Por: Columnista invitado

La paz en pequeña escala: mecanismos globales y realidades locales

Por: Alejandro Castillejo-Cuéllar*

Pensar los procesos de Justicia Transicional desde el “Sur Global”, por falta de un mejor término, puede parecer un tanto extraño para un campo tan establecido y tecnocrático como este. Sin embargo, este será precisamente uno de los objetivos del próximo 3er Encuentro Internacional de Estudios Críticos de las Transiciones Políticas (PECT) a celebrase en la Universidad de os Andes en septiembre 4-5.

Toda idea de transición hacia la paz conlleva la promesa de una “nueva nación”. Sin embargo, en el contexto actual, Colombia vive una situación en donde dicha expectativa se diluye en lo que llamamos “múltiples transicionalidades”: por un lado, una “post-violencia” producto del proceso de Justicia y Paz con la Autodefensas. Segundo, un “proceso de transición” a través de la implementación del debilitado Acuerdo de la Habana-Cartagena-Teatro-Colón con las FARC, y finalmente, un estado de confrontación armada con el ELN, sin olvidar el resurgimiento de asesinatos selectivos de lideres de restitución de tierras, sustitución de cultivos y activistas de derechos humanos propios de grupos paramilitares, la presencia de disidencias de las FARC y la emergencia de narcotraficantes venidos de México operando en su intersección territorial con los locales. En otras palabras, “conflicto”, “posconflicto” y “transición” habitan la realidad como capas estratigráficas del presente. Esto, adicionalmente, en el seno de una nueva “segurocracia” en cabeza del poder presidencial, de la remilitarización de la vida cotidiana, de la instauración del revisionismo histórico como política de la normalidad y una evidente fricción entre esta nueva-vieja visión de Colombia y las expectativas de futuro creadas por el proceso de La Habana. Estamos, en Colombia y claramente en América Latina, ante una verdadera fricción de placas tectónicas.

La Justicia Transicional (y toda su compleja red de mecanismos jurídicos fundamentadas en leyes de Unidad Nacional o de Reconciliación, de esclarecimiento histórico o de memoria, de reparaciones) se fundamenta en al menos dos presupuestos. Primero, la idea según la cual el futuro se abre ante la posibilidad de una promesa, lo que llamo el prospecto de una nueva sociedad imaginada. Y segundo, en un movimiento casi simultáneo, la posibilidad de dejar o de localizar la violencia atrás, en el “pasado”. La noción de transición implica hablar de este corte, de esta inflexión. En otras palabras, al quedar la violencia atrás, emerge la posibilidad de una nueva sociedad. Esto es lo que los evangelistas nos dicen, articulado en el lenguaje de la verdad, la reconciliación nacional, y el perdón, conceptos quizás vitales, pero no menos vagos cuando se habla de sociedades enteras. En diversos casos, esta promesa toma la forma de una teleología, de un movimiento que por lo general permite un desplazamiento desde la oscuridad hacia la luz, de la dictadura a la “democracia”, inserta siempre de manera axiomática en la economía de mercado global.

Si embargo, en contextos determinados por el conflicto armado, estos procesos no obstante apelando al fin de la “violencia” (más centrada en la figura central del sujeto maltratado que el de la comunidad), platean una serie de preguntas: ¿cuáles son los mecanismos cómo dicha promesa se articula? ¿No se corre el riesgo de poner en peligro la sostenibilidad de la “paz” y crear la semilla de futuras confrontaciones si no se debaten las razones mismas de las confrontaciones armadas? ¿Cuál es a relación entre la “violencia” y sus “beneficiarios” (dentro de un orden social) y cómo, antes que una ruptura radical, lo que la promesa promete son sutiles continuidades con el pasado? ¿Cuál es el uso global, geopolítico que se le da, sobretodo hoy día cuando presenciamos supuestas transiciones apuntaladas por ejércitos y ocupaciones neocoloniales adobadas con discursos de derechos humanos, tal y como fue el caso del colonialismo europeo a finales del siglo XIX?. 

En una segunda instancia, el encuentro no sólo intentará socializar una serie de temas en el contexto de circunstancias históricas concretas, sino que además, y quizás de mayor importancia, intentará crear un puente de intercambio, un lenguaje común si fuera posible, entre experiencias históricas disimiles pero profundamente cercanas e interconectadas: Colombia, Chile, Sudáfrica, Camboya, Kósovo, Ruanda, México, Guatemala, y México. En este marco, el encuentro mostrará las complejidades del diálogo entre “académicos”, “intelectuales” y “activistas” al intentar hablar desde idiomas distintos, tradiciones intelectuales muy diferentes, religiones y disciplinas diversas, y experiencias vitales y políticas muy variadas.  

En este sentido, pocos seminarios sostenidos y de largo aliento, si al caso, se dictan sobre las conexiones entre América, África en incluso el Oriente Medio en Universidades del llamado Sur Global, y casi inexistentes los diálogos directos entre académicos de estas latitudes. Nuestras instituciones, en un curioso afán, sufren de ansiedad por conectarse, por mimetizarse, sobretodo con el llamado Norte Global. No existen ni en Sudáfrica, ni en el Golfo Pérsico, ni tampoco en Colombia, iniciativas de diálogo transversal. Lo que si hay es un desconocimiento mutuo de las historias interconectadas, más allá del lugar común de emerger como “casos”, “lecciones aprendidas” o “buenas practicas” durante las post-violencias.  Un acercamiento a estas tradiciones académicas (a sus problemas y a las diversas maneras como los han capoteado) es un primer paso para entender mejor los retos que intelectuales y escritores (y por que no decirlo, estudiantes) tienen en los mundos fracturados y rotos por todo tipo de violencias.  

En esto el evento plantea un argumento claro: que los retos de la paz no se encuentran solamente en la instauración de la llamada institucionalidad (basta ver lo que en términos de asesinatos del liderazgo social nos dice la indiferencia instaurada en la misma institucionalidad) sino en los esfuerzos que seres humanos concretos realizan en espacios muy concretos. Al concentrarnos en estos “pequeños” y complejos lugares, lo que se quiere hacer es resaltar su conexión con prácticas globales en donde Colombia es, sencillamente, una de las variaciones sobre un tema transicional. ¿Qué pasa con los excombatientes cuando pasan por la maquinaria transicional? ¿En que consisten los restos tecnológicos de la guerra: esquirlas, programas de computador, armamento? ¿Qué implica remendar lo social y qué mecanismos sociales nos llaman a pensar en este remiendo? ¿a través de qué mecanismos las sociedades administran y producen su pasado violento? ¿Cuáles son la relaciones entre “desarrollo” y transición? ¿Hasta que punto la noción de desarrollo implica la profundización de contradicciones y violencias endémicas? De nuevo: leer lo pequeño en clave global, creando un entretejido conceptual que logre conectarlos. Ese es el objetivo del encuentro además de juntar una masa crítica de pensamiento en torno al poder o a lo político.

* Profesor Asociado, Departamento de Antropología, Director Programa de Estudios Críticos de las Transiciones Políticas Universidad de los Andes.

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