensilio al servicio de la división y la discriminación, mediante la producción de etiquetas negativas basadas en imaginarios sobre las características de un sector de la población sin información real, transparente ni completa. En otras palabras, son detonantes de violencia con el poder de condenar al exilio, en este caso, a quienes tomaron un fusil durante el conflicto. Así, la apertura a la escucha y al diálogo son un mecanismo de prevención de violencia con incidencia directa y positiva en el proceso de reincorporación de aquellos cuyo compromiso con la paz permanece vivo. Es en el sexto factor en donde cualquier persona que lea esta columna puede participar activamente.

Si bien esas lágrimas de la madrugada del 29 fueron ineludibles, estas no tardaron en transfigurarse en aliento para seguir construyendo paz. El móvil de esa transfiguración fue salir del edificio, tomar el taxi hacia el trabajo y percibir cómo Bogotá se despertaba sin darse cuenta de las noticias que estaban revelando un país dando reversa y suplicando la atención de sus habitantes. Un gran número de colombianos reencarna el dilema kafkiano de Gregor Samsa en la obra "Metamorfosis". El país, del que somos parte, se convierte en un gigantesco insecto, sin embargo, la rutina y el interés propio continúan siendo la regla prima. El consuelo, es que Franz Kafka también nos recuerda que la sociedad es así porque así la hemos erigido. En consecuencia, el cambio nos corresponde.

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