La Fiscalía perfecta

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Por El Vago de los Hilos @BajaAlcurnia

Barbosa, “El elegido”, camina hoy de la mano de los dioses. Su gestión al frente de la Fiscalía, que él denomina—desbordado por la modestia —como histórica, empieza a rendir frutos, aunque haya ciertos sectores malintencionados que se dediquen a torpedear sin descanso las actuaciones de tan correcto ser humano.

En parte, todos sus triunfos actuales y futuros serán gracias a lo que aprendió de sus mentores. Como pocos funcionarios, Barbosa no solo tomó apuntes sino que estudió e interiorizó el estilo de sus predecesores y adoptó lo que le era más provechoso. Y se nota, porque Barbosa es tan grande que en él están fusionados Morales, Montealegre y Martínez.

De Viviane Morales aprendió el volantazo ideológico. Solo bajo su tutela pudo aprender el fiscal a hacer un drift de 180 grados en su manera de concebir la justicia para que se ajustara a sus intereses políticos del momento. Mientras esperaba el llamado a ungirse como magistrado de la JEP, Barbosa creía en el proceso de paz y en la justicia transicional. El único problema es que esa cosmovisión era un obstáculo para ser el fiscal adecuado dentro de un gobierno uribista. Por lo tanto, una vez quedó descartadísimo para pertenecer a la JEP adoptó, sin reparos, el rechazo visceral de su nuevo partido político hacia esta jurisdicción. Zigzaguear así es bien difícil y que no se le caiga la cara de la vergüenza tiene su mérito ¡innegable!

De Eduardo Montealegre tomó que no hay nada mejor que un buen show para salir avante en capotear a la opinión pública. ¡Ay! ¡Cómo olvidar aquel estilo entre chisme y amenaza con que Eduardo revelaba, en entrevistas radiales, detalles de sus investigaciones penales! –Que lo confirme el pobre Sigifredo López -. Afortunadamente, Barbosa comprendió que en la era de las redes sociales, mejor copiar tan exitoso modelo antes que verse sometido a estrictamente hacer su trabajo constitucional, sin importar que hubieran sido sus copartidarios quienes más criticaron el proceder de Montealegre.

Pero volvamos a Barbosa. Sólo hay que ver con cuánta elegancia trató de untar a Gustavo Petro en aquella trama de corrupción electoral en La Guajira, cuya principal sospechosa, hasta ahora, era la mismísima campaña de su mejor amigo, el presidente Duque. Con toda la pompa que ameritaba el caso reveló evidencia, como si de un juicio se tratara, para luego esperar pacientemente la reacción del populacho. Como no comió cuento la prole ignorante, en otra entrevista igual de pomposa, simplemente desanduvo su acusación, porque si algo que ha sido ejecutado con perfección en el Gobierno Duque es esa estrategia de tantear y recular.

Pero los anteriores paralelos palidecen ante la similitud entre la manera de gobernar del “ELEGIDO” con la de Néstor Humberto Martínez. Ambos fueron elegidos con el mismo propósito: proteger al presidente de turno. Martínez mantuvo una espléndida agenda que, coincidencialmente, obstaculizó y a archivó asuntos sin importancia que relacionaban a Odebretch con ciertos políticos y campañas, durante la presidencia de Juan Manuel Santos. No en vano la Corte Suprema de Justicia tuvo que hacer malabares jurídicos para nombrar a un fiscal Ad-Hoc –un tal Leonardo Espinosa- que se encargara exclusivamente de ciertos procesos sobre los que Martínez ya no podía ni disimular. Con este gran ejemplo Barbosa hace lo propio, pero con la “ñeñepolítica”.

Lastimosamente, por más elegido que fuera sigue siendo un hombre, y su genio no puede con cada situación que destapan aquellos desvergonzados periodistas. Es muy probable que, como Martínez, Barbosa también sea recusado de todas aquellas investigaciones que tienen que ver con la trama de corrupción electoral del momento, por eso hace bien en blindarse desde ahora, como capturando a los investigadores de la DIJIN que los metieron en semejante apuro.

Mantengo la certeza de que Barbosa es el elegido para hacer la mejor Fiscalía de la historia. Por eso mi mayor anhelo es que logre eliminar lo que haya que eliminar, para seguir siendo la garantía de libertad de muchas personas que se dedicaron en cuerpo y alma a la campaña de Iván Duque.

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