Por: Cumbre Nacional de Mujeres y Paz

La Comisión de la Verdad y las mujeres

Por Marina Gallego Zapata*.

El 28 de noviembre inició la implementación del mandato de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición; un desafío no solo para los 11 comisionados y comisionadas, sino para Colombia, donde toda la sociedad pueda avanzar en el tratamiento, reconocimiento y esclarecimiento del pasado y donde especialmente las mujeres, puedan develar las situaciones y las condiciones con las que tuvieron que convivir en medio de la guerra, de la alta militarización y las múltiples violencias contra su vida y sus cuerpos.

El principal reto que tiene la Comisión de la Verdad, se centrará en lograr un Informe que contenga una narrativa del pasado, donde existirán verdades que dolerán, que quizá no quieran conocerse ni reconocerse, también algunas podrán estar en disputa, sin embargo, con los años esas verdades serán el referente de lo que nos pasó como sociedad durante más de medio siglo de guerra.  La verdad será parte de ese pasado que necesitamos esclarecer para que no se repita y nos servirá como aprendizaje para las antiguas y nuevas generaciones.

Por su parte, la disposición en el Decreto 588 del 2017, de crear al interior de la Comisión un grupo de trabajo de género, que contribuya con tareas de carácter técnico y de investigación, y que permita asegurar el enfoque de género de manera trasversal, es uno de los puntos que las mujeres más destacamos y que consideramos una ganancia del movimiento de mujeres, puesto que fue este movimiento quien de forma permanente, incidió para que en todo el Acuerdo Final se incorporaran los derechos de las mujeres y muy especialmente los derechos de las mujeres víctimas.

¿Qué esperamos las mujeres del proceso de la Comisión?  Las mujeres en medio de nuestras múltiples diversidades esperamos algo en común; la verdad, esperamos que este documento que deberá ser entregado en 3 años,  sea el resultado de un proceso que nos incluya y que nos pertenezca en algún sentido, esperamos las Casas de la Verdad en los territorios para contar nuestras experiencias, para evidenciar los graves hechos que atravesaron las historias de las mujeres, historias que muchas tuvieron que enfrentar en soledad, sin apoyos de ningún tipo, ni familiares, ni mucho menos institucionales.  Las mujeres esperamos una explicación del porqué nos tocó vivir el terror, la tortura, el abandono, el silencio y el ostracismo.

Las mujeres esperamos además que pueda explicarse cómo la guerra es ineludiblemente patriarcal y cómo ese patriarcado se ensaña en contextos militarizados contra las mujeres a través del control de sus vidas, su cuerpo y su sexualidad.

De la Comisión necesitamos que nos escuche, escuche nuestras voces, la de las mujeres negras, las mujeres indígenas, las mujeres que sufrieron discapacidad o que por su condición, su experiencia se vuelve inenarrable. La de las mujeres lesbianas y trans, con quienes los guerreros sintieron confrontada su hombría haciéndolo a través de la negación, inferiorización y minorización de sus cuerpos que fueron el lugar de enunciación de su masculinidad cuestionada. Todos esos niveles de crueldad que las mujeres soportaron, son las verdades que necesitamos se den a conocer.

Es central que la historia de las mujeres víctimas sea contada en sus propias palabras, dando así a conocer los hechos específicos de la violencia, permitiendo exponer las diferencias en cuanto a la forma en que hombres y mujeres vivieron su experiencia como víctimas en la guerra. Al mismo tiempo, es vital el reconocimiento a las mujeres víctimas, a sus formas de afrontamiento y resiliencia, y al papel de las organizaciones de mujeres, en especial aquellas que, desde el feminismo, visibilizaron y cuestionaron permanentemente la guerra y el patriarcado, haciéndole grietas a sus sólidas estructuras en contexto de conflicto armado. Todos estos elementos y aportes al proceso transicional y de construcción de paz que se están edificando con la contribución decidida y cualificada de las mujeres, deben continuar siendo una construcción colectiva de país.

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