La vida nos convoca

Noticias destacadas de Opinión

Cuando el alma despierta, el cuerpo se estremece y ambos aceptan, asumen y se comprometen con el presente, es porque hemos perdido el miedo; cuando el canto atraviesa la cordillera Andina, océanos, ríos y alimenta el espíritu con letras libertarias, las guitarras, los tambores ponen sus gargantas en favor de la justicia y dicen ¡Basta ya!, es porque tenemos el hartazgo de tanto dolor e impunidad...es un canto por la vida.

Así de claro fue el mensaje del concierto #UnCantoPorColombia. Hasta que amemos la vida que un amplio número de artistas que juntaron su profesionalidad con la denuncia, su profunda sensibilidad en su canto para despertar conciencias por los horrores que sacuden la tierra de una esquina de Suramérica y por la falta de compromiso de gobierno y una élite impasible e incapaz.

Fuimos tres millones de personas conectadas más de siete horas que escuchamos narraciones de hechos que tocan hasta la médula de los huesos por el dolor de millones de familias, porque están masacrando a nuestros jóvenes, indígenas, líderes y lideresas sociales. Ya nuestros campos no son campos sino cementerios y nos quieren distraer con retoques de lenguaje. ¿Hasta cuándo? Hasta que lo permitamos.

No es posible que ante nuestros ojos sigan (sigamos) contando muertos. Son los tuyos y los míos. Parafraseando a John Donne, nadie es una isla, cada hombre o mujer es un pedazo de un continente, una parte de la tierra, no preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti porque hacemos parte de la condición humana.

Que se escuchen los cantos, guitarras y tambores pero que también se escuche tu voz y la mía, que podamos encender una llama de justicia y reconocernos en el otro o la otra, que nos duela cada desaparecido, cada pérdida, que nos duela cada bofetada que nos da el Gobierno (no importa de qué partido sea), el Congreso y cuanto corrupto exista.

No podemos permitir que nos sigan distrayendo con la aparente o real simpleza de Iván Duque y sus ministros al repetirnos que todo absolutamente todo este escenario de muerte, de desplazamiento y miseria se debe al narcotráfico y no a su afán de hacer trizas la paz, que en todo caso tienen la obligación de cumplir por ser compromiso de Estado. Pero cuidado con la simpleza que no es más que una postura Goebbeliana, es decir, hitleriana.

La pandemia no puede continuar siendo el pretexto para beber el veneno del miedo. No puede ser que el consumismo mediático y el show diario del presidente en todas las pantallas busque direccionar las neuronas para que frenen la posibilidad de discernir cada acontecimiento. La paz nos necesita, la justicia nos llama, la dignidad clama y el amor por la vida nos convoca.

También claman por nuestro apoyo la solicitud para declarar #EmergenciaNacionalPorViolenciaMachista: por las mujeres y niñas desaparecidas vinculadas muchas veces con el feminicidio, la trata de personas y violencia sexual.

Las cifras de violencia contra las mujeres aumentaron hasta un 47 % y si las desglosamos no son alentadoras: 16.473 casos violencia intrafamiliar, 6.479 exámenes médicos por presuntos delitos sexuales y 291 feminicidios cometidos este año (4 % en mujeres trans). Pero estos fríos y escalofriantes números no han sido suficiente para ser motivo de una alocución presidencial.

Gracias, gracias, gracias a esa pleya de de artistas, de cantores por la vida que un domingo se metieron en mi apartamento, en tu casa y más allende de los mares para adentrarse en el corazón y permitirnos decir: La vida está viva.

Nota: No preguntemos más qué hacen ellos, los del poder, preguntémonos ¿qué estoy haciendo yo?, ¿qué hacemos nosotros y nosotras? Es un llamado a la esperanza pero también a la dignidad y al encuentro con la justicia.

Comparte en redes: