La verdad para mantener las curules, no al revés

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Esta columna hace parte de la serie #AcuerdoParaDummies que inicio hoy. Esta primera es sobre los beneficios de los firmantes del Acuerdo de Paz a cambio de la verdad.

Hace pocos días algunos de los exintegrantes de las FARC-EP que han cumplido con el acuerdo de paz y se han sometido a la JEP reconocieron su responsabilidad en crímenes que conmocionaron al país. Dicho reconocimiento no fue un regalo de su parte, sino el cumplimiento de una obligación derivada del sometimiento a la justicia para proteger los derechos de las víctimas que dejó el conflicto y promover la no repetición.

Decir toda la verdad significa, de acuerdo con la Constitución (AL 01/17 Art. 5), relatar de manera exhaustiva y detallada las conductas cometidas y las circunstancias de su comisión, así como aportar las informaciones necesarias y suficientes para atribuir responsabilidades. Esta es una obligación que no admite renuncia, por lo que fue necesario promover y blindar su materialización.

Para los que aún no leen el acuerdo bastaría con la analogía de la zanahoria y el garrote para entender cómo opera la contribución obligatoria a la verdad de los comparecientes ante la JEP: si dices la verdad tendrás beneficios (zanahoria) y si no dices la verdad no tendrás beneficios (garrote).

Hay varios beneficios de someterse a la JEP. Uno de ellos es la libertad mientras se avanza con las actuaciones judiciales, con la suspensión de sus sanciones previas si es del caso, y otro es la participación en política, bajo el compromiso inexcusable de sometimiento a la JEP, así como a la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. La terminación del conflicto armado con las FARC-EP, que se hizo efectiva con la entrega de las armas, la concentración de sus integrantes y el cese de actividades ilegales, se consolidó con una apertura democrática para recibir un nuevo partido creado para su actividad política.

Dada la relación inescindible entre libertad y participación política, se requiere que los comparecientes ante la JEP entreguen toda la información disponible y digan la verdad sobre lo ocurrido en el conflicto, especialmente frente a sus responsabilidades. La razón de esto es que las sanciones pactadas en el acuerdo de paz cuando no se reconozca verdad y responsabilidad pueden producir privaciones de la libertad y con ello la imposibilidad material de la participación en política (garrote). Por el contrario, cuando la contribución a la verdad sea plena y se encuentren genuinamente sometidos a la justicia, así como a la legalidad, recibirán los beneficios que les permitirían continuar participando en política (zanahoria).

Por esta razón sorprendió escuchar que algunas personas pidieran que los sometidos que tienen obligaciones con la verdad perdieran su participación en política por el reconocimiento de sus crímenes. Por más que pueda doler y dejarnos perplejos, por el impacto que produce la verdad inesperada, ¿no es el camino del sometimiento a la justicia el esperado? ¿no es lo que exigimos?

Mientras nos cueste entender que la verdad nos ayuda a comprender el pasado para corregir el futuro, adoptando medidas para la no repetición, cada reconocimiento de verdad parecerá un incumplimiento cuando se trata de todo lo contrario.

Esta columna hace parte de la serie #AcuerdoParaDummies que inicio hoy.

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