Por: Laura Baron-Mendoza

La reincorporación no es un acto de magia

Esta semana se cumplieron dos años de la dejación de armas de la guerrilla más vieja del continente, y los primeros días de este mes han alborotado múltiples debates. La evaluación y adecuación de las medidas para la reincorporación económica y social de excombatientes de las FARC-EP, lidera la lista de asuntos en discusión.

Recordemos que el Punto 3.2 del Acuerdo Final contiene lo pactado en relación con la reincorporación de las FARC-EP a la vida civil. Es allí donde se consagraron medidas de naturaleza económica cristalizadas en tres beneficios principales: La asignación única de normalización, la renta básica y proyectos productivos de carácter colectivo o individual (ver Decreto Ley 899 de 2017).

La renta básica es una de las medidas que más altercados ha suscitado. Esta consiste en un beneficio económico mensual de primer impulso para cada miembro acreditado de las FARC-EP, equivalente al 90% del salario mínimo. El desvelo en los últimos meses se fundó en la incertidumbre sobre la continuidad o no de este beneficio inicialmente constituido por un periodo de 24 meses contados a partir del 15 de agosto de 2017 (una vez se terminaron las Zonas Veredales Transitorias con la entrega de armas).

Para muchas personas dos años de este beneficio pareciere desmedido, para otras escaso y limitado, y para otras ni siquiera debería existir. Lo cierto es que el reingresar a un sistema económico y social ajeno a la dinámica de la guerra, no es un acto de magia. Muchos ex combatientes estuvieron alejados por décadas de la realidad que otros hemos conocido siempre.

Portar un fusil, cargar un equipo que incluye su vida, armar campamento, hacer la rancha (cocinar) cuando se lo ordenen, hacer guardia sin importar que llueva, truene o relampagueé, estar atento ante cualquier movimiento o sonido pues su vida y la de sus camaradas está en peligro, ver de lejos los avances tecnológicos, desconocer el concepto de salario mensual y vivir en un micro sistema comunista en donde se depende absolutamente de la organización hasta para alimentarse y vestirse. Esta una síntesis de esa otra realidad que la mayoría conoce en películas de acción.

“Mi preocupación por mucho tiempo fue que no me pelaran ni a mi ni a los otros, yo hacía lo que me mandaran, cuando tocara. Y ahora es uno solito adaptándose a cómo funciona esto y jornalear lo que se pueda para poder comer” Me decía un excombatiente, quien ingresó a los 15 años a las filas de las FARC-EP.

No puedo comprender lo que implica familiarizarse con un cruel sistema burocrático para mi ya normalizado, no puedo comprender el temor, la desconfianza, ni lo que encarna el atardecer de su realidad para marchar hacia una transformación de vida, no puedo asimilar el significado de reiniciar en lo desconocido y, más aún, mientras se es blanco de estigmatizaciones como los villanos del cuento. Lo que sí es factible es admitir que la reincorporación representa transformación; si se anhela dicha transformación, esta abarca todos los espacios, colectivos e individuales, de la existencia misma de la sociedad. Lo que sí es factible es la escucha de necesidades y la renuncia a juzgar, señalar y rechazar con fundamento en la ignorancia.

Por esto, celebro la Resolución 2536 de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) en donde amplía el plazo de la renta mensual hasta el 31 de diciembre de 2019. Con todo, es preciso recordar que si bien los beneficios económicos pueden promover la reincorporación económica de ex combatientes, estas medidas deben ir acompañadas de estrategias de “recuperación” económica más amplias en los territorios, de allí la importancia de los PDET. De lo contrario, estaríamos hablando de una reincorporación a la pobreza la cual ha sido, y sigue siendo, un factor detonante de violencia armada en Colombia.

@laurabm02

 

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